Reflexiones sobre el esfuerzo, el placer y la Revolución integral

Publicado el 28 de febrero de 2026, 11:45

Por Antonio de la Fuente

Fiesta popular de Los  Caretos.

Autora de la foto: tawneyb

 

Siguiendo con el debate abierto en el número anterior (1), escribo este texto, con esfuerzo desinteresado y con placer al mismo tiempo, en contestación al escrito que los compañeros Jesús y Tombol me dirigieron, con la esperanza, la humildad y la sinceridad que creo necesarios para este empeño. Vaya por delante mi agradecimiento, afecto y respeto a estos amigos. No es mi intención ganar la razón, ni que estemos de acuerdo en un interminable debate con muchos matices e interpretaciones, sino reflexionar con la puerta abierta para que entre el aire.

 

 

El ser humano tiene la mala manía de que, para compensar las malas ideas, las malas acciones, o lo que considera erróneo, construye otras completamente opuestas y se instala allí, cavando una trinchera, como para restablecer el equilibrio. Como un péndulo. No advierte que está cavando otro agujero de igual medida en el otro lado del río, buscando el agua para calmar su sed, pero teniendo el agua más fresca fluyendo en el río por el cual atravesó, y que no se dio cuenta de ver, ni se paró a sentir, porque deseaba, ciega y visceralmente, compensar aquel error predicho.

 

Y así le ocurre en la historia de su vida muy a menudo, y así también ha ocurrido en la Historia de la filosofía y la política. Quizá porque tenemos miedo a ahogarnos en la corriente de la vida y de la realidad, que nos exige muchas más capacidades. Preferimos no aprender a nadar para no enfrentarnos al susto de lanzarnos al mar, precisamente por el displacer o el miedo que nos pudiera acarrear, incluyendo la posibilidad de la muerte. Preferimos quedarnos en la otra orilla haciendo tierra, pero cavando ciegamente otro agujero igual.

 

 

Por eso me llamó la atención el nombre del título: La libertad no es placentera. Así de fulminante. Así de gratuito. Sin más matices. Pero a mi juicio, si se afirma esta sentencia, se está incurriendo en la falsedad de un determinismo parcial. Como es lógico, y sabemos que es así, la libertad requiere de un esfuerzo inmenso, de un sacrificio y de una enorme cantidad de sufrimiento para ser conseguida y mantenida. Esto ha de ser expuesto y restaurado en estas sociedades hedonistas que huyen del esfuerzo que requiere luchar, si se quiere ganar la libertad. Pero ese esfuerzo y sufrimiento no puede, y no debe, eliminar la vital necesidad de experimentar placer, alegría, y satisfacción por lo logrado o por la lucha en sí misma. Siendo estas de inexcusable incorporación a una vida integral para una revolución integral. Pero no hay que confundir la alegría o el placer, con una sonrisa tonta en la cara. Seamos un poco serios con la alegría y el placer.

 

Libertad no es libertinaje, el libertinaje vive en el terreno del hedonismo, que es el placer sin vocación moral. La Libertad vive en el terreno del placer bien entendido. Comparte contienda con el esfuerzo. Un placer bien entendido sería el que viene después, o acompaña, el esfuerzo por ejercer la libertad, la dignidad, la responsabilidad. El mejor ejemplo es la Fiesta Popular autocreada por las diversas culturas. Porque placeres hay de muchos tipos, y hay uno especialmente necesario, el placer espiritual por acciones trascendentes.

 

Leamos la definición de la RAE:

 

    • nombre masculino
      Goce o disfrute físico o espiritual producido por la realización o la percepción de algo que gusta o se considera bueno.
    • nombre masculino
      Diversión, entretenimiento.
    • nombre masculino
      desusado
      Voluntad, consentimiento, beneplácito.

Parecería entonces que os quisierais acoger parcialmente e intencionadamente a la segunda de las acepciones. La cual no es mala per sé, si se entiende bien y se le da un sentido.

 

Yo me declaro más defensor de la primera acepción, y curioso, muy curioso ante la tercera, que me hace sospechar que va a ratificar lo que venía diciendo por pura y simple intuición. ¡¡Pero esto me pilló de sorpresa cuando abrí el diccionario!! y quizá requiera de una investigación más concreta y profunda.

 

Sobre la primera acepción, habría que definir qué se considera bueno. En el caso que nos ocupa sería el deseo de libertad con responsabilidad como un deber humano ineludible, o el deber de respetar esa libertad en los otros seres humanos con los que compartimos vida.

 

El esfuerzo y servicio desinteresado conlleva un placer espiritual, en tanto que se sabe realizado en favor de la construcción de una sociedad mejor, que recupere la libertad, el autogobierno, donde el amor al prójimo sea la base necesaria que lo promueve.

