Una alabanza a la alegría, la felicidad y el placer

Publicado el 1 de enero de 2026, 8:00

Por Antonio de La Fuente

 

Últimamente me ha llamado la atención, por discrepar profundamente, la constante y desmedida, a mi juicio, mención al sufrimiento y al dolor que se ha hecho en los mensajes de los canales de la RI. Y no es que esté en desacuerdo o rechace el dolor, por saberlo parte importantísima de la autoconstrucción personal, sino que me sorprende la ocultación sistemática de la alegría y del placer que supone la vida y su importancia implícita en el esfuerzo de la lucha por la libertad. Creo que el miedo a parecer hedonistas o buenistas como la sociedad degradada que criticamos, se ha apoderado de nuestra racionalidad. La alegría, la felicidad, es la otra cara de la moneda, y la que subyace en cualquier acción humana, tanto consciente como instintiva: la pulsión del placer, del principio de supervivencia. 1. Y por supuesto, como no puede ser de otra manera, la que está implicada en el florecimiento de el Comunal. Sin placer, sin felicidad, sin alegría, jamás podrá haber revolución ni vuelta al comunal, y ni siquiera habrá vida, ni amor, si no solo castración y enfermedad. Como dice uno de nuestros filósofos de cabecera, Heleno Saña: “Existen muchas formas de humildad, y una de las más importantes es la de aceptar sin amarguras los límites, condicionamientos y sinsabores inherentes a nuestra condición humana, sin dejar de sentir gratitud por todo lo que la vida nos concede de hermoso y gratificante. Si comprendemos esto comprenderemos también que nuestro paso por la tierra no puede consistir únicamente en placer y plenitud, sino que es inseparable de la renuncia y el sufrimiento.” Y resumido en un refrán de la sabiduría popular: “Sarna con gusto no pica.” Que viene a decir que las incomodidades o sacrificios que uno acepta voluntariamente por algo que desea, se sobrellevan mejor porque la satisfacción del objeto compensa la molestia o el sufrimiento.

 

Intentar explicar esto y defenderlo me costó un debate interno con personas de larga tradición en el movimiento, que me llevó a ser asociado equivocadamente de plantear un discurso oficialista, desnaturalizador de la RI y similar a las bobaliconas posiciones complacientes de la New Age.

 

Comprendo que el ambiente social en la actualidad nos lleve a protegernos de la sinrazón exterior para no contaminarnos de la confusión existente, pero entiendo que el debate interno es necesario en el seno de la RI. Aún necesitamos ir aclarando y desarrollando conceptos, ya queun mismo ideario admite desarrollos y diferentes posiciones que deben defendersesin acritud ni dogmatismos, aunque con resolución afectuosa. Por ello, voy a exponer mi discrepancia en este breve texto, usando diferentes citas de libros y una nota extensa, y hacer así un poco de justicia a esa cara oculta, olvidada y algo machacada en la RI, que es la Alegría, la Felicidad y el Placer bien entendidos.

 

El Comunal no solo fueron bienes materiales, también fueron los bienes inmateriales, que en realidad son la base más importante y la fuente de mayor inspiración de los bienes materiales creados: El espíritu del comunal. La calidad individual, con el anhelo de libertad con responsabilidad para liberarse del Estado y construir una sociedad mejor, autogobernada, fomentando así la solidaridad, la confianza mutua y el amor al prójimo, son la cúspide axial de nuestro ideario. Y no había nada mejor que la Fiesta Popular autocreada para materializar este espíritu y unir esos lazos tan imprescindibles para tal fin. El fin de saberse unidos y queridos para autogobernarse en concejo abierto.

 

“Hubo un tiempo en que los pueblos de la Península Ibérica no sólo apreciaban su cultura, sino que además la construían y creaban por sí. Tenían sus propias tradiciones, fiestas, narraciones, música, prácticas culturales y conmemoraciones, en las que expresaban su singular y propia manera de estar en el mundo, concebir lo humano y encarar los problemas más cardinales de nuestro destino y condición.

