Editorial 37 - República o monarquía, caretas de la tiranía
31 mar 2026 15:46
31 mar 2026 15:41
Allá por los años noventa, había un tontico en el barrio que iba vestido como un auténtico rapero afroamericano, con sus bambas Nike de caña alta, camiseta XXL, gorra de béisbol puesta con la visera del revés y unos cascos con los que escuchaba hip-hop en castellano 24/7. Como tenía una discapacidad intelectual notable y el bullying no se había inventado todavía, muchos chavalotes se metían con él, por sus pintas, por sus gafas de culo de botella y por cruzar corriendo el parque del Motocrós para que los gitanos no le robaran todas esas cosas que tanto valoraba, siempre con la mano apretada en el bolsillo para que no se le cayera el walkman. ¡Quién me iba a decir a mí que ese pobre infeliz iba a ser la personificación de Catalunya en el siglo XXI! Por más que todo el mundo se riera a su costa, el rapero tolili mantenía su identidad personal, con una mezcla de orgullo e inconsciencia; es más, estaba convencido de que era un tío guay, no como los demás, que éramos todos unos cutres por ir vestidos con tejanos y sudadera del mercadillo, y por no estar al corriente del arte urbano emergente de las calles del Bronx. Así que cuando acababa de cruzar el parque a toda velocidad y creía estar a salvo, como una ficha de colorines en el juego del parchís que ha llegado hasta a un seguro, pasaba contoneándose junto a los que estábamos jugando a fútbol en la pista, mirándonos por encima del hombro, sonriendo con malicia ante los que no sabíamos estar a su altura y perdían el tiempo chutando una pelota y no bailando break dance; incluso se atrevía a lanzarnos algún improperio, ¡a nosotros, que no le robábamos nada y nunca nos reíamos de él!
31 mar 2026 15:41
(versión en catalán)
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En su libro La democracia y el triunfo del Estado, dice Félix Rodrigo Mora, en la página 185:
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-Los prestidigitadores del PSOE porfían en nadar en el atlántico y guardar la ropa ante su público cada vez más funcionariado. El sr. Sánchez, un personaje insulso y bobalicón encumbrado a la presidencia por su “facha”, tan dura como guapa, se ha convertido de la noche a la mañana en el héroe de las causas justas, ayer por Palestina y ahora por Irán, con un discurso firme y duro, como si un excitante vibrador de plástico se hiciera pasar por una polla de la buena. Este alto funcionario no tiene porqué explicar la ingente cantidad de armas que vendió a Israel por vías indirectas, ni tampoco porqué ante su rotunda negativa a usar las bases de Rota y Morón, los vecinos de las zonas no han podido apenas conciliar el sueño con la cantidad de movimiento de aeronaves y buques estadounidenses usando los enclaves pactados. Tuvo luego que intervenir Margarita Robles para aclarar al embajador yanki[1] que lo que parecía una verga corajuda era en realidad un estimulador del clítoris popular, para salvar el idilio con los votantes, porque es sabido que el amor posmoderno dura mientras se mantiene dura. Pero en el día de la marmota, donde las cosas se siguen repitiendo ad nauseam sin aprender del día anterior, basta el discursito contestatario del guapo de la clase para callar las bocas y convencer al feminizado patio de colegio hispano. Si con el señor de los anillos hubo niñas bautizadas como Arwen, y con juego de tronos las hubo con el nombre de Aryan, los escasos españolitos que nazcan por estas fechas serán bautizados con un nombre fetiche: Pedro.
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El siguiente treatexto, de título “el amuleto”, surgió a partir de una reflexión sobre las ideologías. El relato, con una presentación realista, pero con una esencia que parte del simbolismo, divaga sobre el sustento que alimenta a las ideologías (representadas por el amuleto de la obra).