Editorial 34 - Función y misión del movimiento para la RI aquí y ahora

Publicado el 1 de enero de 2026, 8:02

Por Félix Rodrigo Mora

 

Conviene comprender objetivamente, de manera dialéctica, la significación del movimiento a favor de la revolución integral (RI) hoy, en un contexto global de hiper complejidad, de suma de calamidades varias y, por ello mismo, de acumulación de enormes posibilidades.

 

Estamos en el seno de sociedades muertas habitadas por seres nada, sujetos multi desestructurados, desprovistos por el régimen constituido de aquellos atributos que definen lo humano. El inmenso poder de las elites mandantes, consecuencia de los muy numerosos y muy poderosos instrumentos de dominación de que se han ido dotando en los últimos doscientos años, ha constituido formaciones sociales e individuos degenerados, ambos de manera colosal y acumulativa. De ahí la casi universal docilidad, pasividad, debilidad, torpeza, disfuncionalidad e inhumanidad. Son individuos negados para el bien y muy activos respecto al mal. No sólo temen, sino que odian la libertad. Faltos de vigor físico y psíquico malviven para las monomanías que las élites los han impuesto, el placer, la felicidad, la huida de la realidad, el dinero, el poder, la cobardía, la pereza, la ignorancia, la amoralidad, el autoodio. Su lema es “divertirse hasta morir” con la particularidad de que hoy el divertirse es pasado y el morir presente.

 

Pero, en medio de ese inmenso campo de ruinas existen personas lúcidas, integras y morales, que contemplan con estupor, dolor y furor la actual hecatombe de lo humano. Son la otra fracción de lo real sociológico, el otro polo de la contradicción1. A ellas se dirige el movimiento por la RI. Son muy pocas, un porcentaje muy pequeño, pero de un inmenso valor cualitativo y de futuro. Generalmente, se sienten solas y rechazadas, no alcanzan a comprender a cabalidad lo que está sucediendo y no consiguen formular los remedios apropiados. Pero están ahí, y, tal como evolucionan los acontecimientos en Europa y en el mundo, cada vez van a ser más numerosas, dentro de su condición inherentemente minoritaria, y más conscientes.

 

De ellas resulta el movimiento por la RI y a ellas se dirige.

 

Un hecho que favorece a éste es la actual hecatombe de las ideologías. Se ha constituido una realidad mundial en que todas y cada una de las ideologías está en el gobierno de al menos un país poniéndose con ello en evidencia en la práctica. La extrema derecha en EEUU, el fascismo mussoliniano en Italia, el liberalismo republicano en Francia, el anarquismo en Argentina, el despotismo oriental neo zarista en Rusia, el fascismo marxista-comunista en China, el islam en Irán y Arabia, el izquierdismo de los muchos “ismos” en España, el progresismo desarrollista en Polonia y Corea del Sur, el antiimperialismo en Venezuela, el nacionalismo de Estado nación en Euskal Herria, el racismo antiblanco en Sudáfrica, la “espiritualidad oriental” en la India, el sionismo en Israel, el “independentismo” de pega en Cataluña, el fracaso absoluto de una ideología sin ningún fundamento objetivo en Cuba y así sucesivamente2. De ese modo, todos los sistemas, ideologías y creencias se están refutando a sí mismas de la más efectiva manera posible, en la experiencia. Están mostrando que son una única ideología del poder y del dominio, los mismos perros con distintos collares…

 

Enfrente y en oposición a ellas está el ideario, sistema de valores y programa de la RI. Cuando todo dogmatismo está siendo triturado por la realidad misma, aquélla se manifiesta como un sistema de propuestas y formulaciones en positivo, que ofrecen respuestas, al mismo tiempo razonables y radicales, a los grandes problemas de la sociedad y el ser humano en el siglo XXI. Sin teoréticas, sin lucubraciones, sin invenciones funestas, sin majaderías, sin demagogia, poniendo en primer lugar al ser humano real concreto. Desde la realidad misma como presente y pasado, desde los valores positivos (pero no desde los negativos) de la cultura occidental, que es la nuestra.

 

Nos encontramos en un tiempo de creatividad, de avance. Quienes solo se fijan en el declive de lo existente no pueden percibir que a su lado y por ello mismo están naciendo y madurando nuevas interpretaciones, nuevos enfoques, nuevas maneras de entender lo humano y transformarlo. Los lloraduelos se concentran en lo caduco y agotado que ahora muere, sin comprender que por el juego de la dialéctica tal origina lo nuevo, que nace y prospera.

