Las llaman redes y no es casualidad

Publicado el 1 de julio de 2023, 11:44

Por Celia Rodríguez

Tiempo aproximado de lectura: 15 minutos

 

En mis breves andanzas académicas por el universo de la Ciencia de Datos (o Big Data), llegué a tres conclusiones:

 

  • Las redes son las nuevas minas de oro.
  • Nuestros datos ya no son nuestros.
  • El postureo va a salir muy caro.

 

Y añadiría una cuarta sobre “La inteligencia artificial (IA), el apocalipsis terminator y el gobierno mundial”. Pero esto lo dejo para un artículo posterior.

 

 

Las redes sociales: el control del dato como fin

 

Allá por el año 2014, el gobierno de Yakarta[1] decidió mejorar sus líneas de metro para que fuesen más eficientes. Para ello, estuvo haciendo un seguimiento de las geocalizaciones vinculadas a las publicaciones de los usuarios de Twitter y la hora de estas.

 

Exactamente: políticos usando los datos de localización de los usuarios de una red social, de tal manera que, si en el distrito A hay más gente a las 10 de la mañana en día laboral y menos en horas de descanso y, por el contrario, en el distrito B hay menos gente a las 10 de la mañana y más en horas nocturnas, es evidente que reforzar el servicio de un punto a otro en determinadas horas, aportará beneficios a una parte importante de la población.

 

Llegar a estas conclusiones es sencillo gracias al trabajo de los “mineros de datos”, “superprogramas” y “arañas” que recopilan información que será posteriormente interpretada por otro programa y, finalmente, por humanos. Primero recogen, luego hacen un sesgo de los mensajes publicados en Twitter que, según las diferentes palabras, clasifican la naturaleza de la publicación dentro de un grupo de temáticas concretas.

 

Para realizar esta clasificación, es muy importante la identificación del lenguaje natural[2], es decir, las expresiones con las que tratamos temas de diferente índole y en lenguaje coloquial.

 

Ahora bien, lo mismo que la Ciencia de Datos puede identificar las tendencias, también puede comprobar como una noticia o evento aumenta la actividad en redes o pasa por ellas sin pena ni gloria. Con esto se consigue que sea muy sencillo saber si el público está de acuerdo o en desacuerdo con una opinión.

 

Pero, por favor, que no te dé por pensar que esto puede derivar en la manipulación de la opinión pública, nadie es tan malvado ni tiene tanta sed de poder. Todo es por nuestro bien y por ese bien común tan ladrado por nuestros líderes y cuya definición queda al arbitrio de lo que se les antoje en cada momento...

 

A estas alturas y gracias al uso masivo de estas redes, manejar voluntades se vuelve extremadamente fácil…, más aún. Basta con permitir la difusión masiva de una tendencia contraria a un partido político y la favorable a su opositor, bloqueando tanto la defensa del primero como las críticas al segundo, para obtener un mayor impacto.

 

Esto de tratar de controlar la voluntad de las personas es antiguo y común a todos los regímenes totalitarios. En resumen, nuestros líderes no han creado nada nuevo, solo se han modernizado. 

 

Tampoco pienses que te puedes librar del control dejando el teléfono inteligente dentro del congelador.

 

Las centrales telefónicas mantienen el llamado CDR (Registro de Detalles de Llamadas) donde se cruzan los datos del número telefónico con el repetidor telefónico al que se conecta, para poder trazar los movimientos de las personas. Este es el padre del GPS que sigue siendo muy útil en países donde la tecnología del teléfono inteligente no lo ha contaminado todo.

 

Pero hay algo más:

 

 

 

Para la consecución de sus 17 Objetivos de (des)Desarrollo (in)Sostenible, la recopilación de datos es imprescindible.

 

Por cierto, antes de que las ideas conspiranoicas te atormenten, esta Agenda 2030 es solo un refrito de lo que ya han intentado otras veces, solo que ahora le han puesto más colores[1].

 

Dicho esto, ¿queda claro por qué cada día será más necesario tener un teléfono inteligente?