 

Creo que el camino de construcción de otra vida puede (y quizá debe) ser recorrido con alegría, con placer; si no es así, será mala señal. Creo que en la RI falta espontaneidad y sentido del humor. Y sobra puntillosidad y solemnidad. Falta variedad y vitalidad (que alguna vez tuvo) y sobran llamamientos a la épica heroica. Demasiado gusto por lo sublime. Y hay un exceso de discurso racional y mental, cuando ya no se convence a nadie (si es que alguna vez ha ocurrido) a base de argumentos meramente racionales, por muy buenos que sean, sino con el ejemplo, con la actitud y con la acción.

 

“El texto ha generado perplejidad y extrañeza en nuestras filas” pero el que se quedó perplejo fui yo leyendo frases como ésta, primero porque ¿qué significa nuestras filas?, ¿no es esto incurrir en el paternalismo? Se podría haber dicho mejor en “algunas personas de nuestras filas” ya que yo mismo me he encargado de conocer la opinión sobre mi texto de muchas personas que forman la RI y su entendimiento ha sido casi pleno. Esto me sugiere algo muy peligroso: ¿Se está construyendo un centro dogmático que dificulta la libre expresión y circulación de las ideas a la que la propia RI se opone?, ¿cuál es la raíz de esto y de este “poder ideológico concentrado" que parece estar acechando, y a la que la RI se declara contrario? Yo supongo que es el miedo a diluirse en la pluralidad de vías y de interpretaciones que el río de la realidad impone. O pensar en salvar a la RI. Pero ya sabéis, quien desea salvar su vida, la perderá.

 

Sin duda una de las facetas humanas más peligrosas que existen y que amenazan siempre a un ideario como el de la RI, de comunidades que pretenden construir un sistema asambleario con cargos rotatorios y horizontal sin poder concentrado, es el anhelo y la tendencia por el poder que la condición humana posee. En el imaginario colectivo está la frase que reza: la revolución devora a sus hijos.

 

En vuestro texto escribís: “Con el concepto de “placer” ha pasado esto. Al ser el lenguaje una manifestación más de la cultura imperante, una estructura social sin libertad, como la nuestra, ha definido justamente los términos bienestaristas enfrentándolos precisamente a su enemigo, la libertad con responsabilidad. Por eso dicho término está especialmente cargado de negatividad en nuestra concepción existencial, porque está vinculado a experiencias agradables, vinculadas a sensaciones fisiológicas complacientes, fácilmente manipulables desde el Poder y su industria del apetito, creando esclavos felices que retroceden horrorizados ante cualquier proyecto emancipador sin recompensa lúdica.”

 

Así es, esa frase podría haberla incluido en mi escrito y es precisamente lo que creo decir. Estamos de acuerdo. Que esté cargada de negatividad no lo voy a negar y por eso mi propósito es ponerla en el lugar que merece. Sin demonizar y sin mutilar así una parte imprescindible de la esencia concreta de la vida humana.

 

El poder no crea esclavos felices, en realidad son brutalmente infelices como ya apunta Félix en su Manual (2), pero si crea un espejismo, un hechizo al que someten a toda la población. Yo afirmo, y parafraseando a Félix cuando habla de recuperar la amistad en este mismo número de la revista, que para sobrevivir al apocalipsis en el que ya estamos, y para vencer en él, necesitamos recuperar (el concepto de placer). Cuando el orden estatal y capitalista contemporáneo se está desmoronando en todo el mundo, amenazando con sepultar bajo sus cascotes y escombros a una parte decisiva de la humanidad, la categoría (de placer y el placer vivido con sentido) es una parte fundamental de nuestra tabla de salvación.

 

En esta frase estamos también de acuerdo: “podríamos decir que el Poder instituido, especialmente en su última versión, ha inducido al cerebro humano a buscar el placer y rehuir el dolor, y que la ciencia, como tantas veces, avala a su pagador.”  En realidad, el poder, a sabiendas de la naturaleza del ser humano al que va a dominar, esclavizar y someter al dolor espiritual extremo del trabajo asalariado y pagador de impuestos, necesita ser justificado, y usa la ciencia para dar a la masa la contraparte imprescindible que necesita: el placer necesario para sobrevivir, pero suministrado por él, de las formas más diversas, devastadoras y nefastas que ya conocemos, como son el consumismo, el hedonismo y el placenterismo. El poder utiliza parcial e interesadamente el conocimiento científico para justificar su relato, invalidando o censurando otros posibles.

 

La virtud debería integrar el dominio del placer. Dominar el placer y degustarlo, responsabilizándonos de él y poniéndolo bajo la dirección de las metas importantes, es la verdadera virtud.