 

Sí, aunque muchos no se lo crean, hubo un tiempo no demasiado lejano en que las cosas eran así.

 

Las funciones de la Fiesta Popular eran varias:

La primera, pero no principal, era proporcionar distensión y alegría, jolgorio y goce lúdico a los participantes. Ello se lograba con la comida y la bebida, con la música y la danza, con las bellísimas vestimentas de fiesta y la apropiada apostura, con las conversaciones chispeantes y el bullicio, pero sobre todo por medio de los fuertes lazos de hermandad y mutua consideración que existía entre las personas.

 

En el mundo tradicional rural apenas existía la ebriedad, se bebía vino o sidra, mucho menos cerveza y casi nada destilados, pero se hacía con un grado de autocontención que era cultural y que estaba muy interiorizado. El no saber beber era un estigma terrible.

 

La segunda, y más importante función, era reafirmar los lazos de sociabilidad entre los asistentes.

 

Había que llevarse cada vez mejor, era necesario conocerse, apreciarse y disfrutarse cada día más los unos con los otros. Por eso se explica la cantidad de días festivos al año que había, unos 150 al año, casi un día de cada 3, pues el tiempo de ocio era, ante todo, tiempo de afectividad y relación.

 

Es a destacar que en el presente, las condiciones de existencia mejorarían extraordinariamente si la degradada gente de la modernidad dejara de despreciarse y odiarse entre sí, pero eso no sucede, como lo prueba que el desamor a los iguales, esa especie de peste negra psíquica de nuestro tiempo, se expande mas y mas, amargando la existencia de todos, provocando sufrimientos y desastres, no solo emocionales sino también materiales, por doquier.

 

El tercero era la exhibición en público de habilidades, deportes rurales, colectivos e individuales. Ello no derivaba en pulsiones egocéntricas o narcisistas, sino que , manifestaban la aportación que cada uno hacía a la mejora de la sociedad, al bien común.

 

El cuarto servía como complemento lúdico al trabajo hecho en comunidad. Se trabajaba cantando.

 

Respecto al presente, no cabe duda que la actual sociedad del bienestar, el espectáculo, la fiesta, el alcohol y las drogas, el consumo, la placidez holgazana, el turismo aculturador y devastador, la comodidad tecnificadas, el goce forzoso y la institucional ausencia de dolor tiene como primer propósito mantener al individuo medio en la sumisión y, al mismo tiempo, hacerlo tan débil y flojo, tan cobarde y sin ánimo, tan aferrado a los más pequeños goces y placeres cotidianos que, en el caso que llegase a intuir que su existencia no-libre es intolerable, no encuentre dentro de sí el vigor y los arrestos para alzarse contra el vigente régimen de dictadura, pues, como arguye Diego Saavedra Fajardo, " con las delicias se apaga el espíritu y el valor .

 

De lo que se trata es de, suponiendo que ello sea ya posible, recuperar la fiesta como celebración popular, vecinal y callejera, como acto de convivencia, hermandad y relación, como evento alegre y chispeante, autoconstruido y autogestionado.”

 

Esto es un texto compuesto de extractos del libro Naturaleza, Ruralidad y Civilización de Félix Rodrigo Mora.

 

Otros extractos de obras citadas por Félix, y que son oro puro y de imprescindible lectura, salen del libro Desiertos de la Cultura de Santiago Arauz de Robles:

