Por Isaac Gonzaga, colaborador de VyR
¿Alguna vez se ha tenido la impresión de estar conversando con cualquiera y llegar a intuir que dicha persona no logra comprenderte? Tal pregunta que planteo no radica en averiguar la inteligencia o la capacidad científica que se halla en las mentes de cada uno, sino en la escasa capacidad cognitiva que hay por doquier.
Actualmente, se habla, quizá en exceso, en las tertulias cotidianas de la presencia de la IA que, dada la aportación cinematográfica, tiene planes perversos para nosotros, los humanos. Antes que nada, debo afirmar con rotundidad que las IA no poseen lo poseemos nosotros los humanos, que es pensar, actividad que está decayendo, es decir, más que preocuparse por el ascenso de las inteligencias artificiales, es mucho más problemático el descenso de la inteligencia natural.
Podría afirmar cualquier tecnófilo que las IA no poseen inteligencia, pero aplaudidores de la IA declaran que disponen de medios de aprendizaje, los denominados algoritmos. Las IA no son ese relato cinematográfica de Skynet, construcción ficticia que posee conciencia propia y es lo humano su principal enemigo. Nada de eso ocurre en la vida que vivimos. Más bien, indicar que las IA son la herramienta no ya del futuro y sí de un presente orquestado por el mismísimo Estado.
Poniendo en contexto al presente artículo, la incomprensión que padecemos actualmente, creo poder indicar con acierto algunos puntos, aclarados de la siguiente manera:
- La ataraxia. Este término comenzó en la escuela estoica haciendo referencia a la imperturbabilidad del alma, término que indicaba un cierto desdén por las vicisitudes externas. De ahí que el ser capaz de hacer uso de la comprensión, no de la inteligencia, requiere grandes dosis de capacidad psíquica; esto es, si cualesquiera de nosotros comprende que el voto democrático no se ajusta a los criterios representativos, no se debe al consabido mantra de que los políticos, asalariados de lo público, son corruptos, sino a que el sistema parlamentario nace, y se reproduce, de la subyugación hacia los seres humanos, vidas que simbolizaban el comunal antes de la implantación de la Constitución de 1812; considero que ser capaz de comprender estas verdades requiere un esfuerzo mental que cualesquiera no están dispuestos, o disponibles, para formar parte de su bagaje cognitivo y cultural, es decir, llegamos a acostumbrarnos a pensar de una manera determinada sin dar oportunidad a la disidencia, sin olvidar reconocer que estar uno equivocado resulta, a veces, vergonzoso.
Dicho así, afirmar que el hombre actual se enreda en la autodestrucción es incidir en la superficialidad. Considero que lo más apropiado es indicar que la imperturbabilidad mencionada arriba tiene un efecto en la fragilidad psíquica y anímica, esto es, el individuo considera que lo cognitivo no es la garantía para una vida plena y eficaz, con la consecuencia de que presenta una deficiencia atroz para el desarrollo de sus facultades cognitivas.
- El jardín epicúreo. Aquí es una imperturbabilidad similar al estoico, pero ajustado al hedonismo de Epicuro a la conciencia del hombre actual. Si en Epicuro el jardín representa el lugar idílico en el que el dolor, el malestar y cualesquiera síntomas propias del pathos, del sufrimiento quedan excluidos, en la Modernidad queda interiorizado ese jardín en la mente, lugar placentero en el pensar de cualesquiera que anhela la desustancialización del ser.
¿Qué se entiende por la desustancialización? Los seres humanos, aun antes de los griegos, necesitamos una ubicación fija, una brújula para no incidir en la desorientación. De la misma manera que sucede la importancia de la multiplicidad, es fundamental el ser, esto es, es importante que mantengamos la cordura con especial ayuda de la unidad y que sea la multiplicidad su continuación. Esto ya no ocurre en las sociedades modernas, se da indiferencia hacia el ser y una excesiva reivindicación de la multiplicidad, propias de las filosofías del cuerpo (mi cuerpo, mis normas). El hombre actual deambula sin rumbo, sin a qué atenerse. De esta manera, hay un claro retraso en la capacidad de pensar.
- La Universidad. En esta institución se estimula el ego. A pesar de limitarse a una enseñanza estandarizada, a pesar de llenar la cabeza con datos, es la individualización el elemento inspira los preceptos educativos. ¿Cómo se hace la mente egoica? Con trampas latentes, el estudiante incorpora creencias como suyas del organismo educativo con la convicción de que son de cosecha propia; es lo que se conoce como introyección. Si el precepto universitario estima una normativización según sus conveniencias, todo estudiante perspicaz llega a comprender, implícitamente, que la educación está organizada jerárquicamente, esto es, es la incomprensión de que estamos, los humanos, siendo manipulados con la importancia del ego; ‘el ser yo mismo porque yo lo valgo’ es el lema que impregna la mente de todo estudiante.
