Los domingos, su-misa

Publicado el 1 de julio de 2026, 14:28

Por Tombol

(A partir del visionado de “Los domingos”, película del año 2025 de Alauda Ruiz).

 

SINOPSIS: La joven de 17 años, Ainara, desea incorporarse a la disciplina monacal como monja de clausura, y cuando comunica a su familia la decisión que ha tomado, se producen diferentes reacciones.

 

Tras el visionado de la cinta, quise conocer un poco más acerca de la difusión que había tenido. Fue la ganadora del premio a mejor película en la última gala de los Goya, y logró la Concha de Oro del pasado Festival de San Sebastián, y su contenido generó cierta polémica, aunque, en general, puede decirse que fue ampliamente ovacionada y ensalzada.

 

También quise escuchar las opiniones de su directora, Alauda Ruiz de Azúa. Dice ella que ha tratado de hacer un trabajo no dogmático y objetivo, para así favorecer la reflexión y el debate. Afirma que ha intentado confeccionar un contenido orgánico, que permita abarcar diferentes posicionamientos a todos los espectadores, y cree que lo ha logrado a tenor de las distintas reacciones que se han generado.

 

¿Y lo consigue? ¿Consigue hacer una película no dogmática y objetiva?

 

Pues pienso que no, no puede ser objetiva. Como ya reveló el director de cine, Juanma Bajo Ulloa, la casi totalidad del cine que se hace está contaminado desde su origen. Las reglamentaciones y normativas que regulan el sistema de subvenciones y ayudas al cine, condicionan subjetivamente el contenido de los guiones y argumentos de las películas, y sirven de sustento ideológico camuflado para la difusión de los mensajes que el sistema de poder intenta implantar. Tanto la autocensura, como la censura propiamente dicha, marcan la hoja de ruta a seguir a cualquier director de cine que se precie, a no ser que te produzcas tú mismo (lo que muy pocos se pueden permitir). ¿Cómo puede un trabajo fílmico ser objetivo y no dogmático, en estas condiciones? Toda su base está envenenada, sus aguas corren plenas de deshechos generados desde los órganos de poder.

 

Alauda Ruiz ha hecho un buen trabajo, y lo digo en un doble sentido: Por un lado, ha cumplido, a rajatabla, con los patrones censores institucionales, no saliéndose nunca del tiesto, logrando muchos “puntos”(de los necesarios para la subvención) gracias a la normalización que hace de ciertos comportamientos sociales; y, por otro lado, una vez asumidas aquellas premisas, ha generado una película bien realizada, es decir, se centra en unos personajes que no sueltan discursos ideológicos, sino que actúan desde sus particulares lógicas personales  que nacen de unos roles asignados.

 

La película está contaminada desde su raíz, desde sus pilares sostenedores. Está diseñada a partir de un constructo ideológico que todo lo determina. El guion, firmado por la propia directora, no lo podemos considerar objetivo y no dogmático, pues tiene un sesgo evidente, el del feminismo institucional. Y luego, a partir de ahí, sí, Alauda Ruiz dirige un trabajo solvente, a nivel técnico e interpretativo.

 

Es importante comprender la trampa de esta forma de manipular. Si uno lee las críticas de los aficionados al cine que han visionado esta cinta, comprueba que todos se decantan hacia unos u otros personajes, pero nadie cuestiona la base misma desde la que actúan.

 

Es por eso que, mayormente, esta película ha conseguido una aprobación general, tanto a nivel de los críticos de los diferentes medios, como de los jurados de los festivales, como de los espectadores que han acudido a verla. Las alabanzas con que la han vestido son generalizadas porque, desde lo que es el propio producto fílmico, poco hay para criticar. Todo el mundo coincide en sus méritos técnicos e interpretativos, en la riqueza de su enfoque polémico, etc. Los pocos que la han criticado, lo han hecho porque no han sabido conectarse con su ritmo o cadencia fílmica, lo cual constituye un análisis muy subjetivo; o porque, precisamente, les parecía que la directora no se había comprometido ideológicamente más.

 

Alauda Ruiz dice de su película que no da respuestas, sino que solo plantea preguntas. Está aquí la esencia del éxito de “Los domingos”, pues ha logrado contentar a todo el mundo. Expresado de otra forma, los diferentes conflictos que van surgiendo permiten que cada espectador se pueda identificar con unas posiciones u otras, y salir indemne, e incluso contento. No es de extrañar que el mismo máximo organismo eclesiástico haya mostrado su agrado hacia la película, pues se ha quedado con lo que le es favorable, y en los tiempos actuales se sabe que la Iglesia tiene problemas de “reclutamiento” (se puede considerar que hay un posible juicio a favor de la incorporación a la vida monacal).