 

El hedonismo evita el esfuerzo por algo mejor, buscando el placer vacío de contenido axiológico, lo instantáneo. El esfuerzo desinteresado, y el combate por valores trascendentes, contiene un placer vital, un placer espiritual, y un placer completo.

 

Nadie es más feliz que aquél que no necesita la felicidad”. Otra frase que usasteis en vuestro texto y que presumo es coherente con lo que planteo, porque para ser feliz no necesitas perseguir la felicidad, sino hacer lo que tienes que hacer por encontrarle sentido y valor y así quizás encontrar la felicidad, o lo que cada uno crea que es eso, término el cual también habría que definir fuera de muchos parámetros y prejuicios impuestos. Como expresaba sobre la esperanza Vacáv Havel cuando decía que la esperanza no es la convicción de que algo saldrá bien, sino la certeza de que algo tiene sentido, independientemente de cómo resulte.

 

 

Aquí viene uno de los mayores embrollos que este debate ha podido generar, porque en su texto parecen estar de acuerdo al comienzo, pero no acaban de entenderme al final. Intentaré hacerlo de otra forma.

 

“El placer necesita ser ubicado en la polifacética versión integral postulada por la RI, pero siempre reconociendo su papel gregario supeditado a las grandes metas a las que aspirar, y tal vez sea esto lo que el autor quería indicar apuntando en las conclusiones que los estímulos placenteros deben supeditarse a conceptos superiores, que deben comandar nuestra actividad, aunque también introduce que estos valores dirigentes han de acompañar al sentido de lo plácido, con lo que no acabamos de entender muy bien cómo se consumaría ese maridaje, cuando entre ellos surja un conflicto…”

 

No, es al contrario, lo plácido acompaña (no siempre al instante) y culmina los valores dirigentes. Se cae en un error de racionalizar y jerarquizar en exceso, cuando la mayoría de las veces los fenómenos en la naturaleza se dan a la vez, no se entorpecen. Por eso no surge conflicto, o al menos un conflicto paralizador, porque como he dicho, en toda elección de acciones supeditadas a valores éticos que requieren sacrificios, el placer está -o debería estar- esperando o acompañando, si estos se realizan con sentido, con conciencia. ¿O es que nadie ha sentido placer al hacer un esfuerzo grande por alcanzar algo que desea, incluso si es desinteresadamente? ¿O es que nadie después del esfuerzo siente satisfacción, que es equivalente a placer?

 

Así que el conflicto se supera rápido, porque el placer nunca es de realización constante e inmediata (¿exceptuando el hedonismo o el placenterismo?) sino que hay un esfuerzo anterior a él. Es el principio de realidad, que exige posponer la satisfacción, renunciar a ciertas gratificaciones y tolerar el displacer temporalmente para alcanzar un objetivo superior, y en consecuencia un placer mayor y más duradero en el futuro. Un ejemplo banal es esperar a llegar a casa para comer, en lugar de buscar algo de inmediato, para evitar una reprimenda o una falta de disciplina.

 

Todos los ejemplos puestos en vuestro texto sobre el sacrificio (acción sagrada) como el del cuidado de los propios hijos, etc., traen placer, satisfacción y alegría por el hecho de hacer esos sacrificios y ver a tus hijos bien, cuidados y a ser posible contentos (alegres), disfrutando de la vida a la vez que aprendiendo del esfuerzo y la responsabilidad. O al menos debería de ser así. ¿Qué les diríamos a las mujeres para motivarlas a tener hijos en caso de que el parto, o la vida de crianza les diera terror?, ¿No es más sensato y pedagógico decirles que ese dolor y sacrificio tiene una contrapartida enorme, que se traduce en AMOR, que en definitiva es PLACER, placer de alto nivel, que es del que trato de hablar, y del que la vida no debería de prescindir, como no deberíamos de prescindir de tener hijos? , ¿Cómo se quiere repuntar la demografía sin un concepto sano de placer?, ¿se pretende hacerlo demonizándolo? Me pregunto entonces si cuando se practican los actos sexoafectivos se hacen por deber o por placer. ¿No nos estaremos pareciendo a los curas falangistas, que promocionaban niños para España, pero solo por “deber”, nunca por placer, por amor? El placer bien entendido siempre fue peligroso para el poder.

