Por José Mª Peyró
En algún lugar privilegiado de la Península, seguramente por el cuadrante nororiental, donde aún prosperan arbolados de pinos, encinas y robles con diversos arbustos, hierbas y bejucos como la hiedra,la vidalba y la zarzaparrilla. ¡Oh, salve Iberia verde!
Llegará el día en que habrá que desenvainar una espada para afirmar que el pasto es verde. G. K. Chesterton.
De nuevo estamos en un largo y cálido verano, en sintonía con las insulsas e irrelevantes noticias a las que se acostumbra a entretener al personal.
Para mucha gente, es tiempo de descanso y vacaciones del trabajo asalariado. Otra gente haciendo su agosto con el turismo, otra, quizá, no haciendo nada, y otra sufriendo el agosto en obras y trabajos a la intemperie. La gente de la construcción, de las carreteras y el asfaltado, por ejemplo, y no digamos la de las brigadas forestales que se acercan a la fragua de Vulcano, siendo casos extremos de exposición al calor.
El estío, largo y cálido, decimos, con sus interminables y calurosos días de cigarras y fuerte resol, con sus tormentas y sus incendios forestales que alimentan esa serpiente de verano de los medios de desinformación y entretenimiento banal.
¡Ozú, qué calor!
Ríos de tinta sobre la temática incendiaria tan asociada al abandono rural y la falta de medios en prevención.
Y más que solucionar el problema se buscan culpables.
Se impone desde arriba y replicado y cacareado por los sectores progres darle gran protagonismo al denominado cambio climático y machacar e insistir por todos los medios
acerca de la culpabilidad principal de este agente o factor en las incomodidades ambientales que padecemos.
Un cambio climático como arma arrojadiza y comodín del tramposo juego economicista y sistémico para hacer del mismo el chivo expiatorio de todos los males de la naturaleza y parte de los de la condición humana, si cabe.
No negaremos el carácter cambiante del clima global y la intensificación de extremos de temperaturas (sobre todo máximas) y probablemente también de aguaceros y sequías Como muchos procesos y sistemas naturales, el climático no se mantiene estático, sino que fluctúa continuamente para acomodarse a equilibrios en sus balances energéticos y de otra índole.
Está claro que se abrió una especie de caja de Pandora (¡vaya melón!) a partir de la llamada revolución industrial con el uso creciente de combustibles almacenados en el interior de la tierra desde tiempos geológicos anteriores. Además, desde el paradigma o escala de valores en que se ha generado un problema, difícilmente se puede solucionar.
La vegetación y resto de organismos capaces de hacer fotosíntesis pueden seguir absorbiendo dióxido de carbono ‘extra’ liberando oxígeno y fijando carbono. Eso sí, necesitan agua, necesitan gran parte de ellos lluvia y los regímenes de lluvias pierden regularidad en muchas zonas. Estos regímenes pluviométricos ya eran irregulares y caracterizaban y caracterizan, precisamente el clima mediterráneo predominante en Iberia. Una de las principales y determinantes características del clima mediterráneo es la ausencia de precipitaciones (lluvias) durante el período estival, aparte de la irregularidad en cantidad y frecuencia de éstas el resto del año, así como también la variabilidad de temperaturas.
Posiblemente la influencia solar en el comportamiento de Gaia[1], su atmósfera y sus climas no es un tema baladí, pero se adolece de conocimientos decisorios al respecto o el sesgo interesado los oculta o deja en segundo plano. Y la Tierra se encuentra inmersa en el Sistema Solar, en una ubicación propicia para la vida y con una influencia destacable de su estrella central, el Sol. Y apenas se percola e integra al conocimiento general información referente.
Y así nos va con el sesgo y la trampa, destacando lo evidente, pero ignorando lo sutil. Lo esencial es invisible a los ojos, que diría el Principito[2].
Sea como sea, la mayoría de los paisajes vegetales de Iberia, del resto de Europa occidental y del mundo habitado por los humanos están íntimamente asociados a nuestra existencia, a nuestro hacer y devenir desde hace muchos siglos y milenios. Ha habido una co-evolución intrínseca. Por ejemplo, en el área de la cuenca mediterránea la vegetación está muy adaptada a través de varias estrategias de pervivencia al fuego, al diente del ganado y de los herbívoros silvestres y a otras actividades agropecuarias y selvícolas arraigadas desde tiempos remotos.
Sin embargo, en la actualidad, más del ochenta por ciento de la población humana vive en grandes urbes, que se alejan de una vida de calidad, por activa y por pasiva, y por un devenir y planificación antinatural, de cemento, asfalto, ladrillo, metal y cristal que las hace menos habitables frente al calor aparte de que no se proyectan y desarrollan buscando la mayor convivencia y conexión con lo natural.
El arbolado tan útil y necesario para mejorar la atmósfera y el clima de las ciudades es a menudo molesto. Se eligen mal las especies y se gestionan a menudo peor en sus cuidados y manejo sabio. En parte y en todo, en general se desvía la atención hacia el mencionado cambio climático. Sin embargo, no se aprecian signos de adaptación urbanística para paliar los efectos negativos del calor. ¿Dónde está ese pacto social de Estado frente al cambio climático que postula el presidente del gobierno del reino de España tras un primer episodio de incendios forestales en junio y julio de 2025?
¿Y qué decir de las insufribles carreteras sin apenas arbolado, como antaño predominó y acompañó a arrieros y viajeros en muchos caminos?
