El pastor y la montaña

Publicado el 28 de febrero de 2026, 11:44

Por Tombol

Siguiendo con la serie de trabajos definidos como treatextos, se acompaña el titulado “El pastor y la montaña”, una suerte de homenaje a la figura del pastor, el pastor de ahora y de siempre, figura legendaria de la Iberia rural. Un abrazo a los pastores de la RI.

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Allá por los años 70, en el campo era frecuente encontrarse con pastores cuidando sus rebaños, y con quienes resultaba fácil entablar conversación. Aquellas vivencias dejaron en mí un recuerdo imborrable.

Me dejaba atónito ver a pastores llevando a sus rebaños por entre los valles y laderas de las montañas pirenaicas; era un contrapunto radical a lo que significaba vivir en la ciudad.

Se cimenta la figura del pastor sobre unos valores de singular valía: Fortaleza y resistencia (tanto exterior como interior), amor a la naturaleza e integración perfecta con ella, aprecio y consideración hacia el mundo animal, capacidad de adaptación a las dificultades…

Si la soledad no te mata, te hará más fuerte. El pastor es símbolo de figura solitaria. Sin embargo, nunca está solo, y su facilidad para abrirse a quienes se encuentra dice mucho, y bueno, de él. Nadie como un pastor para saber apreciar la compañía de sus iguales.

La soledad del pastor hace referencia, mas bien, a la situación crítica que la ganadería extensiva sufre en las condiciones actuales, y no a una soledad personal que, a disgusto, pudiera sufrir quien en dichas labores se ocupa.

La vida del pastor no es cómoda. Y está expuesta a peligros, a la propia muerte. Y más cuando se mueve en esos espacios tan inconmensurables como son las montañas. El pastor vive y conoce las leyes de la naturaleza, pues las experimenta en su completa crudeza. Y también conoce lo que es el laboreo solitario.

El pastor vive la presión del Estado en el medio rural desde el abandono a que ha sido sometido el sector. Y observa el mundo de la ciudad (“las hormigas”) desde la distancia, sin acomplejamientos, sabiendo que está viviendo la única existencia a la que encuentra sentido.

Las regulaciones y presiones sobre el medio rural, venidos desde toda clase de acción estatal, recaen también sobre el pastor. El sinsentido y la nocividad de toda clase de normativas y coerciones están triturando al pequeño ganadero, haciendo muy difícil su supervivencia en el tiempo.

La montaña es compañera del pastor, es algo así como un ente real, y por eso puede hablar con ella. Contarle la realidad que vive. Y recibir de ella su abrazo.

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