“Hace aproximadamente dos años, y en el día de Corpus Christi, tuve una conversación muy reveladora con un vecino del lugar. Me dijo que, como ocurre en la comarca que estudiamos, el régimen de concejo abierto había sido en realidad la forma de gestión de los asuntos comunes. Esto daba a cada vecino una sensación de protagonismo que él equiparaba a una sensación de felicidad. Cuando el vecino ha decidido sobre los fondos municipales, fondos que provenían casi exclusivamente de los bienes de dominio público municipal, y se había pronunciado, por ejemplo, porque con los mismos se llevase a cabo la traída de aguas o se levantase un frontón, cada vez que veía correr el agua o jugar a los muchachos en el trinquete, el ruido del agua o del bote de la pelota, retozaba en su corazón. No quiero dejarme llevar por una vena lírica, aunque recuerdo que estoy utilizando de alguna manera palabras ajenas. La felicidad sólo es posible cuando se tiene la impresión, cuanto más real, mejor, de que la vida que se vive es hechura propia y no imposición ajena. Dicho de otra manera, cuando se participa realmente o se puede participar en la configuración de esa circunstancia social que luego va a constituir el ámbito en que se mueve el propio yo. No es que sea condición suficiente, pero si lo es condición inexcusable. Aunque también es cierto que para el logro de la felicidad sea posible, a pesar de que nunca lo será plenamente, hacen falta otros elementos más: un nivel cultural que cree paladar para gustar, la evitación de aquellas carencias físicas que sean verdaderamente insufribles a nivel sensorial, etc. La tenencia de bienes, de un bien cualquiera, puede originar placer. Pero solo la participación en la composición de la propia historia, sólo la participación en su caso en la adquisición o tenencia de ese bien, crea el supuesto mínimo de felicidad.

 

No es retórica afirmar que cuando los pueblos dejaron de autogobernarse, porque empezaron a actuar con eficacia los cuerpos de funcionarios del Estado destinados en los municipios; porque sus decisiones eran revisables desde la burocracia de los Gobiernos Civiles, y porque, además, en un momento en que la elevación del nivel de vida convertía en normal el disfrute de unos servicios para cuya implantación ya no contaban con medios económicos los municipios, tales medios económicos tenían que serle entregados por el Estado, los supuestos para la felicidad del grupo, las condiciones “políticas” de dicha felicidad desaparecieron en la realidad.”

 

Otro de los ejemplos de la importancia del placer está en la Alta Edad Media y su representación libre en el románico, aquí un pequeño extracto de un artículo de Félix: “En la parte escultórica, la única específicamente románica de este templo en lo decorativo, destaca la intensidad y densidad que alcanza lo dual, antinómico y dialéctico. De los dos leones de las enjutas de la puerta uno mata y el otro protege, de manera que una misma realidad es plasmada en su naturaleza contradictoria. Las piezas escultóricas bajo el alero (canecillos) del tejaroz, manifiestan alegría y celebración, un hombre tañe una cítara y otro un rabel (hay además, aunque más alejado, un tocador de alboca), una muchacha canta con impetuosidad y una mujer esgrime un puchero, símbolo de los alimentos que acompañan. Ésta es presentada pariendo, y la criatura que emerge de su útero no sólo tiene un rostro inquietante sino un puñal en la mano. Así, lo desasosegante irrumpe en lo festivo, y el acto de ser madre, siempre sublime, es al mismo tiempo motivo de turbación.”2

 

En otro artículo Félix nos habla de la alegría en la sexualidad y el erotismo: “La “revolución sexual” de los años sesenta aunque acertó al enfrentarse con la represión de lo sexual humano falló en la formulación de un nuevo erotismo. Desconoció la dimensión sublime, pasional, espiritual e integral del Eros. Su propuesta, que aún aletea, era cuantitativa (muchos coitos), simplificada (lograr el orgasmo, en tanto que espasmo agradable), hedonista (el erotismo es placer, sí, pero muchísimo más que placer), mutiladora (ignoró la creación de vida), libresca (a menudo se practicaba sexo porque un panfleto decía que era progresista y “liberador”, vale decir, por imposición), sin pasión ni impetuosidad ni afectividad, por tanto, sin lo más decisivo. Con todo ello degradó el sexo en una rutina trivial, frívola, repetitiva, sin grandeza, tediosa e incluso nauseabunda.

 

En la experiencia erótica ha de entrar lo humano en su triple dimensión. Somos al mismo tiempo: 1) hembras y machos, 2) mujeres y hombres, 3) seres humanos. Al ser mamíferos el sexo humano es siempre coito de mamíferos. Nuestra dimensión animal es magnífica y no puede ser ninguneada. Pero al mismo tiempo somos humanos, mujeres y hombres, con necesidad de simpatía, devoción, cariño, belleza, fantasía, compañía, convivencia, cortesía, entrega, éxtasis espiritual y mutuo servicio. (...)

