Por Tombol
Reflexiones tras el visionado de la película Rams (el valle de los carneros) de Grimur Hákonarson (2015).
SINOPSIS: En un remoto valle islandés, dos hermanos y vecinos que no se hablan desde hace 40 años, se van a tener que enfrentar a las medidas coercitivas gubernamentales establecidas en una alerta sanitaria por una enfermedad que afecta al ganado bovino de la zona.
Tras el visionado de esta más que interesante producción, disecciono seguidamente los aspectos que más me han llevado a reflexión:
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Rams es una historia real que, al director Grimur Hákonarson, le contó su padre siendo muy joven. Una historia que se relata tal como aconteció, sin prácticamente aditivos, y que reúne una serie de situaciones que son muy reconocibles en cualquier cultura, aunque en este caso se desarrollen en una asolada zona del norte de Islandia: Odio entre hermanos, el mundo de la ganadería, la asociación vecinal rural… las medidas estatales aplicadas para regular el sector primario.
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Es extraño, reviso un montón de críticas y ninguna comenta esta cuestión (la de las medidas coercitivas estatales sobre la ganadería). Como si no fuera importante. O como si fuera lo más normal del mundo. Se “cargan” cien mil carneros y ovejas y aquí no ha pasado nada.
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¿Se puede uno fiar de las medidas aplicadas por el Estado? Son medidas que han pergeñado los tecnócratas, los funcionarios a sueldo del Estado, gente que no tiene ni pajolera idea de lo que es un carnero. Que desconocen todo sobre la gente que vive en el campo. Que ignoran absolutamente todo lo que concierne al mundo rural.
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El director vivió, de joven, en un espacio rural, junto a su familia, y eso se nota, no nos deja una imagen rural impostada. Y conoció lo que fue vivir con animales, y eso también se nota, pues se evidencia la consideración que tiene hacia ellos, los valora como lo que son, seres vivos que tienen una función social junto al ser humano. No parece que las autoridades lo tengan tan en cuenta, vista la facilidad con que se decide eliminar a esos animales (o a otros, ahí tenemos lo que está ocurriendo hoy en día con las gallinas).
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En la película, todo surge a partir de una enfermedad que afectaba a los carneros y ovejas, la tembladera, de alta transmisión en el medio rural. No discuto sobre la gravedad que supone esa enfermedad (lo he investigado), pero… ¿de verdad, la única solución pasa por sacrificar el 100 por 100 de los rebaños, indiscriminadamente?
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Hoy en día se denigra, con facilidad, a los habitantes del mundo rural. Viene ya de antiguo, de este siglo pasado. Sí es cierto que el mundo rural de hoy no es el de hace una centuria o más. En la película, los habitantes del campo viven solos o en familias muy reducidas, tal es el aislamiento y abandono a que se ha abocado al sujeto común de hoy (particularmente en el medio rural). Aun así, todavía perviven en ese medio sujetos con particulares valías, consecuencia seguramente de no vivir en un entorno tan acomodado como es el de la ciudad, mayormente. Quizás por eso las medidas estatales no hagan otra cosa que seguir machacando a esas pequeñas comunidades rurales tan valerosas y dignificadas.
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En Rams, dos hermanos, que viven uno cerca del otro, no se hablan desde hace 40 años. Las enemistades surgen, a menudo, entre seres humanos, y ello ocurre más fácilmente si no hay una cosmovisión común fuerte o un apoyo de la comunidad que ayude a limpiar cualquier clase de aspereza que surja entre sus miembros. Hoy en día, apenas hay cosmovisión alguna, y tampoco hay comunidad sólida alguna. ¿Quién se ha cargado la vida rural, tal como se conocía antes?
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El director Hákonarson refleja bien, en el metraje, el frio y deshumanizado quehacer de los funcionarios e inspectores que se encargan de cumplir las órdenes de las instituciones del Estado. La presencia y maneras de hacer de esos funcionarios, una auténtica pesadilla. El sujeto del rural, está vendido. Cumplir las órdenes, aboca a éstos últimos a la desaparición. Por eso se puede comprender, perfectamente, y aplaudir, el intentar actuar al margen de la ley.
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No deja de ser curioso que, al final, lo único que consigue unir a los hermanos, es su posición común contra la acción estatal. Lo cierto es que esa unión llega de rebote, sin haberlo pensado previamente. Si las comunidades rurales fueran capaces de unirse, con un mínimo de conciencia, frente a la aniquiladora acción estatal contra el rural, otro gallo cantaría.
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Pienso que el director Hákonarson, en realidad, tiene una conciencia relativa de la problemática rural actual, más bien escasa. Conoce lo que conoció por su padre, de joven, y esa experiencia le ha servido para hacer esta película, lo que no es poco. He indagado sobre el director islandés y he visto que está muy contaminado por idearios de la modernidad más adoctrinadora, como el feminismo. Por eso sé que su concienciación es parcial. Ha hecho una buena película, y se lo debe a su padre. De todas formas, no le quito los méritos que le corresponden.
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Esta historia, verídica, nos enseña que el mundo rural está desapareciendo, a la vez que el mundo de las urbes crece más y más; que el camino que transita el mundo civilizacional moderno, con sus miles de disfunciones y destructividades, está acabando con todo lo que es auténtico, con lo esencial, con lo que es propiamente humano; que esa destrucción, como digo, alcanza también a los seres humanos, y que están dejando de ser tales, para convertirse en seres-nada; que en esta vida sólo lo que es propiamente humano vale la pena esforzarse en mantenerlo, y esto solo puede ocurrir en un medio natural en óptimas condiciones; que las enfermedades, deterioros y anomalías que proliferan cada vez más entre todos los seres vivos son un signo definidor de lo que es el mundo contemporáneo, y que las causas que las generan no se ven o no se quieren ver, pues tienen una relación directa con el monstruoso desarrollo de los sistemas reguladores, tecnológicos, contaminadores y depredadores implantados desde un sistema de poder cada vez más concentrado; el pequeño ganadero, el pastoreo en extensivo, es una labor vital para el saneamiento y mantenimiento del medio rural, eso lo saben los que han trabajado en ello toda la vida y también cualquier estudio mínimamente serio, pero parece que a nadie le importa, o que es “una pérdida inevitable”, lo que demuestra la carencia de una mínima conciencia sobre la cuestión.
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En el ser humano habita el amor fraternal, hay que saber buscarlo. Vemos que la ecuación inversa es lo que se propaga hoy, esto es, a mayor concentración de poder en pocas manos, más disgregación del poder de la comunidad humana, que se aísla y enfrenta entre sí. Las mezquindades y pequeñas miserias nos separan de nuestros iguales. Uno puede perdonar, con mayor probabilidad, a su igual, cuando lo conoce y de alguna manera ha compartido vivencias con aquel, y eso solo puede acontecer cuando se vive en comunidades no muy grandes, cercanas, que se autoorganizan, repartiendo tareas y responsabilidades, celebrando y compartiendo juntos, con dignidad propia, con una libertad aceptable.
(En este enlace se puede ver el filme https://m.ok.ru/video/6031074855582)
Tombol
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