Tragué una luna de hierro

Publicado el 1 de agosto de 2023, 22:48

Por Antonio Hidalgo

Tiempo de lectura estimado: 8 min

A continuación, una selección de poemas del obrero industrial chino Xu Lizhi (1990-2014).

El mes de agosto no es mal momento para recordar que los trabajadores chinos apenas tienen vacaciones. Trabajan 12 horas al día 6 días a la semana, están obligados a realizar horas extra y reciben malos tratos físicos y verbales por parte de sus encargados. El modelo chino comienza a ser visto como única alternativa para Europa si la economía del viejo continente quiere ser competitiva frente a las emergentes potencias industriales asiáticas. No lo vamos a permitir. El trabajo tiene que ser libre y hacer mejor a la persona y a la sociedad, nunca debe ser una trituradora de seres humanos.

 

Xu Lizhi no pudo soportar las eternas jornadas laborales en la ciudad-fábrica de Foxconn, ni el enloquecedor trabajo repetitivo y robotizado de la cadena de montaje. Tampoco supo luchar por una vida digna ni plantar cara a sus amos, pero por suerte nos dejó un valioso testimonio en forma de preciosos poemas dotados de una gran sensibilidad y crudeza.

 

Descanse en paz Xu Lizhi quien, tal vez, participó del proceso de montaje del ordenador con el que acabo de escribir estas líneas.

 

Antonio Hidalgo Diego


 

Tragué una luna de hierro

 

Tragué una luna de hierro,

que llaman tornillo.

Tragué desechos industriales y formularios de paro.

Me arrodillé ante las máquinas por las que mueren nuestros jóvenes.

Tragué trabajo, tragué pobreza,

tragué puentes peatonales, tragué toda esta vida oxidada.

Pero ya no puedo tragar nada más,

porque todo lo que trago se atraganta en mi garganta.

Hago llegar a todo mi país

este poema de vergüenza.

 

 

Así es como, de pie, me duermo

 

Al papel que tengo delante, amarillento,

le estampo con la pluma descuidados trazos negros

con palabras de trabajo:

taller, línea de montaje, maquinaria, cartilla,

horas extra, sueldo…

Yo solo obedezco.

No puedo luchar ni resistir;

no puedo denunciar ni maldecir;

solo extenuarme, sin hacerme oír.

Desde que llegué

espero con ansia, cada día 10, el cheque gris con mi salario,

tardío consuelo que otorga mi dueño.

Por esta paga limé asperezas, limé discursos,

renuncié a la huelga, renuncié a la baja, rechacé permisos,

no pude volver a casa un poco antes y hasta juré no llegar tarde.

Aquí clavado, junto a la línea de montaje, mis manos al vuelo.

Cuántos días claros, cuántas noches negras,

Así es como, de pie, me duermo.

 

 

El ejército de terracota de la cadena de montaje

 

En la cadena están:

Xia Qiu.

Zhang Zifeng.

Xiao Peng.

Li Xiaoding.

Tang Xiumeng.

Lei Lanjiao.

Xu Lizhi.

Zhu Zhengwu.

Pan Xia.

Lian Xuemei.

Obreros que trabajan día y noche

y visten:

ropa antiestática,

gorras antiestáticas,

zapatos antiestáticos,

guantes antiestáticos,

muñequeras antiestáticas.

Todos preparados,

esperando órdenes,

hasta que suene la sirena

que les llevará de nuevo a la dinastía Qin.

 

 

Menú de un solo plato: carne recalentada

 

Carne recalentada con ajo.

Carne recalentada con melón amargo.

Carne recalentada con pimientos verdes.

Carne recalentada con tofu seco.

Carne recalentada con patatas.

Carne recalentada con col.

Carne recalentada con brotes de bambú.

Carne recalentada con brotes de loto.

Carne recalentada con cebolla.

Carne recalentada con tofu ahumado.

Carne recalentada con lechuga china.

Carne recalentada con apio.

Carne recalentada con zanahoria.

Carne recalentada con brotes de soja.

Carne recalentada con judías verdes.

Carne recalentada con judías en escabeche.

La carne recalentada de Xu Lizhi.

 

 

Sé que llegará un día

 

Sé que llegará un día

cuando los que conozco, y los que no,

entren en mi cuarto

para recoger mis restos

y limpiar las manchas de sangre ennegrecidas que he derramado en el suelo.

Pondrán la mesa en su sitio, igual que las sillas volcadas;

barrerán la basura, ya enmohecida;

descolgarán la ropa tendida en el balcón…

Alguien me ayudará a terminar un poema inconcluso;

alguien me ayudará a terminar el libro interrumpido;

alguien me ayudará a encender la vela apagada.

Y al final, abrirán las cortinas tantos años cerradas,

para que la luz entre un rato.

Después, las cerrarán otra vez, por completo.

Todo el proceso habrá sido ordenado y solemne.

Y cuando todo esté limpio

saldrán en fila, uno tras otro,

y alguien me ayudará a cerrar con cuidado la puerta frente a mis ojos.

 

 

Un tornillo cayó al suelo

 

Un tornillo cayó al suelo

en su negra noche de horas extras.

Cayó vertical y tintineando

sin atraer la atención de nadie.

Cayó justo en el mismo sitio

en el que alguien pasó una noche entera

allí tirado en el suelo.

 

 

 

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