Por Jesús Trejo
Diciembre es el mes de los dos grandes festejos institucionales, que retratan perfectamente el sistema sobre el que reptamos: El 6 de diciembre, día de la constitución, y su corolario, el 22 de Diciembre, la lotería de navidad. Ambos dos se fundan en la misma estrategia psicológica: infantilizar a las gentes humildes para fortalecer y justificar la presencia de élites mandantes. La tan cacareada superación de la minoría de edad que según Kant inauguraba la modernidad fue solamente luz de gas. En efecto, no solo de pan vive el hombre, y tampoco el sistema de dominación vive solo gracias a los impuestos que nos esquilman bajo mil pretextos. Desde la nueva forma de gobernar inaugurada a sangre y fuego por la revolución francesa, en la época contemporánea se trata de inocular en el interior de los sometidos la manera de ver el mundo de los mandantes, su deseo por ser como ellos, su avidez desmedida por riquezas y la vida suntuosa, de ser servido por los demás, delegando en los políticos o en la suerte tu destino personal.
No es en absoluto casualidad que la era constituyente y la lotería nacieran en el Estado español a la par, en 1812, para sufragar la construcción del nuevo Estado y propagar la visión delegacionista de la existencia, bien sea en el plano político, (el estado de derecho), como en el plano de lo económico (la suerte), sin que en ninguno de los dos casos haya que hacer un esfuerzo, más allá de un mínimo acto exento de sacrificio: depositar el voto en una urna en el primer caso, y adquirir por un módico precio un boleto al paraíso en el otro.
Sin embargo, bien pronto se demostró que ambas formas facilonas de conseguir el ansiado estado de plenitud personal y colectiva, eran una estafa en toda regla.
En el caso de las constituciones, henchidas de derechos (al trabajo, a la vivienda digna, a la libertad de pensamiento y expresión…) ha demostrado ser el marco jurídico más eficaz para el dominio casi total de una plutocracia envalentonada, gracias a la bien engrasada maquinaria impositiva, coercitiva y persuasiva del Estado, cada vez más y más elefantiásico, más despótico, más secreto, más maquiavélico. Actualmente, la tan alabada Carta Magna, que según la propaganda institucional “nos hemos otorgado todos” en el año 78, aun concediendo esa supuesta generalidad de ser votada por la mayoría de los sufridos contribuyentes de aquellos tiempos, cabría cuestionar su aceptación actual, por cuanto de aquel referéndum del año 78 solo sobreviven el 16% de sus votantes1. Mientras se impone la exigencia de actualizarse en todos los ámbitos de la esfera social (en el trabajo, en la sanidad, en la educación…), en la esfera política se opta por el inmovilismo y la petrificación de lo instituido, con el miedo atávico a lo que, paradójicamente, pudiera decidir la base sobre la que según el artículo 1 del texto magno emana el propio poder del estado, el pueblo.
No vamos aquí a desmenuzar la desvergonzada tiranía política que apenas vela el texto constitucional. Baste una sucinta referencia al art 2, donde santifica la unidad de España como “indisoluble”, o el refrendo que otorga el art 116 al ejército para imponer el orden en caso de movimientos que comprometan el poder de las elites. Pero además, en cuestiones cotidianas, la realidad política se rige por cuestiones ajenas y contrarias al propio mandato ,como la obligación recogida en el art 134 de elaborar y presentar para su posible aprobación los presupuestos anualmente, cosa que este gobierno, tan fiel y sumiso al marco del 78, lleva ignorando desde hace 3 años, y que ya se ha hecho desde el año 80 un total de 11 veces2, o la inversión de la carga de la prueba en los protocolos sobre violencia de género que conculca el artículo 24 sobre la presunción de inocencia de todo acusado, además de incitar a delitos de odio literalmente denunciados por el art 14 y su no discriminación por sexo. Está claro que el marco constituyente permite una flexibilidad al gusto del contorsionismo legal de los poderosos, que interpretan a su placer el texto magno para imponer sus agendas sobre sus súbditos. Con democracia como ésta, ¿quién necesita dictadura?
Quien quiera profundizar en la crítica oportuna del texto del 78 le remito a la última denuncia que Félix Rodrigo Mora realiza machaconamente año tras año por esas fechas conmemorativas, bajo el sospechoso y cómplice silencio de toda la camarilla del espectro político partitocrático3.
Por su parte, el sorteo del 22 de Diciembre, como expresión exacta de este espíritu ambicioso y comodón que buscan promocionar los pérfidos creadores de conciencia social, hace creer que va a repartir montones de premios y va a liberar de la precariedad a la ya mayoritariamente empobrecida clase trabajadora, con tan solo pagar el módico precio de 20 euros, usando el mismo recurso que su homónimo estatal con las campañas fabulosas para justificar el aumento de los impuestos con falsas expectativas de prestaciones sociales. Al margen de que en los tiempos actuales y la inflación galopante, el gordo ya no da apenas para comprar un piso en las grandes ciudades donde bloqueamos la inmensa mayoría de la población4, la probabilidad de que toque la varita de la fortuna al número jugado es algo insultante. De hecho, el matemático Robert L. Jones afirmaba que la “lotería es el impuesto para los que no saben de matemáticas”5, es decir, para mentes infantilizadas.