- Saturación cognitiva. ¿Quién no se ha visto rebasado por una ingente cantidad de información en el cerebro? Si se indica que en los mass media son agentes de la desinformación, considero que es importante revelar que ejecutan labores según normas del Ministerio de Propaganda.
Aquí, la incomprensión se debe a la escasez de tiempo, esto es, el ser humano no está en este mundo para la celeridad, mucho menos para la inmediatez, sino que está para cotejar la información en determinados periodos de tiempo; si determinada noticia es presentada al público, no resulta ningún estorbo la importancia de la noticia y sí, en cambio, el periodo de tiempo para su asimilación. Además, el periodo de comprender requiere que todo ser humano deba estar en momentos de soledad, no para fomentar el ego de cada uno, a la manera del solipsismo (corriente filosófica que indica que no hay más realidad que uno mismo), sino que el comprender requiere alcanzar lucidez por uno mismo. Ya sea en el ámbito universitario, ya sea en la esfera publicitaria, el comprender no está ceñido a procesos externos, no está ubicado en gabinetes que reconfiguran la realidad (estoy pensando en los think tank), sino que el comprender comienza desde el libre albedrío.
- Escuela de Frankfurt. Esta institución diseñada para el criticar sin más, indica que es el objetivismo la causa de la vida que padecemos los humanos, es decir, una vida externa en exceso. Para evitarlo, promueven ‘necesidades espirituales’, término que ya está siendo ultrajado por el uso de la neolengua, al establecer unas necesidades propias del supermercado espiritual, esto es, concebir un problema de liberación negada para impulsar una liberación pseudooprimida. ¿Cómo llegar a comprender tales atrocidades, atrocidades que insultan a la inteligencia, cuando estamos en permanente programación mental? Así, la incomprensión se ve envuelta en pseudoverdades que nos distancian de la realidad.
Dados los inconvenientes expuestos en el ámbito del comprender, comprensión que requiere esfuerzo y magnanimidad para afrontar los retos a que estamos expuestos en todo momento, ya sean del orden natural, ya sean del orden social, ya sean del orden político, es vital fijar unos preceptos de inspiración propia de Félix Martí Ibáñez, extraído de su libro El sentido de la vida.
«El arma más poderosa para la lucha por la vida no es la voluntad como los filósofos más energéticos de Occidente pretenden, sino que esa arma mágica es el pensamiento». Imprescindibles palabras de Félix para evocar la libertad de conciencia, libertad que en ningún momento es solicitada y sí irreemplazable para los tiempos actuales. Es el pensamiento el indicador esencial para que todo ser humano pueda fijarse los quehaceres espirituales, ya que sin el pensar resulta imposible el comprender. Comprender se limita a los métodos del conocer, no ajustado a lo científico; el pensar es la reflexión de la complejidad al estar en la realidad, es decir, el ser experimentado de elaborar saberes que han llegado a uno mismo desde la reflexión estableciendo pausas y hechos sin llegar a restringirse a criterios explicativos y, una vez hallado el saber en cuestión, aplicar el saber y confirmar su acoplamiento a la realidad. El pensar no está acotado a ninguna metodología, no tiene axiomas a los que ajustarse y mucho menos está fundamentado en teorías, a cada cual más extravagante. El pensar es el desarrollo reflexivo lento, y concienzudo, en momentos de soledad, con la aptitud de alcanzar un criterio sin necesidad de ofrecimiento externo, tales como los libros, los manuales, los noticieros.
«Atenernos al concepto de la vida legado por los filósofos, es caminar errantes». Así es, las filosofías adscritas al paraíso, tales como el platonismo, la escolástica y el idealismo alemán, pasando por el materialismo marxista y sin olvido del liberalismo, contemplan lugares de horizontes nuevos en los cuales estamos subyugados, excluidos, ya que son filosofías elaboradas desde la abstracción, negación de la realidad y pensadas en las mentes más despreciables. De ahí que el pensar está alejado de deformaciones de cosmovisiones que desfiguran al ser humano, modo que sucede la incomprensión cuyo paradigma es la indiferencia.
Para ir perfilando, lo mejor es aducir el pensamiento vital. «Únicamente lograremos completar el perfil de nuestra vida cuando logremos que rezume alegría por cada uno de los poros». Es imprescindible vivir en lo energético que es comprender cada decisión, cada reflexión en el que te hallas en cada instante, esto es, es el sujeto activo el que es capaz de comprender las posibilidades, sin llegar a olvidarse que donde hay un ‘yo’, hay un ‘tú’.
Esto, no debemos olvidar que en todo momento estamos fijados a la incertidumbre, situación que no debe atemorizar y sí estimular, debido a que el presente se escribe con el esfuerzo y el coraje, con épica, para construir una vida plena y con sentido. Mejor es la despedida por medio de estas bellas palabras de Félix, «Porque la única realidad eterna e inmortal es la aspiración al bien, el ascenso hacia la Verdad y la Justicia por la ruta del amor».
ISAAC GONZAGA HERNÁNDEZ
alacant_1981@protonmail.com
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