 

Salvo en sus manifestaciones inferiores el erotismo es un “nosotros”, una fuerza unitiva que atrae y acerca a los seres humanos. Lo erótico nos socializa, nos hace sentir la grandeza y belleza del otro, la alegría de estar juntos, la fuerza de mantenernos unidos, la magnificencia de la fusión interpersonal. No hay asociación mayor entre dos personas que la que se logra en la coyunda, cuando se integran físicamente la una en la otra, desmoronándose las barreras que en condiciones normales separan a los humanos.”3

 

 

Conclusiones

 

En definitiva, el deseo natural de querer vivir mejor y aspirar a un bienestar, no está reñido ni es opuesto al anhelo de libertad y revolución y su necesidad de un esfuerzo inmenso para conseguirla, sino todo lo contrario. Y creo que esta idea es cardinal a nivel estratégico para acercar a la gente común a nuestro movimiento, teniendo una comprensión mayor y más amplia de nuestra cosmovisión. No se puede vender una idea de transformación social, sin el aliciente natural de la felicidad, de la alegría, de la satisfacción. Es ir en contra de la naturaleza y de la vida misma.

 

El mundo moderno del poder concentrado en Estados ha invertido el placer, como ha invertido todos los símbolos para el control de sus súbditos y su mayor beneficio. Éste poder, buen conocedor de la naturaleza humana, explota para su interés todas las pulsiones biológicas humanas, siendo la pulsión de placer la que rige todas, como ya adjunto en la explicación de la nota 1. Pulsiones que son imposibles de eliminar, que no son ni buenas ni malas sino parte irradicable de nuestra naturaleza, pero que dirigidas por el poder, acaban destruyendo al ser humano, como lo son el hedonismo y el placenterismo epicúreos impuestos. Y a la contra es igual. Si solo hablas de sufrimiento, caeremos en otra autodestrucción.

 

 

La búsqueda instintiva del placer -en un nivel subyacente o biológico- es lo innato en el ser humano, y así fue desde las culturas populares más primigenias. La cuestión no es ponerse en contra del placer porque haya sido utilizada por el poder para degradarnos, sino de arrebatarle al poder el dominio de la utilización del placer que lo ha acabado despojando de la unión con los valores humanos y éticos que están por encima, y han de acompañarlo, como la libertad, la verdad, la justicia, el sentido de responsabilidad o deber, etc.

 

Hay que poner a la dopamina, la oxitocina, etc, en su lugar: Al servicio de los grandes valores humanos, al servicio de la gente, al servicio del poder popular, y arrancarsela al poder, que los han explotado hasta límites casi sin retorno. El mayor ejemplo de ello en la actualidad lo tenemos con el desarrollo de las aplicaciones de redes sociales y toda la tecnología de comunicación que está destruyendo los cerebros humanos por la adicción sin fin, y vacía, a la que son sometidos.

 

También habría que preguntarse porqué la gente se hace adicta (que es la búsqueda del placer inmediato) tanto a las drogas mortales como a la heroína o el fentanilo, al alcohol y al tabaco, a las redes sociales, a las religiones políticas, al exceso y bombardeo de información, etc. Creo sin duda alguna, que esto sucede por la falta de encuentro con el placer, la alegría y la satisfacción que está detrás de las relaciones de amor con nuestros prójimos, detrás de la realización del trabajo libre y su celebración con la comunidad, detrás del esfuerzo que requiere la lucha por mantener la libertad individual y colectiva, por unos valores trascendentes.



Así que sí: ¡Pobretes pero alegretes!

¡Que viva el placer del esfuerzo por luchar por nuestra libertad!



Antonio de la Fuente. Diciembre de 2025.