 

La directora dice que, al principio, temía por la acogida que se daría a su película, porque pensaba que la temática tratada no se correspondía con los “temas tendencia” de la actualidad, y eso podría ir en su contra. Pero no, no se trata de eso. Es evidente que la vida monacal y las “llamadas de la fe” no interesan a casi nadie; lo que sí interesa es lo que pasa en el interior de una familia, los enfrentamientos, “la vulnerabilidad” de una chica joven, la incertidumbre de tomar una drástica decisión. “Los domingos” contiene muchas temáticas, aparte de las religioso-católicas.

 

Como digo, la película no se decanta hacia unas u otras posturas de los personajes, ya sean creyentes o no, libertad de conciencia o manipulación, vida religiosa o “terrenal”… Simplemente presenta esas posturas de forma neutral (por contraposición de personajes), y eso ha hecho pensar a todas y a todos que la película te da la libertad para que puedas posicionarte donde elijas. Como dice algún espectador, “la cámara observa sin juzgar, dando espacio a los personajes para respirar, no hay subrayados ni excesos melodramáticos…”. Es cierto, pero entonces…

 

¿Dónde está la “normalización” ideológica?

 

La mujer (la tía Maite, que es el papel protagónico principal) adoptando el papel del hombre, y su pareja (el tío Pablo), el de la mujer, en todo lo que hacen, y como lo hacen y dicen; el papel del padre de la joven, con un perfil “patriarcal” y “autoritario”, que tiene el sesgo de poca humanidad; el mundo de las mujeres y su “empoderamiento”, los hombres pintan poco. Y, sí, efectivamente, es una normalización sutil, me refiero a que solo es parcial, no abarca todos los aspectos a considerar en un producto fílmico. Puede ser, pero lo comento en relación a lo que seguidamente voy a referir.

 

Porque, a partir de esa normalización de comportamientos con trazas ideologizadoras, combinado ello con ese enfoque distante respecto a los personajes (constructo dramático inane y victimizador), sucede una paradoja, una paradoja reveladora. Sin darse cuenta, Alauda Ruiz, al tratar de ser objetiva, probablemente sin darse cuenta, lo que hizo con el personaje más “adoctrinador” (como creación desde la normativa censora institucional) es desnudarlo. Me refiero al personaje de la tía Maite.

 

Ese personaje, Maite, representa lo peor del izquierdismo dogmático, del feminismo manipulador. Y lo hace mostrándose abiertamente, a cielo descubierto, y cualquiera lo puede ver. Y pienso que en ese intento de la directora de normalizar lo “normal”, ha reflejado fielmente cómo actúa un personaje así: Con falsedad, manipulando a todo quisqui, tirana, llena de vileza, quedando desenmascarada su perfidia y mal corazón con un final suciamente vengativo (ella, la abanderada del sentimiento, la que se desgañitaba en abrazos, “te quieros”, tomadas de manos…). Sí, de manera sorprendente, se nos muestra la realidad del sujeto socialdemócrata más aleccionador y, pretendidamente, social.

 

Con “Los domingos” podemos comprender cómo es la herramienta de manipulación que es el cine, mayormente, aunque en este caso, como digo, no es una manipulación burda, como acostumbra a ser. Y es que Alauda Ruiz se ha mostrado dócil dónde se tenía que mostrar así. Todo han sido puertas abiertas para la directora, le han elevado a los altares, le han puesto el hábito de fiel cumplidora.

 

Pero entonces… ¿Cuál es el principal tema del que se está hablando?

 

Dicho por la propia Alauda Ruiz, el tema principal es la familia; es el conflicto que se genera en la familia a raíz de los deseos planteados por la “monjible” joven Ainara. Es decir, que el asunto de cuál es la naturaleza de la decisión de Ainara queda en un segundo plano, lo que le ha interesado a la directora es contar qué hace la familia en una situación como esa. Aunque gran parte del público, con lo que se ha quedado, es con la legitimidad o no del camino emprendido por Ainara, en realidad no es ésta la temática medular.

 

¿Y es objetiva esta presentación de la familia?

 

Démonos cuenta que el personaje central es Maite, una mujer que muestra poco aprecio por la institución familiar (a tenor de sus actos). Y, por otro lado, está Ainara, que se quiere emancipar de su familia, quiere “liberarse”, con lo cual, de alguna manera, también se está cuestionando a la estructura familiar. Fijémonos que Ainara vive con su padre y dos hermanas, pero en el guion se quita de la ecuación al padre, es el tercero en discordia. Es decir, al responsable de decidir sobre Ainara se le está cuestionando como tal, por la manera en que está diseñado el guion, en el que se “degrada” a aquel a personaje secundario.

