Reformas: Un todo a 100

Publicado el 28 de febrero de 2026, 11:48

Por Tombol

Aprovechando que estamos en la última fase de las rebajas de primeros de año, podemos revisar ciertos posicionamientos, “baratos”, que tratan de reivindicarse como alternativas al sistema político actual. Me encuentro con que a mucha gente le seduce pensar que cambiar de políticos o que ajustar esto de aquí y allá nos puede llevar a que todo funcione mejor en la vida política y social del país. Igualmente, compruebo que da mucho miedo plantearse una propuesta radical como la de la RI, que plantea la supresión de todo el mecanismo estatal, que plantea un cambio de modelo como el que llevamos viviendo toda nuestra vida. En definitiva, la mayoría de la gente que es capaz de discernir que el sistema político en el que vivimos no funciona bien, tiene una tendencia a creer en los reformismos, una tendencia a desear pensar que se puede aprovechar “lo bueno” del sistema vigente.

 

  • Bueno, estos reformistas no van mal encaminados, y es que quizás a corto-medio plazo no sea mala solución…

 

El problema es que, como planteamiento previo, no nos sirve pensar en soluciones parciales que al final no lleven a ningún lugar. Podría comprender tales enfoques reformistas si viera que quienes los defienden tienen un conocimiento claro de lo que es el Estado. La realidad es que no hay tanta gente que conozca bien lo que es “el ente”. Y lo entiendo, no basta con explicarlo, hace falta ir más allá; imaginarlo, pergeñarlo. Desde la instrucción escolar, todos hemos escuchado definiciones y explicaciones de lo que el Estado significa. Pero el asunto es más complejo, y lo he comprobado en su deficiente comprensión por mucha gente de considerable nivel intelectual.

 

  • Está usted exagerando y, además, con comprender la base misma del concepto es suficiente…

 

Si contemplamos el Estado como una estructura sólida, con unos engranajes que permiten que todo el sistema funcione sin que la sustitución de “piezas” le afecte, sin que la modificación de “ensamblajes” lo altere, empezamos a verlo de otro modo. Cuando se piensa que el estamento militar, por ejemplo, es un mecanismo más de todo el engranaje, ya se está perdiendo la perspectiva. Lo mismo pasa con otros aparatos de poder, como el CNI o el trabajo de los tecnócratas. Incluso para alguien que lo estudie es difícil entenderlo a la perfección, porque la complejidad procede también de la intrincada maraña de elementos con poder que lo integran.

 

  • Pero, ¿por qué no es posible transformar el sistema desde dentro? Muchos lo han inteligido…

 

Es el sueño húmedo de los reformistas, lo sé. Es el sueño de quien desea salvar ciertos muebles de la inundación, como lo son ciertas comodidades procedentes del bienestarismo. Y lo entiendo, yo también he resultado infectado por esos hábitos tan degradantes. Pero no nos engañemos, cuando alguna clase de pequeñas reformas se implementan, son pan para hoy y hambre para mañana. Nos sirven como ejemplo los planteos de los idearios decrecentistas. Como no van a la raíz del sistema, el Estado los adopta y los hace suyos, y de esa manera incluso sale fortalecido.

 

  • Pero es que, desde una perspectiva tan negativa, no hay nada que hacer…

 

A muchos les parece negativo este “desechamiento” del sistema organizado en el que vivimos, pero no lo es. No es negativo ver la realidad, la realidad de lo que hemos construido, o que sostenemos entre todos. Duro sí es, porque denota que el ser humano no es tan “ser de luz” como muchos se han encargado de difundir. Además, si no vemos con claridad lo que es negativo de este sistema, nunca nos podremos enfocar bien en lo positivo que queremos construir.

 

  • Tiene que haber un resquicio, un hueco desde el que socavar poco a poco este sistema de concentración de poder…

 

Pasan los años y uno comprueba que la capacidad de regeneración del Estado es pasmosa. El que los Estados, u organizaciones de poder, históricamente, hayan tenido que ser derrumbados desde fuera, o que ellos mismos se hayan desmoronado, lo dice todo. Nunca lo han hecho voluntariamente.

 

Es un clásico usado por los Estados el empleo de los reformismos. Quienes parecen aplicarse tratando de reformar el sistema están por todos lados, porque están en todos los grupos, en todas las ideologías… en todas las formas del sistema. Los reformismos son sinónimo de estafa, porque siempre van a estar contaminados en su raíz. El Estado siempre va varios kilómetros por delante, es su medio favorito para deshacer iniciativas que intenten transformar lo que sea, abre la vía del reformismo para beneficiarse de él y salir reforzado.