 

Notas

 

1 Breve resumen del sondeo realizado en internet sobre estos conceptos que la ciencia neurológica tiene bien estudiados:

Cualquier acto humano está mediado por el placer, mas tarde o mas temprano. Argumentos basados en Ciencia:

La homeostasis es la capacidad del cuerpo humano para mantener un ambiente interno estable y constante (equilibrio), regulando variables vitales como la temperatura, el pH, los niveles de glucosa, agua y electrolitos, a pesar de los cambios externos; se logra mediante sistemas de retroalimentación (principalmente negativa) que detectan desviaciones y activan respuestas para corregirlas, involucrando sistemas como el nervioso y el endocrino para asegurar la supervivencia y el funcionamiento celular óptimo.

La homeostasis, o el mantenimiento del equilibrio interno, está intrínsecamente relacionada con el placer porque el placer a menudo se experimenta como una señal de que el cuerpo ha restablecido un estado de equilibrio o se acerca a él. El placer motiva al organismo a realizar acciones que restauran la homeostasis, mientras que el dolor señala un desequilibrio que requiere corrección.

 

Cómo se relacionan la homeostasis y el placer

  • El placer como recompensa para restaurar el equilibrio: Cuando un estado homeostático se desestabiliza (como la sed, el hambre o una baja temperatura), el cerebro libera neurotransmisores como la dopamina para crear una sensación placentera que nos motiva a buscar una solución, como beber agua o comer. El placer resultante de la acción (como saciar la sed) es la recompensa que refuerza esa conducta para el futuro.

  • El dolor como señal de desequilibrio: Del mismo modo, el dolor actúa como una señal de un desequilibrio (como una herida) y nos impulsa a evitar la fuente del daño y a buscar curación para restaurar la homeostasis.

  • Equilibrio dinámico: La homeostasis no es un estado estático, sino un equilibrio dinámico que el cuerpo busca constantemente. El placer y el dolor son la forma en que el cerebro procesa los desequilibrios y las restauraciones de este equilibrio, impulsando conductas que favorecen la supervivencia a largo plazo.

  • Más allá de la supervivencia básica: La relación va más allá de las necesidades básicas. Actividades que parecen no tener una necesidad de supervivencia directa, como el sexo, están asociadas a fuertes sensaciones de placer porque, a nivel de especie, son cruciales para la reproducción y la reservación de la homeostasis a largo plazo.

Pero, el principio de placer no está en todos los actos humanos porque está regulado por el principio de realidad. Si bien el principio del placer (buscar la gratificación inmediata y evitar el dolor) rige el «ello» (el inconsciente), el «yo» (la parte consciente) interviene para postergar la gratificación y adaptar las acciones a la realidad externa.

El principio de placer

  • Es el principio que busca la inmediata satisfacción de los deseos y pulsiones del ello para reducir la tensión o excitación psíquica.

  • Está presente desde el inicio de la vida y rige los procesos anímicos en su estado más primario.

  • Un ejemplo es la tendencia a la gratificación inmediata de una necesidad, como la de comer cuando se siente hambre.

El principio de realidad

  • Es el principio que rige el «yo» y que se desarrolla a partir de la interacción con el mundo exterior.

  • Exige posponer la satisfacción, renunciar a ciertas gratificaciones y tolerar el displacer temporalmente para alcanzar un placer mayor y más duradero en el futuro.

  • Un ejemplo es esperar a llegar a casa para comer, en lugar de buscar algo de inmediato, para evitar una reprimenda o una falta de disciplina.

Interacción entre ambos principios

  • Ambos principios operan juntos en la vida psíquica. El principio de realidad actúa como un mediador entre las exigencias impulsivas del principio de placer y las limitaciones de la realidad.

  • En ocasiones, el principio de placer puede prevalecer, especialmente en ciertas pulsiones o en estados de alta excitación, lo que puede ir en detrimento del organismo.

  • El conflicto y la tensión entre estos dos principios son fundamentales para el desarrollo psíquico del individuo.

