Aclaraciones pinariegas

Publicado el 1 de julio de 2023, 11:45

Por José María Peiró Barrero

Tiempo estimado de lectura: 10 minutos

 

En los pinares de Júcar

Vi bailar unas serranas,

Al son del agua en las piedras

Y al son del viento en las ramas.

No es blanco coro de ninfas

De las que aposentan el agua

O las que venera el bosque,

Seguidoras de Dïana:

Serranas eran de Cuenca,

Honor de aquella montaña,

Cuyo pie besan dos ríos

Por besar de ellas las plantas.

Alegres corros tejían,

Dándose las manos blancas

De amistad, quizá temiendo

No la truequen las mudanzas.

¡Qué bien bailan las serranas!

¡Qué bien bailan!

 

El cabello en crespos nudos

Luz da al Sol, oro a la Arabia,

Cuál de flores impedido,

Cuál de cordones de plata.

Del color visten del cielo,

Si no son de la esperanza,

Palmillas que menosprecian

Al zafiro y la esmeralda.

El pie (cuando lo permite

La brújula de la falda)

Lazos calza, y mirar deja

Pedazos de nieve y nácar.

Ellas, cuyo movimiento

Honestamente levanta

El cristal de la columna

Sobre la pequeña basa.

¡Qué bien bailan las serranas!

¡Qué bien bailan!

 

Una entre los blancos dedos

Hiriendo negras pizarras,

Instrumento de marfil

Que las musas le invidiaran,

Las aves enmudeció,

Y enfrenó el curso del agua;

No se movieron las hojas,

Por no impedir lo que canta:

 

Serranas de Cuenca

Iban al pinar,

Unas por piñones,

Otras por bailar.

 

Bailando y partiendo

Las serranas bellas,

Un piñón con otro,

Si ya no es con perlas,

De Amor las saetas

Huelgan de trocar,

Unas por piñones,

Otras por bailar.

 

Luís de Góngora

 

Al profesor, biólogo y Dr. ingeniero de Montes Luís Gil Sánchez que tanto me ha enseñado sobre pinos y más cosas y al original pensador de la Revolución Integral Félix Rodrigo Mora que tanto nos enseña de humanidad y comunal.

 

Pasan los años y las décadas, y la controversia acerca de los pinos y otras especies no resinosas perdura y se complica en estas sociedades decadentes en sapiencia y humanidad en que vivimos.

 

Del activismo encadenado a los bulldozers que aterrazaban laderas repobladas por el antiguo Instituto (estatal) para la Conservación de la Naturaleza (ICONA), el boicoteo (a veces) pirófito de gentes del campo (ahora llamadas del rural), la divulgación de la decana revista de estudio y conservación de la naturaleza Quercus ensalzando las quercíneas y, en general, la familia botánica de las Fagáceas (la de las hayas, los castaños, las encinas, las carrascas, los robles, los rebollos, los quejigos, los alcornoques, las coscojas…) fueron acabando los años 70 y transcurriendo los 80, en que estudié la carrera de Montes y presencié con interés y cierta preocupación el estado de abandono y contradicción por el que se regían muchos montes  visitados por mí.

 

Por conocimiento de algunos profesores y de alguna compañera de carrera supe de zonas que aún se gestionaban con elementos y signos de lo comunal, y así comencé a conocerlo, aunque mínimamente. El resto y mayoritario de lo que conocía pertenecía a las administraciones del Estado en todo su desglose y no me cuadraban las cosas, no veía que fuera garantía de conservación, buen gobierno y manejo, con persistencia del monte (como se decía en la jerga forestal) esta pertenencia y titularidad. Además, se nos mostraba a quienes estudiábamos la carrera la historia reciente de los montes españoles exceptuados de enajenación gracias al Cuerpo de ingenieros de Montes en la segunda mitad del siglo XIX. Se salvaron de ser vendidos tras su expolio (del que apenas se hablaba ni sabía uno casi nada) al quedar tutelados por el Estado bajo la figura del Catálogo de Montes de Utilidad Pública. Esta especie de mal menor salvó de la desaparición los pinsapares del sur de la península que quedaron englobados bajo el nombre de Pinus pinsapo. No ocurrió lo mismo con algunos bosques relictos de Pinus sylvestris que fueron masacrados. Y pasaron así la gran mayoría de los montes antaño gobernados y administrados por los concejos abiertos a ser administrados por el Estado autonómico.

