Sobre las jerarquías

Publicado el 1 de febrero de 2026, 8:00

Por Alex Cosma, colaborador de VyR

 

Por un lado, están los que defienden las jerarquías externas (la práctica totalidad de la población) y por otro lado están los que las critican, que por resumir, sería el anarquismo individualista. Pero ¿cuál es la prioridad de los anarquistas individualistas?

 

Un concepto que manejo ahora es el de la jerarquización interior, formada en el interior de cada persona, desde la cual combatir las jerarquías externas que siempre tenderán a imponer al sujeto su aceptación, según su criterio e interés. Siempre entendiendo jerarquía como prioridad.

 

Según mi criterio, en el interior de cada cual la prioridad y el jerarca debe ser la libertad. Si incurres en horizontalidad dentro de ti, entonces la libertad puede llegar a estar (y de hecho está) al mismo nivel que el gusto por el color de tu nuevo coche (por poner un ejemplo).

 

Por tanto, SÍ a las jerarquías interiores, que es la única forma de que no haya jerarquías exteriores (o al menos la única forma de combatir-limitar a éstas).

 

A lo anterior algunos me responden que la jerarquía interior de muchos es el dinero, el poder, etc.

 

Pues bien, esas prioridades se traducirán en hechos, y siempre serán los mismos hechos (dada la jerarquización interior pétrea que tienen). Es decir, todo el mundo pondrá sus cartas sobre la mesa, y siempre se sabrá quién es quién, y quién es compatible con quién.

 

Por contra, la horizontalidad interior podríamos asociarla al RELATIVISMO; o como decía Groucho Marx, “estos son mis principios, pero si no le gustan, tengo otros”. Sí, es una frase muy ocurrente y muy graciosa, tan graciosa como difusora de la vida basada en el interés y nada más.

 

Este planteamiento que hago, que es puramente racional y empírico, precisamente está más cerca de la creencia en dios, que del ateísmo científico. ¿Por qué?

 

Porque la ciencia, el método científico, nos dice que no hay nada absoluto, y que todo está siempre en permanente revisión; sólo hay certezas provisionales, y por tanto, la verdad es coyuntural, relativa, y no puede esgrimirse como criterio de priorización, sino que hay que ser condescendiente con “otras verdades”. Pero con esto no afirmo que haya que defender la religión, que es algo externo, sino que nos lleva a constatar que lo determinante (para bien y para mal) es lo interior, y en concreto su grado pétreo, su grado de jerarquización.

 

Dicho de otra manera: la ciencia es Groucho Marx; la jerarquía interior es dios.

 

Y no hay que confundir la jerarquía interior con el individualismo, y el anarquismo individualista. El individualista en realidad es, de facto, en los hechos, y a la postre, jerárquico externo, porque realmente no tiene como prioridad la libertad (propia y ajena), sino el interés propio. La prioridad del interés siempre (siempre) lleva a la concentración de poder, que es la raíz de la imposición de prioridades-jerarquías...

 

Si existieran o hubieran existido culturas y comunidades basadas en el individualismo de sus miembros, entonces tendría que revisar mi discurso. Pero lo que todos sabemos (porque es un hecho) es que los humanos tienden en un 99,99% a vivir en comunidades con estructuras políticas, sociales y económicas, en las que todos ceden parte de su libertad para poder vivir precisamente en comunidad.

 

Pero, aquí está el quid de la cuestión:

Ceder parte de tu libertad para posibilitar la vida en común no es, o, mejor dicho, no debería ser lo mismo que cambiar de jerarquía interior, cosa ésta que, por desgracia, es lo que suele suceder. Lo correcto sería entender y aceptar que puedes y (según mi criterio) debes tener como prioridad la libertad; y aunque cedas parte de ésta a la comunidad, la parte de libertad que mantienes seguirá (o debería seguir) como jerarca, es decir, como prioridad dentro de ti.

 

En el momento en el que coqueteas con cierta horizontalidad o intercambiabilidad entre tus prioridades internas, ya has traspasado la línea roja, y estás abriendo las puertas a todo tipo de jerarquías externas que serán la que finalmente diseñen y dirijan las que deben ser tus jerarquías internas; y esas jerarquías externas decidirán todo según sus criterios e intereses, y con base en su cada vez mayor concentración de poder, que siempre se da.

 

Más concreto: si tu jerarquía interior, si tu prioridad número uno pasa a ser la comodidad (es decir, el bienestar, el consumo de bienes materiales, los derechos, etc.) en detrimento de la LIBERTAD CON RESPONSABILIDAD y el DEBER, siempre habrá alguien (que tiene como prioridad la voluntad de poder) que esté deseoso de procurarte todo ello.

 

Tú, ciertamente, no puedes hacer nada respecto a que existan personas que tienen como prioridad la voluntad de poder ya que (dada la limitada condición humana) éstas siempre van a existir; pero sí puedes hacer, y mucho, respecto a tu deber (mejor entenderlo como deber, y no como una mera opción más entre muchas) de no tender una alfombra roja a la voluntad de poder con tus prioridades, actos y decisiones.

 

El que tiene voluntad de poder tiene su propia jerarquía-prioridad interior; por tanto, lo lógico debería ser que los que no tienen voluntad de poder tuvieran su propia jerarquía-prioridad interior que, si no derrote, sí al menos combata y compense la otra prioridad, la de la voluntad de poder.

 

Pero:

La horizontalidad o intercambiabilidad de jerarquías-prioridades interiores no puede combatir a la prioridad de la voluntad de poder externa (y mucho menos la voluntad de poder interna). No cualquier jerarquía-prioridad interior es operativa para combatir la voluntad de poder. Contra la voluntad de poder sólo es operativa la jerarquía-prioridad de la libertad con responsabilidad, unida a la cultura del ESFUERZO y COMBATE, es decir, la DETERMINACIÓN de tener dicha jerarquía-prioridad interior, y no otra.

 

Algunos (incurriendo en terrenos buenistas) me responden preguntándome dónde coloco entonces el amor en esa escala de prioridades. Esto daría para otro artículo, pero veo evidente que, si no eres LIBRE, no puedes AMAR libremente. Usando un concepto informático, podríamos decir que el amor es un SCRIPT que funciona a modo de envolvente, que nos lleva, por ejemplo, y dentro de la línea de este artículo, a amar la libertad; pero en esta expresión la prioridad es la LIBERTAD; la libertad es lo SUSTANTIVO, y el amor es lo ADJETIVO. De hecho, es también bastante obvio que hay otras muchas expresiones de uso y práctica habituales que incluyen el concepto amor-amar, por ejemplo, “amor al poder”, amor al dinero”, etc.

 

Tanto la Iglesia como la New Age distorsionan y abusan del concepto amor. Y lo mismo se puede decir de las religiones políticas, siendo el actuar de éstas aún más bochornoso, ya que directamente sustituyen “amor” por “derechos”; derechos concedidos a los sin poder por personas con poder que tienen dicho poder porque tienen voluntad de poder; increíble, pero, por desgracia, cierto.

 

Cuando no se tiene la LIBERTAD como jerarquía-prioridad interior, sucede lo que sucede, y no puede no suceder.

 

Alex Cosma

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Comentarios

Ruth Barberán García
hace 2 días

Buenos días,
Sólo escribo para avisar de que el audio se acaba antes del final del texto.
Agradezco mucho los artículos grabados, por cierto.
Un saludo