 

Los grandes saltos en el conocimiento y en la acción humana no resultan de algún personaje “genial” que inventa nuevas teorías, ni tampoco de la intervención institucional por culturizar, sino de las catástrofes que conmueven necesariamente a la humanidad, cada cierto tiempo. Cuando lo existente, lo antiguo negativo, está ya agotado en la experiencia, en la práctica, la mente humana se pone a reflexionar con la fuerza y constancia que otorgan el observar y percibir que todo en torno se está desintegrando. Ahora, la concepción liberal y progresista del mundo es la que se está descomponiendo, en sus numerosas variantes. Se acaba, se agota, la chatarra verbal heredada del pasado, Aristóteles, Platón, el Renacimiento, la Ilustración, el cientifismo, el evolucionismo, las utopías distopías, el obrerismo decimonónico, la teoría del progreso y el progresismo, el antiimperialismo, el tecnoentusiasmo, la “ciencia económica”, las religiones asesinas, la estatolatría, por citar los más importantes.

 

Los “ismos” se viene a tierra en confuso tropel, arrojados de sus pedestales por la realidad. Y ello es una colosal oportunidad para la verdad, para el conocimiento, para el avance del saber. Por tanto, estamos en un tiempo de liberación de las mentes, de adelanto hacia un nuevo paradigma global. Y esa es la vía que lleva a la revolución, en el modo de revolución integral.

 

No es posible decir cuánto tiempo se va a mantener esta situación, pero si podemos apuntar cuál debe ser la línea de actuación.

 

Primero. Hay que seguir el proceso de creación de nuevas ideas que la RI ha ido realizando. Tales tiene un amplio contenido de elementos del pasado porque es imprescindible guiarse por la experiencia vivida de los pueblos y de las gentes, sin dejarse llevar a la frívola elaboración de elucubraciones “redentoras” puramente inventadas, como hizo el marxismo, etc. Pero al crear intelectivamente lo hacemos pensando en el futuro, como elementos de construcción creativa e innovadora.

 

Segundo. Lo elaborado y producido tiene que llevarse ampliamente, lo más que sea posible, al público, para que éste comience a conocerlo y lo vaya interiorizando. Esto va a ser tanto más eficaz cuanto la trituración de los detritus mentales del pasado inmediato se vaya descomponiendo por la acción disolvente y refutante de los hechos y la experiencia.

 

Tercero. Es secundario que ahora, por el momento, sean incomprendidas muchas, e incluso la mayoría, de las formulaciones de la RI, pues lo decisivo es que alcancen y lleguen a la mente de muchos, para que permanezcan en ella y se validen progresivamente desde la vivencia del desmoronamiento y la necesidad de construir lo nuevo. Tantos siglos de adoctrinamiento y tan colosales aparatos de manipulación mental han dejado en un estado penoso a los cerebros de la gran mayoría, así que no es realista esperar una súbita comprensión y aceptación. Por el momento lo decisivo es dar a conocer y difundir, llevar y mostrar, exponer y explicar, de donde resultará el convencer y el movilizar.

 

Cuarto. Para hacer de forma más eficiente ese comunicar y propagar es necesario que en el seno de la RI se amplíe el estudio, el debate, la reflexión, de forma organizada, individual y grupal. Un mejor conocimiento de los ideales, el ideario, las propuestas y el programa de la RI por todos y cada uno de quienes los hacen suyos, llevará a multiplicar la efectividad en la transmisión.

 

Quinto. La RI no tiene el patrimonio de la creación de lo nuevo, así que debemos aprender de otros aquello que sea apropiado y pertinente, con sentido analítico y objetividad.

 

En resumen, la tarea de construir nuevas formulaciones y luego publicitarlas, en un momento de desintegración de lo viejo/nacimiento de lo nuevo es lo que da sentido a la existencia de la RI, siendo esa tarea su misión y objetivo central en la fase presente.

 

 

Félix Rodrigo Mora

 

 

Notas

 

1 Una aplicación de la filosofía dialéctica, tal como ha sido desarrollada principalmente por Hegel, a la comprensión de las formaciones sociales contemporáneas, a partir de sus antinomias inherentes, se encuentra en mi libro “Autoaniquilación. El hundimiento de las sociedades de la última modernidad”. También es válida e inspiradora en esta tarea la filosofía de la complejidad de Edgar Morin, aunque desacierta y se autolimita al no otorgar a la dialéctica un lugar principal en la noción de complejidad.

 

2 Una refutación de los “ismos” más conocidos de los últimos doscientos años, hasta hace nada seguidos y aplaudidos por millones de personas en todo el mundo y hoy casi olvidados, se encuentra en mi libro “La democracia y el triunfo del Estado”.

 

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