Qué hacer

Publicado el 1 de septiembre de 2023, 10:02

Por Antonio de Murcia

Tiempo estimado de lectura: 20 minutos

 

Pregunta oportuna en tiempos de crisis. Elegir una actitud activa nos libra de ser meras marionetas de fuerzas ajenas. El sistema de dominio que padecemos exhibe los signos de estar llegando a su culmen de concentración de capital, capacidad extractiva de recursos y control sobre las poblaciones. A la vez, las rivalidades entre los imperios que se reparten el mundo siguen su marcha mortífera. Y por su parte los Estados subordinados continúan con su misión de minuciosa destrucción de lo humano. Para los humillados y ofendidos, qué hacer es, por tanto, una cuestión vital.

 

 

POR QUÉ

 

Se debe llamar esclavo a quien está obligado a vender su cuerpo en el mercado laboral. Y adonde uno va obligado se llama cárcel; lo demás son eufemismos. Nuestra vida transcurre de celda en celda, esperando siempre el tercer grado, un esporádico lapso de libertad provisional, o vigilada. Una población regida por el complejo Estado/Capital no constituye una sociedad, pues sus atributos humanos están sustituidos por las pautas del sistema de poder. El deterioro viene de lejos. En el proceso de ruina de la convivencia y de la cultura popular en los modernos tiempos pueden señalarse, como ejemplos, varios hitos importantes que arrancan hace sesenta años y que han llevado a la aniquilación de la vida popular en todo el mundo: uno, la instalación en cada casa de un receptor de televisión y, recientemente, su transmutación en receptor/emisor de bolsillo; otro, la demolición definitiva del mundo rural y su sustitución por la Empresa Agrícola y Ganadera; como efecto, se ha hecho casi imposible la economía de la pequeña propiedad rural y la consecuencia ha sido la creación de ciudades de aluvión, monstruos inhabitables de poblaciones hacinadas, gigantes aglomeraciones a escala inhumana de viviendas-nicho. Otro más, la transmutación del automóvil en ombligo, pues todo el mundo tiene uno, y al que hay que mirar mucho. Y aquí pongo un etcétera, para que puedas añadir más jalones de tu cosecha.

 

En fin, vivir, lo que se dice vivir, se hace imposible en este Régimen. Ahora bien, hay que reconocer que la sumisión es cómoda (y la libertad trabajosa). La libertad implica responsabilidad y esfuerzo. Exige valentía porque es riesgosa; en efecto, vivir la libertad puede salir mal. Así que se constata que las mayorías aceptan sostener la maquinaria Estado/Capital con más o menos entusiasmo. Ya en su tiempo Salustio observó que «son pocos los que quieren la libertad, la mayoría sólo quiere tener un amo justo». Y así seguirá siendo, al menos mientras los Medios de Manipulación de Masas dominen el discurso social; y mientras los jóvenes sigan dejándose aturdir por la industria del entretenimiento. Quizás llegue el momento en que los jóvenes descubran la evidencia: que la tecnología de comunicaciones que se presenta como un medio de relación social tiene su origen en la investigación militar. Y que está volviendo a su función de control autoritario para la que fue concebida. Quizás los jóvenes sufran más que nadie esta deriva fatal.

 

Pero por el momento hay que reconocer, pues, que quienes luchamos por la transformación integral revolucionaria somos una minoría y que previsiblemente lo seguiremos siendo por tiempo indefinido. En España se da por añadidura una circunstancia especial. Y es que son los partidos “de izquierdas” los encargados de implementar las políticas más agresivas de dominio sobre la gente. La gente izquierdista traga con sus políticas al servicio de la oligarquía global meramente porque son “los suyos” quienes las ejecutan. Quizá, si fueran “las derechas” las gestoras de esas mismas políticas, se liberarían algunas conciencias, las más honradas, y quizás así serían capaces de abrirse a una actitud crítica y a reconocer que también “los suyos” ejercen el poder contra el pueblo (aunque de que se produzca una evolución semejante no estoy nada seguro). Asimismo, en la buena fe de algunos simpatizantes de “las derechas” late algo de rebeldía popular, si bien muy domesticada por la cúpula de los partidos y reconducida falazmente contra el fantasma del comunismo.

 

 

PARA QUÉ

 

Ser, como somos, minoría contra el sistema Estado/Capital no nos exime de la lucha contra el mismo. Implica la imposibilidad actual de derrocarlo, pero igualmente muestra la necesidad de confrontarlo si no queremos desvanecernos sin dejar huella. Estamos abocados a desafiarlo a la vez que soportamos convivir con él de la manera más esquiva posible, un difícil equilibrio solo alcanzable con inteligencia y determinación. A la vista de sus enormes taras, no es descartable la descomposición endógena del Sistema, pero hay que recordar que ningún imperio se ha derrumbado por sí solo y que es necesaria una fuerza social que lo empuje a caer. Y, desde luego, tal fuerza social ha de estar preparada para construir sobre las ruinas; de otro modo advienen sufrimientos y desdichas incalculables.

