Por Tombol
El siguiente treatexto, de título “el amuleto”, surgió a partir de una reflexión sobre las ideologías. El relato, con una presentación realista, pero con una esencia que parte del simbolismo, divaga sobre el sustento que alimenta a las ideologías (representadas por el amuleto de la obra).
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El ser humano necesita creer en algo. Siempre cree en algo. Todos creemos en algo. Hay un espacio, en nuestra mente, que necesita ser rellenado. Y, si no lo rellenas tú, lo rellenará otro.
Las experiencias personales nos empiezan a configurar como personas, ya desde que nacemos. Pero, a medida que vamos creciendo, la mente se va preparando, se va configurando poco a poco con las ideas que va internalizando. La mente, como espacio donde se organizan los pensamientos, necesita realizar una labor de encaje.
Las ideologías son sistemas de creencias ya preparados, ya masticados. Son ajenos al individuo, pero los incorpora y los hace suyos. El amuleto es una prótesis en la vida de este personaje, lo integra a su vida y se convierte en centro de su personalidad.
Se delega, a nivel personal, un gran poder sobre la ideología, que da al sujeto seguridad, pues ya no tiene que pensar, ha resuelto su vida; por eso, protegerla es vital para mantenerse erguido y entero.
Las ideologías necesitan ser reafirmadas, recordadas, para que se mantengan frescas y latentes. Cuando uno se pierde en ellas, se aleja de toda posibilidad del sufrimiento que conlleva la complejidad de la vida.
En “el amuleto”, el personaje, por alguna extraña razón, deja atrás sus viejas creencias, empieza a perder la fe en lo que creía. Al principio entra en pánico, y trata de reencontrarse con lo que un día le permitió tener alguna clase de cosmovisión. Pero el tiempo había pasado y, como la vida se explaya desde infinidad de ángulos, una ideología que está construida solo desde la mente y no incluye adecuadamente la experiencia, siempre estará dispuesta a poder ser desenmascarada.
Los constructos ideológicos tienen algo en común, son constructos. Aunque contengan ciertas verdades. Aunque aparenten belleza y perfección.
Las ideologías nos sumergen en un ensueño cómodo, nos resuelven la vida. Renunciar a ellas y aceptar un camino que necesite ser revisado, mejorado, pergeñado constantemente, no será nunca un camino fácil; exigirá esfuerzo y atención, pero es lo único que puede abrir en el ser humano una vía hacia una libertad que merezca tal nombre.
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