Editorial octubre 2023: "Llenar el vacío de las ideas y los ideales"

Publicado el 1 de octubre de 2023, 11:30

Por Félix Rodrigo Mora

Tiempo estimado de lectura: 17 min

 

Del “pensamiento débil”[1] hemos pasado al pensamiento cero, lo que otorga la razón a A. Bloom en su libro “El cierre de la mente moderna”, entiéndaseme, la razón -parcial- en la descripción de lo que sucede, pero no en investigar sus causas, pues no se atreve a señalar que la anulación de la capacidad de pensar existe porque los poderes constituidos la promueven.

 

El nopensar y el nopensamiento lo ha invadido todo. Los sistemas ideológicos han sido nadificados en esa negación radical y universal de los contenidos. Liberalismo, socialdemocracia, feminismo, extrema derecha, izquierda caviar, neoliberalismo, progresismo, “independentismo”, ecologismo, etc. todos son lo mismo, un vacío, una nada. Quedan las consignas hueras y fuleras, la mercadotecnia, las gangas (apóyame porque te voy a dar esta cosita o a proporcionar esta ventajilla), las supersticiones, las extravagancias, el sensacionalismo, el amarillismo… Pero no el pensamiento.

 

En decadencia el izquierdismo, tras más de setenta años de ser el instrumento preferido del gran capitalismo, parecía haber llegado el momento de la extrema derecha, de los Trump, Bolsonaro, Meloni, Putin, Vox, etc. Pero después de una gran fanfarria de demagogia y efectismo, resulta que la aptitud de ésta para el nopensamiento iguala a la de la izquierda. En la práctica, cuando han accedido al gobierno, han hecho lo mismo que la izquierda y extrema izquierda, mostrando ser los mismos perros con distintos collares, con otra verborrea.

 

¿Y la intelectualidad? Hace decenios que no da señales de vida, ocupada en consumir las inmensas sumas de numerario que recibe. La intelectualidad de izquierdas mostró su vileza e inmoralidad al callar, e incluso apoyar servilmente, cuando, con la crisis sanitaria del covid 19, fueron pisoteadas las libertades individuales y colectivas en un episodio inaudito de totalitarismo médico-estatal. La intelectualidad de derechas está manifestando su obsolescencia con su sostén, no menos servil, a Putin, al criminal imperialismo ruso, en la guerra de Ucrania, respaldando a un régimen calificado de “neosoviético” que es el escudero del atroz régimen comunista de China. En esta general confusión, originada por el vaciamiento universal de las mentes, la intelectualidad semi fascista defiende a los comunistas… lo cual demuestra hasta que punto los sistemas ideológicos del ayer hoy no son nada ni valen para nada.

 

Perdido el hábito de pensar, lo que algún zopenco denominó “la funesta manía de pensar”, el movimiento de la revolución integral se propone recuperarlo, elevándolo a un nivel superior.

 

En relación con lo anterior, está la tremenda desmovilización colectiva e individual que padecemos actualmente en este lamentable país llamado España. Aquí no se sigue “el camino francés”, que consiste en salir a la calle a romperse la cara con la policía y a incendiar las calles, sino otro muy diferente, hecho de sumisión, pereza, cobardía, hedonismo, trucos baratos de listillos, chusco “hipercriticismo” verbal, estafas “soberanas”, etc. Cuando hay problemas reales, objetivos, tan tremendos, esta dejación del deber político y moral de combatir equivale a un suicidio colectivo. También, a un suicidio individual.

 

Perdido el hábito de pelear por causas justas, sin mirar el daño que ello nos pueda ocasionar ni buscar ventajas para sí, el movimiento por la revolución integral se propone asimismo recuperarlo.

 

Porque los problemas reales, esos que nunca aparecen ni en la televisión ni en la cloaca internet, de los que apenas nadie habla porque está prohibido hacerlo, continúan agravándose. En primer lugar, el de la libertad y las libertades, colectivas e individuales. Luego, la concentración de la riqueza y el empobrecimiento del 70% de la población, en particular de los jóvenes. El ascenso en flecha del Estado policial terrorista. El rearme y la militarización aceleradas para una nueva guerra mundial. La senil disfuncionalidad del sistema capitalista como modo de producción. La naturaleza horrible y homicida del trabajo asalariado, no libre. La aniquilación de la salud psíquica, y por tanto física, de cada día más sectores de la población, lo que llevará a una sociedad disfuncional y sin salida. La caída de la natalidad y el ascenso inducido de la infertilidad de las mujeres jóvenes, que, en tanto que fenómeno planetario, pone en peligro la continuidad de la especie humana, asunto del que es responsable principal el feminismo.