 

Queremos, en primer lugar, vivir; no sobrevivir sin más. No pasar nuestra breve vida entre la cárcel del trabajo asalariado y el tercer grado vacacional.

 

Pero sobre todo queremos vivir bien, queremos la vida buena, es decir, vivir una vida digna de ese nombre. Vida donde sea posible desarrollar relaciones humanas fecundas, vida que crezca en armonía con el entorno natural y no de espaldas a él. Donde la belleza no sea cosa de museos o de parques temáticos, sino algo disfrutado en el día a día. Queremos rebelarnos contra la tristeza y la soledad.

 

Y más allá de todo eso, queremos abrir las posibilidades a nuestros hijos. Ofrecerles la libertad conquistada para no estar obligados a venderse como esclavos, a vender su tiempo, su inteligencia, su alma.

 

 

QUÉ

 

Este escrito no pretende ser un manual de instrucciones ni un programa de acción; y ni mucho menos es un plan de nueva economía política. Sólo intenta hacer una modesta constatación de lo que YA se está haciendo, que no es diferente de lo que se ha hecho siempre en época de crisis profunda cuando se asiste al desmoronamiento de un sistema.

Las acciones que ya se están acometiendo, en movimiento creciente, se articulan sobre dos ejes:

 

  1. Producir / fabricar bienes de uso.
  2. Auto-organizar la enseñanza, la salud y los cuidados.

 

  1. Personas de toda condición ya han empezado la larga marcha que implican esas dos tareas. A solas o en grupo, en cooperativas o como pequeñas empresas, en economía sumergida o de forma declarada, constituye una corriente espontánea bastante numerosa. Con el impulso que da la necesidad de escapar del mísero mercado de trabajo, y con el empeño añadido de una producción a pequeña escala libre de los tóxicos de la industria, el camino ya iniciado abarcará todas las ramas de bienes de primera necesidad: de la horticultura a las frutas; de la panadería a la producción de carne, huevos, leche y quesos; de la silvicultura a la apicultura; de la construcción de casas y muebles a las instalaciones de suministro eléctrico y agua; de la confección de ropa y complementos a la creación de cosméticos y productos de higiene y limpieza; de la tecnología de energías limpias a la tecnología de herramientas sencillas, etc., etc.

 

El propósito general de inicio es el autoconsumo. En una segunda fase, el excedente se destina a intercambio o venta en el entorno cercano de familia y amigos. En empresas mayores, para el comercio de cercanía local y comarcal. Y determinados productos e industrias requerirán un mercado más amplio. El objetivo final, la liberación de la dependencia de la Gran Empresa y del Sistema Bancario. Dos retos serios se presentan con el desarrollo de esta red de economía alternativa: asegurar el acceso a materias primas imprescindibles y la creación de un sistema de intercambio, monetario y de financiación propio.

 

Con el tiempo, de una relación social nueva emergerá sin duda la creatividad cultural, en manifestaciones nuevas y espontáneas. De una sociedad popular nace un arte popular, no profesional sino extendido, donde todo el mundo es creador y usuario.

 

  1. La creación de escuelas libres infantiles sigue también su larga marcha. Su consolidación, proliferación y mancomunión hará posible la ampliación de la enseñanza a etapas posteriores, y también a la organización de modos de formación profesional y centros de estudio superiores no controlados por el Estado sino por las comunidades.

 

En salud la prioridad es igualmente la independencia del sistema sanitario-farmacéutico y en consecuencia la recuperación de la responsabilidad sobre la salud propia. El actual envilecimiento de la práctica médica, subordinada de la gran industria farmacéutica internacional, ha hecho imperativo cuidar la salud de forma autónoma, condición ineludible de la fortaleza de ánimo que vamos a necesitar para afrontar el porvenir; y por supuesto la recuperación de los saberes de la medicina popular ibérica y de la herboristería europea, y además la integración de los recursos valiosos de otras culturas (acupuntura, ayurveda…).

 

En relación a la asistencia médica profesional, el conocimiento práctico y experiencial de los nuevos recursos terapéuticos, de las técnicas y los procedimientos y la libre elección entre todos ellos. El apoyo a los grupos de médicos que vienen impulsando una visión integral de la salud, con acceso a recursos especializados para enfermedades graves.