La relación entre el instinto de supervivencia y el placer es que este último sirve como recompensa para comportamientos que garantizan la supervivencia, como el acto de comer alimentos nutritivos o la reproducción sexual. El cerebro asocia el placer con acciones beneficiosas para la vida, motivando así a las personas a repetirlas. El placer y el dolor funcionan como mecanismos evolutivos para guiar el comportamiento hacia lo que es perjudicial o útil para la existencia.

Mecanismo de recompensa

  • Placer para comer: El placer asociado con alimentos dulces y calóricos, que antes eran escasos, es una recompensa evolutiva que motiva a buscar fuentes de energía.

  • Placer sexual: La intensidad del orgasmo y las hormonas liberadas durante el sexo (como las endorfinas) son una recompensa poderosa para la reproducción, asegurando la continuidad de la especie.

  • Contacto físico: El placer derivado del contacto físico, como los abrazos entre madre e hijo o entre parejas, es crucial para el desarrollo y la seguridad, y está vinculado al instinto de supervivencia y a la unión.

El dolor como contraparte

  • El instinto de supervivencia también está ligado a la evitación del dolor.

  • El cerebro está programado para buscar el placer y evitar el dolor, ya que el dolor a menudo señala peligro o daño, mientras que el placer indica que una acción ha sido beneficiosa.

La influencia del psicoanálisis

  • En el psicoanálisis, el "principio del placer" es la fuerza instintiva que busca gratificar las necesidades básicas y evitar el dolor, operando en el "ello".

  • El placer se puede asociar tanto con la pulsión de vida (supervivencia) como con la de muerte (destrucción), y a menudo el conflicto entre ambas determina los comportamientos.

Limitaciones y adaptación

  • En los humanos, las respuestas instintivas se ven influenciadas por el aprendizaje, la cultura y el contexto social.

  • A diferencia de otros animales, los humanos pueden utilizar el pensamiento racional para ir en contra de su instinto inicial, por ejemplo, al tomar decisiones que no generan placer inmediato pero son beneficiosas a largo plazo.

El circuito de recompensa

El circuito de recompensa del cerebro es una red de estructuras neuronales interconectadas que se activan ante estímulos placenteros o gratificantes, como comer, socializar o cumplir objetivos. Este sistema, que incluye áreas como el área tegmental ventral, el núcleo accumbens y la amígdala, es fundamental para la supervivencia, ya que motiva comportamientos necesarios como la alimentación y el descanso. Su correcto funcionamiento nos ayuda a aprender y a tomar decisiones, mientras que su desequilibrio puede conducir a comportamientos de riesgo o adicciones.

Cómo funciona

  • Activación: Se activa cuando experimentamos algo placentero o anticipamos una recompensa.

  • Liberación de neurotransmisores: Ante un estímulo, se liberan neurotransmisores como la dopamina, la serotonina, las endorfinas y la oxitocina, que generan sensaciones de placer y bienestar.

  • Aprendizaje y motivación: El cerebro aprende a asociar comportamientos con estas sensaciones placenteras, lo que nos motiva a repetir esas acciones en el futuro.

  • Regulación del comportamiento: Este sistema es esencial para regular nuestras decisiones y dirigirnos hacia actividades que son beneficiosas para nuestra supervivencia y bienestar.

Estructuras clave

  • Área Tegmental Ventral (ATV): Un punto de partida principal para la liberación de dopamina.

  • Núcleo Accumbens: Se asocia con la motivación y el placer, y recibe la dopamina liberada desde el ATV.

  • Amígdala: Regula las emociones asociadas a las recompensas.

  • Corteza Prefrontal: Está implicada en las funciones ejecutivas y el aprendizaje, recibiendo señales del sistema.

  • Cerebelo: Controla las funciones musculares asociadas a la acción de la recompensa.

  • Hipocampo: Juega un papel en la memoria y el aprendizaje relacionado con la recompensa.

Relevancia clínica

  • Adicciones: Las drogas y otros comportamientos adictivos pueden sobreestimular el circuito de recompensa, provocando una liberación masiva de dopamina. Con el tiempo, el cerebro puede volverse menos sensible a las recompensas naturales, lo que requiere un mayor consumo de la sustancia o conducta para sentir el mismo efecto placentero.

