Papá ven en tren

Publicado el 1 de febrero de 2026, 8:00

Por Jose María Peyró

 

El pasado domingo 18 de enero se produjo un encontronazo mortal entre dos trenes de alta velocidad de la línea Madrid-Sevilla (o Sevilla-Madrid, según se mire).

 

Y al día siguiente en pleno lunes laboral hubo otros dos accidentes con más heridos y víctimas mortales en trenes de cercanías de Cataluña.

 

Es como la punta de un iceberg que asoma entre tanta mentira y apariencias.

 

La empresa pública Renfe, con sus ADIF, subcontratas y privatizaciones, continúa cayendo en picado, al igual que el resto de la galería estato-pública.

 

Parece que por encima de criterios técnicos priman otros políticos amoldados a las exigencias crematísticas y comerciales de terceros. Terceros que al final quedan en el saco del paternalismo paraestatal. Y el mantenimiento queda relegado a planos inferiores.

 

Mi padre no fue peón de hacienda como versa la canción de Víctor Jara. Fue ingeniero de la Renfe. Era un ingeniero humanista como le decían sus compañeros. Y no se doblegó frente a los chanchullos y paripés que la empresa le imponía. Cada vez le tenían más controlado y con menos capacidad hacedera . No se prestaba a la aprobación de una compra millonaria de material informático aunque le pusieran la recompensa seductora alguna de las empresas que optaban a la contrata.

 

Se dejó la piel, y nunca mejor dicho, tratando de hacer bien su trabajo, ahorrando dineros a los contribuyentes, que al final mantenemos de una forma o de otra este despropósito del sistema establecido con estado impuesto y concentración de poder y capital en minorías.

 

Y el precio de su libre responsabilidad profesional fue el ninguneo , el rechazo y el vacío de compañeros y 'superiores' aparte de la presión psicológica que recibió por parte de sus jefecillos, que incluso por lo que me contaba, algunos apenas sabían escribir bien un informe sin faltas de ortografía.

 

Sí, y el puto mobbing que dicen ahora le puteó, le putearon a base de bien hasta que adelantó su jubilación. con todos los obstáculos que se encontró por el camino hasta el final mismo del proceso de alcanzar el jubileo. Pero esas cuestiones quedan ya en lo más íntimo. La vida de mi padre daría para un libro, eso sí.

 

Teníamos profundas conversaciones. Me transmitió el sentido de la ética y el de la trascendencia, afortunadamente para mí. Y me contaba pequeños detalles en plenos faustos del año 92, con el tren de alta velocidad inaugurándose, los juegos olímpicos de Barcelona, la gentrificación que se aceleraba, la precariedad creciente para vivir en un mísero piso de ciudad grande, era un principio del fin o una vuelta de tuerca más de esta modernidad o postmodernidad...

 

Me contaba la poca falta que hacía estrechar el ancho de vía, que iba a representar una especie de lujo asiático innecesario, existiendo en la frontera con Francia un adaptador o conversor de vías del tren a su paso.

 

Y se veía venir in crescendo el deterioro de la calidad ferroviaria, la falta de puntualidad contrastada con la puntualidad profesional de mi padre y otros ferroviarios.

 

Y lo ibas viendo también en los viajes esporádicos (o no) que hacías en tren. La desaparición de los expresos nocturnos que te acercaban a otras ciudades alejadas mientras viajabas por la noche. La falta de inversión en infraestructuras básicas de cercanías y media distancia. Una falta atroz de mantenimiento firme y necesario.

 

Pero en cambio mucho patatín, mucha dedicación a lo vacuo. Y mucha gente ferroviaria quemada, reflejándose también en su ocasional trato hosco al público.

 

Y en fin, qué más decir que no sea una queja sino más bien un aliento y una llamada a la acción para solucionar lo que padecemos.

 

De nuevo, mirando para nuestros adentros, con sentido ético y una importante inclinación por una visión axiológica, no dogmática de la realidad, como la que va desarrollándose desde las ideas, valores, y cosmovisión creciente de la Revolución Integral, encontramos un sin sentido, poco sentido común, digamos en lo que se nos impone desde este sistema citado.

 

Adolecemos de un ambiente generador de soluciones pero sin embargo tratamos de salir del bucle, reafirmando nuestra mejor esencia, y haciendo frente común al improperio y la sin razón impuesta.

 

¡Adelante!

 

Dedicado a mi padre.

30 de enero de 2026

 

Jose María Peyró

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