 

Hablando de persistencia,  es curioso cómo de las palabras se va pasando a los palabros de la denominada neolengua. Y me viene a la cabeza Carme Jiménez Huertas (https://carmejhuertas.blogspot.com/), estudiosa que dilucida cuestiones de mucho fondo al respecto y en los tiempos que vivimos. Ahora la cacareada sostenibilidad con sus tejemanejes de fijación de carbono y capitalismo verde impera en prácticamente todos los ámbitos de la sociedad.

 

En esos años, recordados ahora, el proceso reforestador de tiempos previos, durante la dictadura de Franco iba  perdiendo fuelle.  Muchas repoblaciones forestales de décadas anteriores se encontraban sin ordenación forestal, sin inversiones y sin voluntad, digamos, por parte del Estado y sus administraciones forestales de pasar de la etapa de los pinares ceballiana propiciando  la regeneración de las antiguas masas forestales o bosques de frondosas de la familia de las fagáceas que habían existido antaño. Don Luís Ceballos, naturalista ingeniero de Montes, profesor de Botánica forestal y autor del mapa forestal de 1966 explicaba bien claro, de forma sencilla, las diferentes asociaciones vegetales de lo que después se ha venido a llamar fitosociología, rama botánica dedicada a estudiar las denominadas series de vegetación. En muchas series evolutivas, desde los herbazales desarrollándose hacia matorrales y arbustedos, y éstos hacia arbolado finalmente serial o climácico, advertía de la presencia natural intermedia del pino. La idea de la etapa de los pinares es bien recuperable por parte de iniciativas reforestadoras ‘desde abajo’, desde el pueblo, para la mayor parte de terrenos de monte en estado de cierta degradación arbórea. Pero para eso hay que saber más y mejor, conocer la vocación de cada terreno concreto, la composición florística actual, a ser posible la del pasado y la futura o potencial que podrá albergar.

 

Nos acordamos de la poesía de Antonio Machado Por tierras de España que, aunque de entrada y desconociendo trasfondos, parece resonante e identificativa de paisajes y paisanajes ibéricos,  no lo es tanto cuando conocemos un poco del pasado comunal esplendoroso en la alta edad media y que poco a poco fue sucumbiendo a lo largo del avance  y desarrollo de las sociedades economicistas con arraigo del Estado y cuyo colofón resultó o se desencadenó decimonónicamente, algo difuso quizá en la memoria reciente de poetas como el citado pero que ya no reflejan el ingenio y saber hacer popular, que debió de existir en muchas comunidades humanas del pasado  ejemplar que insistimos didácticamente en recordar.

 

El hombre de estos campos que incendia los pinares

 

Antaño hubo raído los negros encinares,

Talado los robustos robledos de la sierra.

   Hoy ve sus pobres hijos huyendo de sus lares;

La tempestad llevarse los limos de la tierra

 

Por los sagrados ríos hacia los anchos mares;

Y en páramos malditos trabaja, sufre y yerra.

   Es hijo de una estirpe de rudos caminantes,

Pastores que conducen sus hordas de merinos

A Extremadura fértil, rebaños trashumantes

Que mancha el polvo y dora el sol de los caminos.

   Pequeño, ágil, sufrido, los ojos de hombre astuto,

Hundidos, recelosos, movibles; y trazadas

Cual arco de ballesta, en el semblante enjuto

De pómulos salientes, las cejas muy pobladas.

   Abunda el hombre malo del campo y de la aldea,

Capaz de insanos vicios y crímenes bestiales,

Que bajo el pardo sayo esconde un alma fea,

Esclava de los siete pecados capitales.