La lotería y la promoción de todas las tendencias ludópatas generan pingues beneficios para el arca estatal, con la empresa pública “Loterías y apuestas del Estado” ganando 2430 millones por ejercicio.. En el caso de la lotería de Navidad, de los casi 4000 millones recaudados en la venta de décimos, el Estado se apropia de 1200 millones. Pero es que, además, se queda con otros 220 millones de los premiados, aplicando el 20% de impuestos sobre el premio para aquellos que superen 40.000 euros y los premios desiertos que no son demandados por los poseedores de boletos6 y vencen a los tres meses. Recordemos que la promoción del vicio del juego con la lotería nacional, al igual que otros vicios institucionalizados, como el alcohol o el tabaco, reporta al erario público unas astronómicas recaudaciones. El Estado plutócrata se lucra de estas perversiones y por eso le interesa potenciarlas, aunque luego, naturalmente, se cura en salud poniendo en letra pequeña la coletilla: “consume con moderación”. Estudiar los bien elaborados anuncios de la campaña de navidad, incidiendo en lo más visceral de la voluntad, para eludir el control consciente sobre la farsa ludópata, es una de las pruebas más palpables de violación de libertad de pensamiento que domina en la sociedad de la publicidad y el marketing.
La inmensa mayoría de las personas que han tenido la “fortuna” de hacerse ricos con un golpe de suerte, han acabado luego más arruinadas en su vida, tanto material como relacionalmente7. La tragedia de lo que se ha conseguido sin esfuerzo está detrás de la maldición que persigue a los afortunados. No es deseable en una estructura corrupta y opresiva sentirse libre de su yugo económico, porque ello sólo va a ocasionar en el mejor de los casos un distanciamiento de la base popular, que lleva a la soledad y la depresión, y en el peor un apego cooperativo por las elites explotadoras, que en muchos casos acaba mal, dado el carácter endogámico y corporativo de su estructura de mando. Y es que la libertad no es un punto de llegada, sino un continuo batallar y luchar por objetivos, por metas lo más desinteresadas posibles y lo más etéreas en su concreción material: las cosas que dan valor a la vida no tienen precio ni se puede comprar, como el amor, la verdad, la belleza, o la alegría.
Sin embargo, insisto en la idea de que no es el beneficio económico del Estado el único, ni siquiera el principal , objetivo por el que se lanzan esas seductoras campañas de invitación a jugar y a ponerse en manos de la suerte. Detrás hay toda una cosmovisión que potencia el infantilismo, el juego, la ganancia fácil y la dependencia a las bases ideológicas y axiológicas bajo las que descansa el sistema :la comodidad, la infravaloración de las propias capacidades y por tanto la delegación de tu propio destino al azar de unos números o unos políticos, y la creencia de que la riqueza y el bienestar material es el objetivo de la existencia, cuando sabemos por experiencia que de los cuatro condicionantes que vulgarmente resumen la calidad de la vida (trabajo, salud, dinero y amor), solo el último da sentido a la existencia y permite vertebrar los otros tres.
Nuestro consejo es acudir a otra riqueza, además de la afectiva: la del tesoro almacenado callada y pudorosamente en nuestra cultura popular, macerada por la filosofía grecolatina contenida en el legado cultural cristiano, especialmente la visión de cínicos y estoicos, que laboriosamente editorial bagauda trata de desempolvar con la reedición de textos relevantes, con comentarios para actualizar sus enseñanzas a nuestros tiempos. Porque como ya dije antes, no solo de pan vive el hombre, y por eso hay que buscar tocar la tecla espiritual, apelando al resorte que todos llevamos dentro por tener capacidad consciente, el famoso logos griego, y vindicar la libertad de la única manera que se puede, ejerciéndola para acabar con esta tiranía de postureo democrático e infantilismo suicida.
Jesús Trejo
Notas
1https://www.telemadrid.es/noticias/nacional/Cuantos-espanoles-de-hoy-en-dia-pudieron-votar-la-Constitucion-en-1978-0-2512248756--20221206101250.html
2https://www.newtral.es/constitucion-presupuestos/20250402/#google_vignette
3https://felixrodrigomora.org/ni-constitucion-ni-liberalismo-ni-grancapitalismo/
4https://www.asivaespana.com/economia/32958980/es-indignante-lo-que-ha-cambiado-todo
5 https://www.elconfidencial.com/mercados/2025-12-22/loteria-azar-juego-apuestas-inversion-largo-plazo_4270253/
6https://www.businessinsider.es/economia/cuanto-dinero-recauda-hacienda-con-loteria-navidad_6905500_0.html
7https://okdiario.com/loteria-navidad/duro-aviso-psicologos-si-te-toca-loteria-navidad-tienes-mas-probabilidades-arruinarte-vida-13962107
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