  • Supervivencia: Es crucial para la supervivencia, ya que nos motiva a buscar y realizar actividades como comer, beber y reproducirnos, que son esenciales para la especie.

  • Otras conductas: Se activa en actividades como escuchar música, hacer ejercicio, o incluso en el amor y la interacción social.

La búsqueda de valores humanos como la verdad, la libertad y la belleza está relacionada con el circuito de recompensa del cerebro, ya que estos conceptos abstractos, al ser percibidos como positivos, activan el sistema de placer del cerebro a través de la liberación de neurotransmisores como la dopamina. Este sistema está intrínsecamente ligado a la motivación y a la búsqueda de experiencias gratificantes.

¿Cómo se relacionan?

  • La belleza: La percepción de la belleza, ya sea en el arte, la naturaleza o una persona, puede activar áreas cerebrales asociadas con la recompensa, como el núcleo accumbens y la corteza prefrontal, provocando sensaciones placenteras.

  • La verdad y la libertad: Aunque estos conceptos son más abstractos, su búsqueda y descubrimiento pueden generar una sensación de satisfacción y logro, que a su vez estimula el circuito de recompensa.

  • La dopamina y la motivación: El sistema de recompensa funciona liberando dopamina cuando se realiza una acción considerada positiva. Esta liberación no solo produce placer, sino que también motiva a repetir el comportamiento que llevó a esa sensación, ayudando a aprender y a motivarse a buscar experiencias que se perciben como valiosas.

  • Una función evolutiva: Originalmente, este sistema estaba diseñado para motivar comportamientos esenciales para la supervivencia, como comer o socializar. Sin embargo, el cerebro humano se ha adaptado para encontrar recompensas en estímulos más complejos, como los ideales y los valores.

El esfuerzo está relacionado con el placer, principalmente porque el esfuerzo que se realiza para conseguir un objetivo aumenta el valor y la satisfacción que se obtiene al alcanzarlo. Además, el esfuerzo se alterna con el placer en un ciclo de trabajo y descanso, donde el placer funciona como un intervalo de recuperación, pero la vida se desarrolla a través del esfuerzo.

Relación entre esfuerzo y placer

  • El placer del esfuerzo cumplido: Cuando te esfuerzas para lograr algo, la satisfacción de ese logro es mayor. La cantidad de esfuerzo que inviertes se correlaciona directamente con el valor que le das al resultado.

  • El placer como recuperación: Los momentos de placer a menudo actúan como un descanso después de un periodo de esfuerzo. Es el intervalo de recuperación que permite seguir adelante con la siguiente fase de esfuerzo.

  • El esfuerzo placentero: Cuando el esfuerzo se vincula con el disfrute y el interés personal, se convierte en un motor que fomenta la disciplina y la perseverancia sin que resulte doloroso.

  • El placer no es el objetivo final: Una vida dedicada únicamente a la búsqueda del placer puede ser perjudicial. El placer prolongado sin esfuerzo puede ser insatisfactorio, ya que el cerebro se acostumbra a él y no tolera los momentos de exigencia.

  • El esfuerzo como camino hacia la plenitud: La superación de los límites a través del esfuerzo puede llevar a una mayor plenitud y satisfacción que el placer momentáneo. El esfuerzo tiene la capacidad de generar una sensación de triunfo más duradera.

En resumen, no se trata de que el esfuerzo y el placer sean opuestos, sino de que se complementan y se necesitan mutuamente. El esfuerzo nos permite alcanzar logros significativos, mientras que el placer nos proporciona momentos de descanso y disfrute en el camino.

 

2 https://felixrodrigomora.org/el-templo-romanico-de-san-martin-de-artaiz-navarra-o-las-desventuras-de-una-historia-amanada/ Para mayor ampliación del Románico leer su libro Tiempo, Historia y Sublimidad en el Románico.

 

3 https://felixrodrigomora.org/erotismo-y-recuperacion-de-lo-humano/

 

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