Tres poemas

Publicado el 1 de junio de 2024, 12:13

Por Antonio de la Fuente

Tiempo estimado de lectura: 5 min

 

 

NUESTRA FARSA

 

Amamos tanto nuestra falsa libertad

nuestro destino de esclavos

tanto

como nuestra farsa de lo bien que estamos

solos

solas

independizados

aún estando acompañados.

 

O de lo buenos que somos

y tan desarrollados

sin buscar ninguna lucha

fluir sólo.

 

Con tal de no pararnos a pensar

y no bajarnos

del superfluo gozo que nos da

mirar para otro lado

y bailar lo absurdo hasta el final.

Porque ¿para qué hacer más?

contaminarnos

estar acompañados

de una idea

de una mentira

constante y agradable

que nos empeñamos en contar

en repetir

en ocultar.

 

Aunque seamos esclavos

de un Dios artificial y liberado

aún nos podremos retirar

y reposar juntos

en el acantilado del fuego del nuevo hogar.

 

 

 

OJALÁ

 

Ojalá se acabe este mundo ya

y de comienzo otro

aquel otro que ya fue

aquel otro un poco mejor

para uno nuevo por encontrar.

 

Ojalá se acabe ya el petróleo

para que la gente se junte

a cantar en el campo

mientras recoge la hierba

y se alza el balagar.

 

Ojalá se acabe

pero no para morir

más bien para traer la vida

lejos de la aburrida abundancia

y de la derrota del sudor.

 

Ojalá se acabe

para que la inteligencia vuelva

y se convierta en natural

y no seamos suprimidos

por inteligencia artificial.

 

Ojala se acabe

para poder tener un burro

sin que a nadie haya que pagar

para poder usar la tierra

sin que a nadie pelear.

 

Ojalá, ojalá se acabe

se acabe este mundo ya

para que los vecinos cobardes

pierdan todo el miedo ya

y se acuerden que un día

entre todos sabíamos pescar.

 

Ojalá se acabe ya

para no marchar tan rápido

a escondernos del reloj

o de lo inevitable

para que vuelva ya el amor.

 

 

 

SIN PUEBLO

 

Nací en la Ciudad

yo no tengo pueblo.

 

Nací en la fábrica de niños

repletas de camas sin fuego

para cumplir sin rechistar

el camino encerrado del túnel

que desembocará

entre tinieblas de suicidio

y salas de espejos invisibles

en un ligar sin nombre

en un tiempo sin recuerdo

hasta la llegada del fin de los ancestros.

 

Allí nací

entre cables y ruidos de aparatos

de la última generación

y soldados del régimen del apocalipsis.


Dicen que uno no es de dónde nace

sino de dónde pace.

 

Yo me crié

entre el sonido interminable de las autovías

y los aullidos del tren de mercancías.


Los que tejen el manto del mundo

están sentados ya en todas partes

son todos tus vecinos y todas las madres.


La vida siempre queda entre sus muros

atrapada y angustiada

no queda ya camino que llegue a puerto.

 

Pero nuestro mundo ha muerto

allende el pueblo

 

Esterilizadas las alas blancas y las quejas

Para esterilizar el vuelo de los pájaros

y el vigor de sus bandadas.

 

Aunque aun la vela de una cabaña

quedará encendida

y silenciosamente legendaria.

 

 

Antonio de la Fuente

 

 

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