   Los ojos siempre turbios de envidia o de tristeza

Guarda su presa y llora la que el vecino alcanza;

Ni para su infortunio ni goza su riqueza;

Le hieren y acongojan fortuna y malandanza.

   El numen de estos campos es sanguinario y fiero;

Al declinar la tarde, sobre el remoto alcor,

Veréis agigantarse la forma de un arquero,

La forma de un inmenso centauro flechador.

   Veréis llanuras bélicas y páramos de asceta

-No fue por estos campos el bíblico jardín-

Son tierras para el águila, un trozo de planeta

Por donde cruza errante la sombra de Caín.

 

 

Es en la pasada década de 1980 cuando se promueve el abandono de tierras desde la Política Agraria Comunitaria (PAC) subvencionándose las reforestaciones con encinas  y robles en ellas. Va floreciendo una cierta estima por las especies autóctonas, pero van dejándose de lado por desconocimiento e intereses los pinos autóctonos. Otros aspectos a recordar de ese tiempo son los relacionados con el continuum (suma y sigue) de la despoblación rural con cambios de usos y propiedad inherentes, el progresivo aumento en intensidad (superficies, frecuencias) de los incendios forestales, muchos de ellos en pinares tanto naturales como de repoblación. En este desaguisado, los pinos van pasando a ser arbolado non grato, englobando la lista negra con otras especies arbóreas como los eucaliptos, tan utilizados para desecar marismas y para producir pasta de papel en Galicia y Huelva. Recordemos que durante la dictadura franquista y la transición “democrática” se desarrollaron la Empresa Nacional de Celusosa (ENCE)  y el Instituto Nacional de Reforma y Desarrollo Agrario (IRYDA). El IRYDA llevó a cabo desacertadas concentraciones parcelarias, flaco favor para las exiguas tierras comunales que aún quedaban por muchas regiones y comarcas.

 

El Mapa de series de vegetación (RIVAS MARTÍNEZ, 1987) establece unas tablas de juicio biológico y ecológico para las repoblaciones forestales en las que sesgadamente considera negativo el uso de pinos en muchas series de vegetación correspondientes a bosques potenciales de especies del género botánico Quercus como las encinas y los robles, cuando en realidad existen especies del género Pinus que habitan naturalmente amplias extensiones de la geografía ibérica, bien como especies colonizadoras anteriores a la vegetación potencial o climácica, o bien como especie climácica. Este es el caso de la presencia potente del pino negral o resinero (Pinus pinaster) en amplias zonas de areniscas del Sistema Ibérico (rodenales) en donde la vegetación serial correspondería a quejigares de Quercus faginea y donde las tablas de juicio biológico y ecológico citadas consideran negativo el empleo de esta especie de pino.

 

En la península Ibérica e  islas Baleares (el nombre de Illes Pitiüses dado a las baleáricas Ibiza o Eivissa y Formentera vendría dado por la abundancia pinariega en época griega de estas islas) existen las siguientes especies de pino autóctono de diferentes terrenos, altitudes y climatologías:

  • Pino blanco o carrasco, pi blanc (Pinus halepensis); en general costero o de climas no muy fríos y de terrenos calcáreos fundamentalmente.
  • Pino negral, pino resinero, piñeiro bravo, pi rodeno o pinastre (Pinus pinaster); propio de montañas y arenales silíceos aunque con algunos ecotipos adaptados a suelos básicos como dolomíticos y peridotíticos de sierras béticas.
  • Pino laricio, salgareño, cascalbo o pinassa (Pinus salzmanii); propio de montañas medias con cierto grado de humedad estival, generalmente calizas salvo en manifestaciones como las del Sistema Central; existen pinos salgareños monumentales con más de seis siglos en sus ramas cortezas, piñas y raíces.
  • Pino albar, silvestre, de Valsaín o pi roig (Pinus sylvestris); montano y con adaptaciones ibéricas particulares dentro de su amplia habitación euroasiática: taigas siberianas, montes escoceses, Escandinavia…
  • Pino negro o pi negre (Pinus uncinata); el más montano, habitando en zonas altas del Sistema Ibérico  y Pirineos hasta el límite altitudinal del bosque.
  • Pino piñonero, piñeiro manso o pi pinyoner (Pinus pinea); es un pino que ha sido utilizado y extendido por el ser humano desde antiguo; su piñón es comestible; habitante de arenales y montañas bajas y medias.