 

  • Pues yo conozco a gente bien posicionada socialmente y son personas que trabajan desde la honestidad y el deseo de justicia…

 

Es cierto, y muchos de ellos están convencidos de que se puede hacer algo desde dentro del sistema para transformarlo. Otros, desde un idealismo que les ciega, piensan que manteniendo una posición fuerte se pueden alcanzar grandes logros. Es una pena, porque esas posiciones a lo que finalmente llevan es al apalancamiento o al conformismo, es decir, el inmovilismo improductivo. Y luego, dentro de estos grupos, están los más valientes, que tiran hacia adelante cual cabestros empitonados, pues creen que al final siempre triunfa la justicia, y lo que les espera es el acero del torero.

 

Todas estas fórmulas para intentar “democratizar” la estructura estatal, cuando se está manteniendo el orden estatista que subyace e impera en la estructura de base, al final no hacen otra cosa que dar más poder al ente estatal, que al final acaba usando más impuestos para implementar los cambios (sistemas represivos, medios a utilizar, etc.). En medio de todo este sistema opresivo, el ser humano está demasiado degradado, los actos asamblearios organizados por el Estado son de pega, no suelen beneficiar a la comunidad porque representan a demasiados individuos, los representantes no están debidamente preparados para asumir esos cargos de responsabilidad, o se corrompen fácilmente para mantenerse en una situación de poder.

 

  • ¡Pero hay gente que ha conseguido cosas usando las armas del sistema y partiéndose la cara, para al final lograr pequeñas victorias!

 

Es tan fácil engañarse con esas “pequeñas victorias”… Hay tantos bienpensantes que en realidad están haciendo el juego al ente estatal… Hay tantos “mirar para otro lado” para poder enfocarse en la parcialidad elegida…  Es tan fácil decir lo de “pongamos el contador a cero”… Hay tanta verdad enterrada y tanta mentira sin enterrar… Los hábitos “hacen” a los monjes: La chaqueta de pana, o el abrigo Loden, o la bufanda palestina. Que lo importante es la imagen.

 

  • ¡Pero tiene que haber alguna clase de estrategia que funcione!

 

Tener unos principios, una ética, es un sustrato fundamental para un ser humano que merezca el calificativo de tal. Mantenerse firmes en una moral, en un entendimiento de la realidad que no regatee la idea de justicia, no admite medias tintas. Los intentos reformistas, de pactar con el poder, de ceder en lo que es esencial en cuanto a principios, lo que albergan es una complicidad con la traición. Las actitudes del regateo y comulgado con ruedas de molino, obedecen más a actitudes especulativas y filibusteras que a humano integral y recto.

 

Si podemos imaginarnos y visualizar a un individuo íntegro, valiente, sólido interiormente, es porque también nosotros podemos nutrirnos de esas cualidades que lo definen. Un ser íntegro y con ética no es un personaje de cómic, no es un héroe de leyenda, no es un ser surgido de una fantasía ensoñadora. Lo esencial de un ser humano así se alberga en el interior de cada uno de nosotros. Es interesante ver que, lo que mejor lo define, son antes las acciones que las palabras. Las acciones son lo definitivo, la firma definitiva de que en el interior hay construcción sólida. Las acciones pequeñas, en nuestro pequeño entorno, son importantes, son las acciones a las que podemos aspirar hoy. No renunciemos a ellas por su aparente falta de entidad. Son el germen de unas posibles acciones sublimes que estén por venir.

 

La belleza de un ser humano así, pienso que no tiene parangón, es lo más elevado que puede encontrar uno en la naturaleza. Un hombre o mujer así, de espíritu inquebrantable, produce una admiración tal que es capaz de transformar toda nuestra visión del mundo y de la vida. Las mujeres y los hombres de la revolución integral, y quienes se sumen a ella, deben aspirar a acercarse a esos ideales. Y no solo porque es un deber moral forjarse como seres de valía; sino también porque debemos servir de estímulo para otros y otras, que nuestra presencia sea un regalo y un aliciente a seguir en la vida por los demás.

 

  • No siga, por favor, deme alguna buena noticia…

 

Al paso que vamos, cabría la posibilidad de que las estructuras de poder se derrumbaran por sí solas, y es entonces que tendríamos la posibilidad de tomar el mando, de reconstruir desde abajo, de hacer una auténtica revolución. Pero debemos ir preparándonos ya, por si llega ese momento.

 

  • Recomiéndeme una película, que me he quedado con mal sabor de boca…

 

Mire, tengo una que viene al pelo: Brubaker, de 1978. Está inspirada en una historia real, acontecida en una prisión estadounidense. Si la visionamos, podemos imaginar la prisión como si fuera el Estado (que también es Estado, claro). Y ya veremos lo que va a pasar, pero este filme retrata como pocos lo que es el reformismo.

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