Parábola de los cuatro evangelistas

Publicado el 1 de enero de 2026, 8:01

Por Jesús Trejo

 

Aviso: los personajes y hechos retratados en este relato son completamente ficticios. Cualquier parecido con personas reales (vivas o muertas) o con hechos reales es pura coincidencia.

 

El último día del año, los autores de los evangelios se habían citado para presentar cada uno su versión en un bareto de Belén llamado “odres nuevos”, congregando a una gran multitud, y la cosa se había ido calentando al son de las diferencias en la exposición de las enseñanzas del maestro, a la vez que el vino blanco de la uva marawi, típica de la zona, hacía sus efectos soltando las lenguas.

 

-Dios es amor, ¡y quien lo niegue le calzo una ostia tan grande, que va a morir de inanición mientras vuela!”-vociferó Juan, alias el aguilucho, visiblemente alterado por los efectos de la tercera ronda de vino y los dedos tensionados en forma de puño. El grupo de entusiastas "juanianos” que le rodeaban comenzaron alborotadamente a golpear las mesas con las manos, aprobando su excentricidad.

 

Mateo el nubes se levantó con cierta pesadez, como si quisiera mantener el órdago lanzado por su compañero, y sosteniéndole la mirada, le espetó:

-Eres un parguela y siempre lo has sido tío: como bien dices, el amor solo entra a la fuerza. ¡Si vis pacem parabellum!.- Por eso yo digo que Dios es verdad, colega, y que la letra con sangre entra, ¡porque su hijo no se equivoca nunca!-. Las sonrisas socarronas aparecieron entre los mateistas, sacando pecho ante el auditorio. Ahora los ánimos subieron de tono, y la tensión casi se podía cortar.

 

El bullicio se vió de pronto acallado por la voz tremenda de Marcos el gato:

-¿El hijo de quién, dices? ¿Que el virutas es el hijo de Dios? Joder tronco, cómo se te ha subido el vino. Pues anda que no la ha pifiado…te acuerdas cuando aquel sábado que estábamos desmochando el camino en un sembrao para poder pasar, y los fariseos comenzaron a decir que estábamos infringiendo la sagrada norma de descansar el día del señor, pues no fue el notas y les soltó que las huestes del rey David se merendaron el pan del Templo en los días del sumo sacerdote Abiatar, cuando en realidad fue en la época de Ajimélek?1 Vaya cagada de tio listo que tuvo el menda. ¿Y qué me dices cuando aseveró en plan solemne que la semilla más pequeña de la tierra era la mostaza?2…Menudo flipao nuestro Messi-as. Está claro que vamos con él a muerte, pero tío, de ahí a reírle las gracias y llamarle Dios...!que todos le hemos oído roncar, cojones!

 

Los marquistas asentían vehementemente, y los diferentes sectores comenzaron a increparse entre ellos, con rostros destemplados, y posturas amenazantes.

 

-¿Pero colegas, de que vais? – Lucas el cornudo se encaramó al centro de la mesa. - “¿En serio no podemos reunirnos un rato siquiera para echar unos tragos y brindar por el nuevo año, sin entrar al trapo con esas gilipolleces de quién es el que la tiene más grande? ¿No podemos siquiera en esta presentación tener buen rollo y perdonarnos nuestras mierdas, como bien mostró el virutas?

 

-No es tiempo de perdón, Luquitas, sino de leches a tiempo- sentenció Mateo, recriminándole un buenismo que se le antojaba trasnochado.

 

-Y eso de que el nazareno mostrara buen rollo…- apuntilló Marcos- ¿os acordáis del careto que le puso al leproso plasta que se le acercó cuando dejamos Cafarnaum, y la mala ostia con que le habló para que dejara de joderle con el rollo de que le sanara?3 ¿Y qué me decís del día en que curó la mano del paralítico, la mirada que echó a los que se arremolinaban alrededor?4 Por no hablar del mosqueo que se agarró con nosotros cuando no dejábamos que se le acercasen los mocosos en Judea?5 Así que no nos pongamos espléndidos con el rollo de que el maestro nunca se tiró un pedo, y blá, blá, blá, que Jesus es tan hombre y por tanto tan pecador como el resto de nosotros ¡Y no me tiréis de la lengua, que como empiece a hablar de sus historias con María Magdalena y las otras…!

 

-Que siii, que ya sé que se mosqueó mogollón cuando nos quedamos dormidos mientras él estaba rezando en el monte de los Olivos6,- volvió a intervenir Lucas-“ y que poco antes nos había dicho que vendiéramos el manto para comprar espadas7, pero ¡coño!, que no se trata de clavárnoslas entre nosotros, ¡tíos!

 

-¡Pues con alguien habrá que practicar!- le recriminó Mateo, - ¡o es que cuando llegue el momento de luchar estaremos esperando sentados con cara de angelitos a que baje el espíritu santo con su espada de fuego!

 

Y giró engreído la cabeza para encontrar la aprobación de los suyos, pero ya no había nadie…

 

Marcos se dejó caer pesadamente en la silla. -Otra vez igual. ¡os lo dije al principio, troncos, que no entráramos al trapo!

 

-¡Pero qué trapo ni que niño muerto, si ha sido el aguilucho quien ha comenzado, con su discurso amoroso a base de ostias!- dijo Mateo mientras hacía aspavientos con las manos.

 

-¡Ostias a los romanos, me refería, Mateo, que lo malinterpretas todo y te lo llevas a tu terreno, ¡que si la Verdad y todo tu intelectualismo cansino…! A ver si de una puta vez te enteras que la verdad sin amor no sirve de nada! ¡Y no soy un parguela!

 

Bajo la mortecina luz del amanecer, los cuatro evangelistas abandonaron el local, solos y malencarados, con la sensación una vez más de haber desaprovechado la ocasión de dar un texto unificado, integrador, que cohesionase el incipiente movimiento de repulsa hacia Roma. Decidieron tirar sus manuscritos a la basura, y cada uno se fue rumiando su verdad por lo bajini, haciéndose mala sangre por la incomprensión que el grupo de elegidos tenía hacia su postura, que por supuesto la sentía como la más acertada.

 

En esto, una brigada de limpieza farisea pasó por donde habían tirado sus pergaminos los cuatro iluminados, y uno de ellos, llamado Jacob, se los llevó a un tío suyo, antiguo militante esenio que se había salvado de milagro de las purgas romanas que se hicieron frecuentes los sábados, y que andaba reflexionando por los motivos del fracaso del movimiento de liberación galileo, se quedó con las palabras más llamativas de cada uno, para insuflar al aletargado movimiento insurreccional antiimperial de un nuevo corpus ideológico. Entonces el amor, la verdad, la lucha, el perdón y el sacrificio, que antes provocaron escollos entre los evangelistas, sirvieron ahora para dar un nuevo paradigma vital a las gentes aletargadas y resignadas a padecer sin remedio el yugo de los césares.

 

Y el que quiera entender, que entienda8



Jesús Trejo

 

Notas

 

1 Marcos 2:26

 

Marcos 4:31

 

3 Marcos 1:41

 

4 Marcos 3:5

 

5 Marcos 10:14

 

Lucas 22:45

 

7 Lucas 22:36

 

8 Mateo 13, 9

 

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