 

Todas estas experiencias de relación tenderán a acrecentar la cohesión de la comunidad y harán posible y hasta natural la organización de cuidados mutuos, sobre todo y en especial para enfermos, ancianos dependientes y niños pequeños. La atención y los cuidados, antes dentro del ámbito de la familia extensa y de la vecindad, son ahora cubiertos en parte en base a los bajos sueldos de la población inmigrante.

 

Muchas de las iniciativas citadas han fracasado a lo largo de los últimos años, y otras fracasarán en el futuro. Muchos desistirán agotados, desengañados o vencidos por dificultades insuperables, pero seguirá construyéndose sobre este camino, pues no tenemos otro.

 

 

CÓMO

 

Y qué decir de quienes no participamos en ninguna de esas acciones colectivas, que no tenemos habilidades, ni tiempo, y sí unas condiciones particulares que nos mantienen atrapados dentro del sistema sin medio de salir del mismo. Personas aisladas, inactivas, empleados de la Administración o de la Empresa, profesionales liberales, trabajadores autónomos, todo el que vive exigido por cargas familiares que es preciso atender con urgencia. ¿Qué hacemos, pues? ¿Nos resignamos a la impotencia? ¿Nos conformamos con clamar contra el mundo de cuando en cuando?

 

Qué hacer en una situación de impotencia es asunto abierto a la creatividad. De nuevo resumo en una pequeña lista algunos ejemplos de lo que sí se puede hacer, ahora y siempre.

 

- Fortaleza ideológica. Mantener viva la capacidad de discernimiento. Ejercitar continuamente la libertad de pensamiento. Pulir las razones de la crítica radical con los autores de nuestra preferencia. Es ciertamente esforzado mantenerse al tanto de todas las movidas del enemigo, y lo es más mantener la capacidad de construir alternativas. Las propuestas del movimiento RI son herramientas útiles para esto último.

 

- Hablar. Denunciar las mentiras del Poder y de sus MMM en toda ocasión. Y ocasiones no faltan porque el poder se basa y se ha basado siempre en la mentira. Cierto es que la mentira más grosera (falsificación de los hechos) se refuerza con las técnicas de manipulación (ocultación y selección de datos) y bombardeo masivo de mensajes. Con ambas se ha creado la más tremenda confusión, una mezcla abrumadora de verdad y mentira. Y por si esto fuera poco se ha generalizado la censura directa o indirecta. En estas condiciones, es muy importante mantener la fortaleza mencionada arriba. No estoy exhortando a entrar al trapo cada vez sea cual sea el estado de inspiración o de ánimo, ni a pasarnos el día predicando. Sólo estoy invitando a hablar, hablar por necesidad, cuanto más en público mejor, mejor en la tienda o en el bar que en una conversación íntima. Puede que este hablar no haga la revolución o ni siquiera convenza a nadie para la causa, pero hablar representa una labor de zapa en el entorno inmediato que debilita el ciego apoyo al Sistema. Tal actitud combativa no gasta mucha de nuestra energía (y, aun si la gasta, está compensada por la satisfacción que produce el no quedarse callado). No siempre se trata de discutir y argumentar, sino a veces sencillamente de dar testimonio, “decir nuestra verdad y marchar”. Decir NO. Denunciar simplemente la mentira que venden a la gente.

 

- A nivel un poco más organizado y con más medios, difundir. La desproporción de medios es tan grande entre el enemigo y nosotros que la propaganda que podemos hacer se parece a combatir tanques (tv, google, redes digitales…) con pistolas de agua, pero sostener nuestra voz pública es imprescindible para que la minoría que constituimos no sea dispersada y derrotada.

 

- Apoyo económico a las obras alternativas. Apoyar las cooperativas y las escuelas libres como consumidores, como clientes. Y ofreciendo colaboración y trabajo activo en aspectos tan necesarios como la difusión de su actividad, o, por ejemplo, prestando apoyo informático, respaldo legal, etc. Y desde luego pagando siempre con moneda física. La eliminación del dinero físico haría posible el control sobre todos nuestros movimientos vitales, por lo que es necesario proscribir la moneda digital y las aplicaciones informáticas de pago, que son la antesala de la implantación del sistema de crédito social, tan deseado por nuestros amos.

 

La creatividad es, por definición, creativa. Muchas otras formas de acción pueden concebirse de acuerdo a las necesidades de momento y lugar. Sólo requieren llevarse a cabo para dar fruto.

 

La guerra no es lo que ocurre allá lejos, en otras partes del mundo. La guerra es esta, la que nos han impuesto aquí, la que nos toca. Esta es nuestra guerra. Y no reconocemos la derrota.

 

Antonio de Murcia, 15 agosto ‘23

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