 

Así que, por mucho que Elon Musk[2] finja sorprenderse de que la salvaje censura que padecemos a diario y el interés enfermizo porque todo se haga con el móvil, responde a la necesidad de la monitorización constante de todos nuestros movimientos, para poder controlar mejor nuestra opinión, está todo más que previsto y estudiado. Ese es su fin.

Por cierto, el mismo Mark Zuckerberg confesó que Facebook dejaba almacenado los datos durante “un tiempo” después del que usuario borrase la cuenta..., por si te lo estabas preguntando.

 

 

Si tus datos no son tuyos, ¿de quién son?

 

En esta vorágine de la nueva y revolucionaria Ciencia del Dato, entra el dilema de “a quién perteneces los datos”.  ¿Los datos son tuyos o de la persona (inteligencia artificial, software, cámara, etc.) que los obtiene?

 

Esto no es más que el replanteamiento del viejo conflicto moral de la prensa amarilla de si el robar una foto en topless a la Obregón es legal o no lo es.

 

Aunque existen leyes que defienden la privacidad, lo que aquí se viene a debatir es si la información sobre tu localización a las 15:47 en la otra punta de Madrid es propiedad del programa que ha obtenido esa localización o es tuya, ya que ese dato es creado por quien lo recopila.

 

¿Soy yo o es una afirmación completamente absurda? Te invito a que me dejes tu opinión en los comentarios.

 

Si existe un supuesto debate sobre este tema, no te preocupes, porque será en la próxima legislación, o en dos o tres pasos legislativos más, donde las lumbreras que nos gobiernan dirán que los datos son propiedad del ente que los recopila, que tú sabes perfectamente que están recogiendo esos datos, que eres libre de no facilitarlos, pero que no podrás ni comprar el pan si no los facilitas.

 

En resumen, por el bien de todos y con el fin de proteger el ámbito que necesiten en ese momento (que se ajustará a la verdad verdadera y no a sus intereses) querrán que estés obligado a decir en todo momento dónde te encuentras y qué haces.

 

El debate llegará a la opinión pública cuando ya esté más que claro cómo nos van a vender que pisotear nuestra intimidad es buena idea.

 

 

Sobre libertad y todo lo que de verdad no tienes

 

Lo más importante que he aprendido al saber esto y con la nueva era covidiana calentóloga, es que esa supuesta “libertad” empieza en el lugar exacto en el que acaba la posibilidad del Estado de controlarnos.

 

No, querido/a mío/a, nunca te quisieron ni creyeron libre. Siempre han pisoteado tu libertad hasta donde los recursos se lo han permitido. Aquellos agujeros negros donde los tentáculos del control no han podido acceder se te han vendido como “derecho”, cuando lo que subyace es la incapacidad de infiltrar todos los ámbitos de tu vida.

 

Jamás te han querido libre de movimiento, pero convino “derribar las fronteras”. Nunca desearon tu libertad de acción, porque donde antes era el Dios que observaba todos tus actos, ahora es ese gran hermano de la tecnología, no pocas veces fiscalizado por el más cercano, el que tiene la capacidad de juzgarte en cada inspiración que realices.

 

Y si nuestra libertad o la mínima posibilidad de ella es el problema, destinarán todos los recursos y esfuerzos para que nos sea arrebatada.

 

El control decorado con luces LED y circuitos impresos no es más que el replanteamiento de lo que el Poder ha perseguido siempre. No es casualidad que las llamen “redes”.

 

Sin embargo, no es el Estado quién para decirte qué, cómo o cuándo, solo es una mascarada, una ficción creada para mantener un sistema esclavista de saqueo y que pienses que es legal.

 

La verdadera capacidad humana solo podrá manifestarse sin Estado.

 

Celia Rodríguez Franco, mayo 23

 

 

[1] Yakarta, capital de Indonesia donde residen más de 33.900.000 personas.

[2] Esto es lo que nos explica Carme Jiménez Huertas en su extraordinaria exposición sobre la “ingeniería lingüística” https://www.youtube.com/watch?v=t3QE4QhlNbM

[1] Recordando esos “8 objetivos de desarrollo del milenio” planteados por las Naciones Unidas desde el año 2000.

[2] El magnate ha estado hablando mucho últimamente de la instrumentalización de la red social para favorecer diferentes posturas políticas.

 

 

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