 

Otro ejemplo puede ser cuando uno decide construir o rehabilitar una casa por sí mismo. Esa acción se puede hacer por sentido del deber, de necesidad material y espiritual, también por deseo de libertad, creatividad y belleza. Todos estos valores son elevados. Pero esa acción además de conllevar mucho esfuerzo, también conlleva el placer, la gratificación de ser uno mismo ejerciendo esa libertad, de disfrutar de la belleza de lo creado, de la alegría de hacerlo junto con la ayuda desinteresada de tus amigos y vecinos, y porqué no, de celebrarlo. La casa no se hace con el fin de hacer una fiesta por su realización, pero la fiesta recompensa el esfuerzo, y además ayuda a entender que la vida por ser sufrida también lo es alegre y placentera en igual medida. Quizás sea eso lo que llaman felicidad. Y de esa forma natural de concepción de la vida en comunidades con ese grado de libertad, se fueron creando las culturas populares, sus fiestas, tradiciones, folklores y gastronomías.

 

La fiesta popular la hacía la gente común con su esfuerzo, lo que vuelve a llevarnos a lo mismo: las reglas del juego, las reglas de la comunidad, la naturaleza tiene un orden, por tanto, el ser humano también, de ahí la biología, el binomio o la dialéctica en la vida, como lo es el esfuerzo y el placer.

 

Hay otros argumentos que ofrecéis que no comparto. En ningún momento hablo de exclusividad lúdico festiva en la fiesta popular. Porque se vuelve a confundir el placer y la alegría con una única acepción, la segunda del diccionario, la de la diversión. Pero también una mala interpretación de la lógica y de la Historia. La fiesta popular tenía una función muy importante de reafirmación de la identidad de un pueblo, algo imprescindible para poder luchar juntos y con fuerza contra el enemigo antagónico del pueblo, el Estado. La homogeneidad del pueblo y de su cultura, eran necesarios e imprescindibles, y por ello el poder se encargó enérgicamente de destruirla.

 

Como dicen mis amigos en su texto, la tendencia al placer fue un factor que desencadenó la pérdida de su soberanía, y estoy de acuerdo en parte, porque la pregunta que me hago sería, ¿por qué el placer cambió de bando y se inclinó hacia el hedonismo vacío de metas morales? Culpar al placer en sí es como mirar al dedo que señala a la luna, ¿No hubiera sido causa también la tendencia a querer concentrar el poder y la habilidad manipuladora de algunos de sus individuos para ello, y que esto fue ganando terreno en los nuevos escenarios históricos?, ¿no fuera más bien la presión que el Estado impuso a golpe de fusil, robando sus comunales y por tanto decapitando todo el entramado que daba sentido a su unión, su lucha y a su placer? ¿de los cambios culturales que se dieron en toda Europa que desembocaron en las Revoluciones Liberales?

 

¿Acaso sugieren finalmente mis amigos, que hay que eliminar la tendencia al placer per sé? Sí, eso parece, pero no sé muy bien en qué nos convertiríamos, y si seríamos capaces de llevarlo a cabo sin salir muy sanos del intento.

 

Como comenta Edgar Morin, otro de nuestros filósofos de cabecera, y que creo es parecido a lo que quiero expresar “¿por qué parece que en nuestra sociedad es difícil encontrar la felicidad a pesar de que nunca habíamos tenido tantos recursos como ahora?” El filósofo es muy crítico sobre cómo ha evolucionado nuestra sociedad, muy marcada por el individualismo. "Yo viví en mi juventud una época en que los vecinos no sólo hablaban entre ellos, sino que se ayudaban. Charlabas con el dependiente de la tienda… Hoy asistimos a la destrucción de la convivencia. Algo queda, con los amigos, con la familia", destaca este pensador. (3)

 

 

El tema del placer y la felicidad siempre han sido un rompecabezas en la historia de la filosofía, no pretendamos quitarlo de en medio de un plumazo para ahorrarnos el esfuerzo y el displacer de pensar una salida adecuada a él y a la comunidad humana que busca la libertad.

 

Notas

1.-https://www.virtudyrevolucion.org/numeros-de-la-revista/numero-35-febrero-2026-1/2973917_la-libertad-no-es-placentera

 

2.-“Obsérvese que esa felicidad estatalmente producida es obligatoria y universal “de todos”, y que no EXISTE LIBERTAD PARA ESCOGERLA O RECHAZARLA, la imponen, nos la imponen. No hay sitio para la infelicidad elegida, porque quien tal escoje eso es tachado de loco, ni tampoco para la felicidad (..) Con los pies en la tierra observamos que en la realidad del presente la infelicidad real del individuo medio es descomunal, desmedida e indeseable. Así pues, la palabrería sobre la felicidad oculta una infelicidad real superlativa”. Manual para una Revolución Integral Comunal Vol.2  página 269/270. Yo añadiría una enorme cantidad de enfermedades, tanto físicas como mentales y espirituales, que de nada sirven para la revolución, quizás sí, en parte, al poder de los Estados.

 

3.-https://www.elespanol.com/ciencia/20260121/edgar-morin-anos-filosofo-felicidad-fragil-importante-aprender-vivir-forma-poetica/1003744097123_0.html

 

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