 

Todas ellas son especies adaptadas a vivir en condiciones difíciles para otras especies arbóreas más exigentes en cuanto a profundidad del suelo, humedad ambiental y edáfica, régimen hídrico de cierto balance positivo, etc. Por algo se les llama frugales y tienen carácter colonizador en terrenos con degradación del suelo. Han sido utilizadas desde bien antiguo por comunidades humanas. Se han encontrado carbones de pino rodeno o pinastre en yacimientos neandertales: Cova de les Malladetes del macizo calcáreo diánico del Mondúver,  País Valencià.

 

Una cosa son las especies y otra el uso que se hace de las mismas y quién lo hace. Recuerda esto algo a lo de mezclar la velocidad y el tocino o el culo con las témporas, que nada tienen que ver entre sí, en principio.

 

La etapa de los pinares es, en muchos casos, el mejor estadio que ofrece la naturaleza para evolucionar hacia bosques climácicos de frondosas. Y si la administración (del Estado, que no del pueblo libre y soberano) estancó el asunto, como no podía ser de una mejor manera (por más que existieran y existan forestales entusiastas del bosque que profesan su vocación desde las instituciones del Estado o de corporaciones de la economía capitalista) se evidencia la necesidad también en estos campos (y montes) de recuperar la soberanía popular que debieron tener en un pasado las comunidades de vecinos, iguales y semejantes donde nadie era más que nadie y el sentido común era el timón de sus vidas, rigiéndose por normas consuetudinarias de usos y costumbres que facilitaban un aprovechamiento y uso llevadero (sustentable) de los territorios en que vivían y sus recursos como aguas y tierras, maderas (construcción), carbones y leñas (calefacción, materiales de construcción, metalurgia), plantas silvestres comestibles y medicinales, setas, ganadería y caza.

 

En honor de la verdad, cuyo cultivo y búsqueda son tan necesarios hoy día en la autoconstrucción y desarrollo personal, individual y colectivo, es acertado desligarse de dogmas y modas o clichés establecidos e impuestos desde el sistema de dominación imperante, y aunque breves estas palabras y argumentos mostrados, espero ayuden a despertar el interés de quienes lean este escrito por saber más acerca de pinos, encinas, robles, hayas y muchos otros grandes amigos arbóreos (cipreses, enebros, sabinas, abetos, arces, abedules, serbales, tilos, avellanos…). Pasemos de la teoría a la práctica y como reza un viejo lema forestal que encabeza (o encabezaba) el portal de entrada de la Escuela de Montes de Madrid donde estudié: ‘Saber es hacer’.

 

José María Peiró Barrero

21 de juny, dia del solstici d’estiu del 2023

 

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Comentarios

José m canet
hace 9 meses

Gracias por estas aportaciones que nos llevan de raiz a conocer nuestros montes, nuestras masas forestales y nuestros suelos. La moda es la moda, y aunque absurda, llega a todas partes, a las universidades y por supuesto a la casposa administración, donde pocos contrastan,muchos nada aprenden, pasando las décadas y las generaciones sin pena ni gloria para aportar luz a esa España "rural" en la que pocos profundizan para acercarse con humildad a comorender. Que bonito es saber para no imaginar mal y que no nos vendan modas. El monte está abandonado y que pocos lo recorren y duermen en el para comprender como suspira, para amoldarse de verdad a los ritmos naturales de la Naturaleza y ayudar a recuperar ecosistemas primitivos.

José Mª Peiró
hace 2 meses

Gracias, José M.