 

En la familia (abuela, padres, tíos, hijas), que se reúne a comer los domingos (de ahí el título) vemos constantes conflictos y desacuerdos. Vemos que la familia es de tradición religiosa católica, pero se señala con nitidez su falta de coherencia religiosa, por lo que se castiga sin reparos al binomio catolicismo-familia, aunque con ello no estoy infiriendo que no haya muchísima verdad en la degradación de la coherencia espiritual de ese “creyente medio”.

 

En las entrevistas que le hacen a Alauda Ruiz, no diferencia entre familia y familia católica, ella habla de todas las nocividades que contiene la institución familiar. Fijémonos que la película critica la toxicidad de la familia, pero también ha cuestionado la figura del padre. Y todo ello coincide con la línea que sigue la tendenciosidad oficialista estatal, que, con sus actos, se empeña en demoler todo lo que, otrora, fue el núcleo social por excelencia.

 

Con todo, sí podemos considerar que hay objetividad en la presentación del tipo de familia que aparece. Pero… ¿Qué debate hay ahí, si las evidencias de esa realidad son constatables? Además… ¿No consideras la posibilidad de que haya armonía y buenas relaciones? Estamos de acuerdo en que la institución familiar ha perdido, en la actualidad, su esencia, sus lazos de hermandad, su sentido intrínseco… Entonces, si aquí no hay debate, y es el tema principal de la película, lo que nos queda es un ataque a la familia como concepto proveniente de la cosmovisión conservadora.

 

Una vez más, debo señalar un aspecto clave del producto fílmico. Aborda, Alauda Ruiz, el tema de la familia, en clave emocional. Todo son emociones, sentimientos, arrebatos. Discernimiento, como dice la chica que quiere meterse a monja, hay poco, salvo el de la propia chica, que busca comprenderse a sí misma realmente. Pero pienso que, como la película se conduce constantemente desde lo emocional, eso es lo que hace que el espectador se identifique con una u otra postura de manera condescendiente, pues se favorece un relativismo, ya que desde los propios sentimientos todas las posturas son legítimas; y si a eso le añadimos la complejidad en las relaciones, entonces no queda mucho por inteligir. Y es que, desde la emocionalidad, hay tantas posturas como individuos, y desde ahí es imposible sacar nada en claro, todo enfoque queda vago y difuso.

 

Entonces… ¿Se trata, en la película, el tema de la libertad de conciencia?

 

Pues, aunque en apariencia sí, no hay un enfoque nítido al respecto. Ya sabemos que, hoy en día, hay menos libertad de conciencia que nunca en la historia de la humanidad. La asfixiante proliferación de corrientes y discursos adoctrinadores procedentes de los aparatos de poder hacen prácticamente imposible que nadie escape de su opresor yugo. Los padres nunca han tenido menos influencia que ahora sobre sus hijos, y eso implica que las influencias externas a la familia tienen un peso considerable, y es que hay muchas “fuerzas” que pugnan por atraer a los jóvenes “a su sardina”.

 

En la película, la joven Ainara toma una decisión que exige discernimiento, pues conlleva un futuro que incluye austeridad y sufrimiento aceptados, aparte de otros reportes más positivos. Pero la película genera dudas respecto al origen de esa decisión, aunque finalmente no se posiciona. Pero… ¿Cómo se puede hablar de libertad de conciencia en el estado de cosas actual?

 

Aun así, evidentemente, la libertad para decidir sobre a lo que a cada cual concierne, es decisivo. Lo que también es claro es que, en las condiciones actuales, se hace casi imposible que una persona joven, de 17 años, como en la película, pueda bandearse desde la suficiente libertad de conciencia.

 

¿Vale la pena ver la película?

 

En mi opinión, “Los domingos”, desde su contención narrativa y su austeridad interpretativa, se genera un trabajo de calidad, bien acompañado por la música y el sosegado ritmo. Pero, compruebo en este trabajo, hasta qué punto se puede ser tendencioso en un trabajo de apariencia y construcción tan objetivos. Es una tendenciosidad sutil, pues el trabajo está contaminado desde antes de iniciarse, por sus condicionantes económicos. La directora Alauda Ruiz, que se pronuncia a favor del debate y la reflexión, no facilita el abordamiento de los temas en profundidad y sí facilita un debate sin trascendencia y nada contestatario. Aunque la película trata una historia que parece imbuida en espiritualidad, no hay el ahondamiento que se podría presuponer.

 

Ahora bien, como producto fílmico, sí, está bien hecha. Es la paradoja que sucede con el cine.

Entonces… ¿Verla o no verla? Libertad de conciencia.

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