 

La tristeza universal ocasionada por unas condiciones de existencia deshumanizadas, lo que origina disfunciones anímicas cada vez más graves, la depresión profunda en expansión y al suicido de masas, habiendo convertido a España en el primer país del mundo en consumo de psicofármacos, todo un “honor” indicador de que nuestra sociedad marcha aceleradamente hacia su destrucción. La tecnología de agresión, de dominación, de manipulación, de control, de vigilancia, policial y militar, empresarial y capitalista, médica y hospitalaria. La destrucción de la cultura europea, la erudita y la popular, para imponer la subcultural basura yanqui, la de Hollywood, Walt Disney, el Pato Donald y la música ligera industrial. La conversión del sistema educativo en sus tres niveles en una trituradora de las mentes y los cuerpos, con fabricación de criaturas disfuncionales, seres nada perfectos.

 

La destrucción medioambiental, justificada e impulsada por el ecologismo, con una agricultura irracional que carece de futuro y que originará una situación de hambre a medio plazo. La mofa universal de la moralidad y los valores básicos que hacen humano al ser humano, en lo que es una sociedad asentada en el desamor y el odio, en los vicios y en la degeneración de las costumbres, una sociedad que, por ello, no posee futuro. El derrumbe global de la persona, con pérdida de todos sus atributos, convertida en mera nada doliente y degenerada, que espera resignada y letárgica su final. Y en otras cuestiones problemáticas más.

 

El desmoronamiento experiencial de las grandes narraciones ideológicas manipulativas del pasado inmediato, el haberse ido por el sumidero la intelectualidad funcionarial y mercenaria, el descredito del sistema educativo y la ausencia de algo decisivo en lo que creer y por lo que vivir, ya está siendo superado por el movimiento de la revolución integral. Éste está aportando ideas e ideales, formulaciones y convicciones fundamentadas, certezas y experiencias. Con ellas, dicho vacío va a ser llenado, lo está siendo ya.

 

Proporcionar ideales verificados, apropiados para ser creídos de forma reflexiva, es una tarea decisiva hoy, diría que la más decisiva. Ideales que difundir y llevar, que proponer y exponer, lo que es infinitamente más importante que reivindicar migajas y cominerías. Los encanallados no creen en la función categórica de los grandes ideales, de las convicciones holísticas, de lo total finito e iluminador, de lo verdadero y por ello mismo expansivo y explosivo. El movimiento de la revolución integral desea un pensamiento fuerte y una nueva apertura de la menta a lo decisivo, lo transcendente, lo verdadero, lo profundo y lo revolucionario.

 

En la colosal y descomunal crisis del sistema, por venir no tardando, quienes carezcan de ideas solidas e ideales magníficos, de verdades creíbles y categorías morales sustantivas, simplemente perecerán, no podrán aguantar, no tendrán fuerzas para sobrevivir.  Quien lo dude que lea a V. Frankl en “El hombre en busca de sentido”.

 

En eso estamos, en la creación de los ideales que, primero, nos va a permitir sobrevivir al derrumbe, inevitable, del actual sistema y, después, nos va a orientar en su transformación revolucionaria integral. Tener ideales es convertirse en idealista, en persona generosa, positiva y entregada, plena de confianza y entusiasmo, en sujeto revolucionario, vale decir, activo, creador, no criticón y pasivo, amargado y negativo. Pero, atención, en idealista sólidamente instalado en la realidad, con los pies en la tierra, capaz de pelear y vencer gracias a un programa, una estrategia y una táctica bien meditados.

 

Mi aportación a la constitución del sistema de convicciones, ideas e ideales que son imprescindibles para sobrevivir a un mundo podrido que se desmorona y, además, para transformarlo de raíz, es el MANUAL DE LA REVOLUCIÓN INTEGRAL. Lo publicaré con la esperanza de contribuir a llenar ese vació de convicciones y verdades, de certidumbres y esperanza, de confianza en el futuro y fe en nosotros mismos. Éste no será sapiencial erudita o académica, tabarra pedante o verborrea profesoral, sino obra viva, asequible a cualquiera que se esfuerce en comprenderlo. Será herramienta para la acción.

 

Pero construir contenidos trascendentes, y difundirlos, y hacerlos penetrar, y realizarlos en la práctica, es tarea de todas y todos.

 

Félix Rodrigo Mora, luchayservicio@gmail.com

 

 

 

 

[1] La filosofía sobre el “pensamiento débil” fue desarrollada hace unos años en Italia, y, aunque luego ha sido tergiversada, pone el acento en la fragilidad, superficialidad y pobreza del pensamiento que ha venido a sustituir a los periclitados armatostes doctrinales del pasado inmediato, tan falsos como tremendos, a lo que algunos han calificado de postmodernidad. Incide en que la situación de increencia dominante es, en realidad, la creencia -fanatizada- en pequeñeces y boberías, en cominerías y miserias, todas ellas retrógradas, obtusas, erróneas y lamentables. Pero aquella filosofía se agotó en el critiqueo y no dio el paso imprescindible, cooperar en elaborar un nuevo sistema de ideas e ideales.

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