Del suicidio indirecto, la indolencia y la cura estoica

Publicado el 31 de marzo de 2026, 15:41

Por Jesús Trejo

“militat omnis amans” Ovidio, amores I, 9

“el hombre se descubre cuando se mide con el obstáculo” Saint-Exupery. “tierra de hombres”

 

Hay muchas maneras de negar la vida, de ser nihilista, de ser un suicida. Y en el ser humano, el animal subliminal por excelencia, que tiende a esconder sus verdaderos objetivos, la manera de hacerlo generalmente es de forma indirecta. Hoy día, se ha venido en llamar “muertes por desesperación” a aquéllas producidas por tres tipos de comportamientos autolesivos: la ingesta de alcohol desmedida, la sobredosis y los suicidios. Hay que detenernos en el análisis de esta parte de la guerra asimétrica con que el Poder psicotizado está diezmando a un sector de sus sometidos, especialmente a su versión pálida y popular, para intentar en lo posible recuperar el vitalismo popular de antaño, encontrar un “bálsamo de fierabrás” multiusos contra la atonía y el desamparo.

 

En el orden de la naturaleza no existe el atentado a sí mismo salvo en la especie homo, aunque en otros animales se han visto conductas erráticas antivirales (como en perros, ballenas o delfines) que con la moda antropomórfica de la fábrica Disney se les ha querido catalogar torticeramente como conductas que atentaban a su propia existencia[1], cuando en realidad esos animales perdían el norte de supervivencia por un deterioro de sus sistemas de orientación, acabando  en ocasiones varados trágicamente en alguna playa, o en el caso de mascotas, por un desajuste pauloviano de dependencia alimenticia relacionada férreamente con un único donante ya extinto.

 

Emile Durkheim escribió una obra señera sobre el tema del suicidio a finales del siglo XIX, apuntando a que era un mal de la base social desestructurada que incidía especialmente entre gentes cultivadas, con cierto nivel académico. Hoy día sin embargo, se ha encontrado un mentís a esa tesis, encontrando que son los hombres de raza blanca, de extracción humilde y sin estudios superiores las que profanan el templo de su corporeidad y por tanto de su existencia con mucha más inquina.[2] 

 

Notas

 

[1]                  En 1958 la fábrica Disney difundió un documental titulado “White wilderness” donde supuestamente se filmaba el suicidio de lemmings precipitándose al ártico mientras hacían su emigración anual. En 1983 se denunció a esta multinacional de la persuasión por maltrato animal, al haber adquirido cientos de estas aves y llevadas a un lugar ajeno a sus migraciones para forzarlas a arrojarse en masa desde acantilados

 

 

[2]                  Anne Case, Angus Deaton: “muertes por desesperación y el futuro del capitalismo”. En esta obra los autores estudian las estadísticas de mortalidad en USA, encontrando que se multiplica por cuatro los suicidios indirectos en el sector de población masculina blanca menos academizado y menos exitoso a nivel social.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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