Por Félix Rodrigo Mora
Leo, estudio, “Sobre la amistad” de Cicerón. Un gran texto[1], lo que no siempre sucede con otros de este autor, que suele dar una de cal y otra de arena. Lo leo desde los tan inmensos como numerosos problemas del presente, tan pavorosos y esperanzadores a la vez. Y concluyo que para sobrevivir al apocalipsis en que ya estamos, y para vencer en él, necesitamos de la amistad. Cuando el orden estatal y capitalista contemporáneo se está desmoronando en todo el mundo, amenazando con sepultar bajo sus cascotes y escombros a una parte decisiva de la humanidad, la categoría de amistad y la amistad vivida día a día es una de nuestra tabla de salvación.
Cicerón entiende la amistad como “un ejercicio de la virtud” y una expresión de “afecto personal” que contribuye “al recto vivir”. Su esencia es un “impulso amoroso del alma”. Añade que es inherente a la práctica de la amistad una “amabilidad de palabra y de trato”, y que el ser humano que “se ama a sí mismo… busca a otro con el que poder mezclar su alma y formar casi un solo ser a partir de dos”. Sublime. Advierte que “sin amistad no hay vida, si es que se quiere llevar una vida digna de un ser humano”. Porque aquélla es “amar y recibir amor” arguye, redondeando la formulación, “hay que buscar siempre a alguien a quien amar y de quien recibir amor, pues si se elimina el cariño y la benevolencia, se elimina toda la alegría de la vida”.
Completa su alegato con tres nociones más. Los enemigos de la amistad son el dinero, el poder y el deseo de cargos estatales, los placeres viles y el afán de figurar y tener éxito. La amistad es valiosa por sí misma, y resulta ser una finalidad en sí misma, pues la naturaleza ha constituido al ser humano como criatura amistosa. Al mismo tiempo, la amistad es útil, convirtiéndose en un medio para otros fines, pues los amigos se ayudan mutuamente, compartiendo penas y dificultades tanto como logros y alegrías. Los amigos se sirven los unos a los otros desinteresadamente, por la fruición misma de este decisivo acto moral.
Hasta aquí Cicerón. En el presente el ser humano no es construido para la amistad sino para el conflicto interpersonal y el desamor, para la enemistad y la soledad. Porque el poder de las élites peligra si los lazos de amistad organizan al conjunto de la sociedad, pues en ese caso la revolución resultaría como algo lógico y natural, además de como un acontecimiento inmediato, posible y victorioso. Nuestra actual incapacidad para vivir y gozar de la amistad mide el grado de seguridad política y económica de quienes detentan el poder.
Todo en torno nuestro se está desmoronando, ahora, en este siglo XXI. Y en tal situación, que apenas ha comenzado, necesitamos de la amistad, como idea, como categoría y como práctica. Sobreviviremos a la multi catástrofe uniéndonos con sólidos lazos de amistad, amando y recibiendo amor, en la forma de actos de amor, de episodios de servicio, con generosidad, desprendimiento y voluntad de ser útiles a nuestros iguales. Aquí conviene traer la frase del evangelio de San Juan, “nadie tiene mayor amor que el que da la vida por sus amigos”[2].
Dos reflexiones más.
Para sobrevivir en el inmenso desplome, caos y catástrofe que se anuncia necesitamos, como se ha dicho, de la amistad. No sólo para extraer de ella las ayudas necesarias sino porque el amor recibido y el amor dado templa el alma y eleva el espíritu, haciendo a la persona mucho más apta para obrar con la imprescindible grandeza, eficiencia, coraje, resolución y eficacia.
Para llevar a buen puerto la revolución, necesitamos de la amistad de un colosal entramado, o red fabulosa, de relaciones de amistad, de cooperación, de afectividad, de combate, de servicio de unos a otros, de buen hacer en común, a fin de aniquilar este orden social que nos aniquila. De ahí que mi elogio de la amistad sea en armas, con la voluntad de combatir y vencer.
Por tanto, amigas y amigos, lo dicho puede exponerse en tres palabras: amistad, supervivencia y revolución.
Notas
[1] También lo es “Los Deberes”, libro que es una refutación al falaz doctrinarismo liberal sobre “los derechos” como piedra angular del orden social actual y de lo vivencial individual. Sí, deberes, esfuerzo y servicio, esa es la trilogía del individuo que se pretende a sí mismo de calidad, que quiere construirse como persona con moralidad, honor, verdad, grandeza y valentía. Es de necesaria lectura para los jóvenes. Pero, ciertamente, no todo lo que expone Cicerón en sus libros es acertado, ni debe ser admitido, pero sí una parte.
[2] Cicerón, aunque murió (fue asesinado) 70 años antes de la emergencia del cristianismo, anuncia en su escrito sobre la amistad la cosmovisión cristiana del amor, a la vez que añade también la necesaria ética sodalicia, pues él mismo fue matado por quienes deseaban instaurar un Roma una tiranía militar desembozada, a lo que se oponía. De ahí que en la obra citada añada que “hay que establecer un castigo para los malvados”. Cierto. Esa es una de las tareas de la revolución integral. Amor a los iguales y espada a los opresores. Si algo se le puede reprochar a Cicerón es haber sido demasiado pasivo cuando los esbirros de Marco Antonio y su cruel esposa Fulvia se presentaron para asesinarlo. Tenía que haber tomado las armas y haberse llevado por delante al mayor número posible de aquéllos, en vez de dejarse quitar la vida mansamente. Eso equivale a cometer suicidio, y el suicidio es un acto inmoral horroroso e inaceptable, ya que es una muy grave falta de amor hacía uno mismo. Aquí Cicerón falló como sujeto moral.
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