Y las tierras de Iberia envejeciendo, con costras de suelos desnudos en gran parte, sus arterias fluviales más constreñidas por el desarrollo humano, sin sus bosques riparios, cada vez más irregulares en sus caudales, pasando de sequías a desbordamientos en apenas unas estaciones.
Una agricultura industrializada de abundantes insumos y potentes tractores ajena a la natural potencia de Gaia basada en la fotosíntesis[3].
Una población rural generalmente envejecida, con una mano de obra neo esclava de migrantes desarraigados al necesario y ahora debilitado tejido de la tradición popular local, ni tampoco conectados al necesario aliento de la futura revolución transformadora y regeneradora de los yermos, baldíos, y montes expoliados y a menudo degradados y anexionados a las concentraciones parcelarias y de poder...
En fin, qué decir tiene todo esto sino es en aras de reverdecer el desierto en que se va convirtiendo el campo y los montes de esta ‘piel de toro’ ahora tan inclusiva y fluida como mandan las modas, como debe de mandar esa cutre marca Spain.
Hace falta que los jóvenes vuelvan a los pueblos de sus ancestros y reconecten con sus raíces. Y haciendo, irán sabiendo, por urbanitas que fueran antes de ubicarse allí y por poca información útil y veraz que les haya quedado de sus abuelos y bisabuelos. Además, está eso de que ‘ahora que teníamos las preguntas, nos cambiaron las respuestas’. O sea que el reto es grande pero urgente y apasionante. Más que incidir en el problema y sus culpables hay que poner la energía en solucionarlo, insistimos. El movimiento y las gentes de la revolución integral y comunal tratamos de crear escuelas de oficios rurales y ayudar por difícil que sea a esa ‘reinserción’.’ Y seguro que más gente por ahí está haciendo cosas valiosas y replicables.
Quizá ya no toquen a campanas (o sí, pero esperemos que el fuego se reduzca a uno de esos de cuando no se hablaba aún de ‘incendios de sexta generación’) para combatir el fuego que se acerca pero ahí estaréis pronto, mocedades y cada vez más gentes, ojalá que sí para impedir su avance y que queme las casas y raíces, por más que os quieran desalojar frecuentemente por mor de protocolos preventivos.
Y para evitar llegar a esos extremos habrá que recuperar las inmediaciones de pueblos y aldeas, veredas, huertos y vergeles hoy en desuso y abandono creciente. Fomentar brigadas comunales que propicien la cordura y el sentido común desde concejos abiertos, más allá de colectivos de voluntarios y ayuntamientos como por ejemplo las agrupaciones de defensa forestal que hacen lo que pueden, pero con eso no basta.
Por más que los poderes lo dificulten o apenas ofrezcan canales de participación real de la ciudadanía en las gobernanzas de marras edulcoradas de guay que tanto se llevan en estos tiempos. Con voluntad de formar y ser parte de la solución de este y otros grandes problemas.
Y controvertidamente, en verano, los decretos y normativas dificultan la acción directa y el utilizar medios mecánicos (aunque la gran maquinaria cosechadora, por ejemplo, prosiga recogiendo cereal incierto y poco apto para nuestros organismos y el de los animales de granja industrial y pueda ser origen a veces del fuego).
Pero bien, trabajando mano a mano, como antaño, y con tecnologías apropiadas, sin matar moscas a cañonazos, que en esas se tendrán que callar y dejar hacer.
Hay un refrán valenciano que dice que al juny la corbella al puny (en junio la hoz en puño, a mano). Es el tiempo de ultimar, dejar a punto todo, bien defendido el extrarradio y accesos para que no tengan que desalojar a la gente ni se les puedan acabar quemando sus viviendas y tierras.
Encima, puestos a pensar en la precariedad de los medios de prevención, qué poca capacidad de asistencia tras el desalojo o confinamiento decretado y qué complicada y difícil se pone la cosa. Todo eso se ha de evitar de una vez.
Y en las ciudades, parecidamente, hay que recuperar el vecindario, vivir las calles y plazas. No quedarse en silencio frente al improperio, frente al maltrato vegetal y hasta humano. Construir comunidad.
Bajo el asfalto está la tierra nodriza de hierba y árboles, en suma, el mejor aire acondicionado frente al calor creciente de estos años que vivimos.
Y el buen saber forestal no termina de batir el fuego eficazmente si deja en segundo plano los principios de persistencia forestal por otros ajenos a su filosofía. ¡Ha de ser parte de la solución también![4]
Hay que cambiar el paradigma de lo cómodo, de la mentira, del doble pensar, hay que pensar bien, repensar, reflexionar y hacer, hay que hacer mucho, desde valores y nuevos paradigmas ‘que no cotizan en bolsa’. Hay que hacer mucho no como esclavos de un sistema de valores imperante que no ofrece salidas dignas a los crecientes problemas que nos inundan de inacción y delegación de nuestra responsabilidad en lo públicamente anexionado a instituciones que se nos vienen ajenas, grandes e impropias. Hay que hacer mucho desde sentires por la vida y la revolución. Dar unas vueltas de revolución para salir del bucle y darle la vuelta a todo lo que amenaza con quemarnos.
Se hace ya insostenible, insoportable.
Llega la hora de despejar las incógnitas y encontrar la solución.
¡Todos (todo el mundo) contra el fuego aniquilador!
Notas
[1] Gaia, de Gea, diosa griega de la Tierra y la Naturaleza, es una hipótesis científica planteada en los últimos decenios del siglo XX por James Lovelock que considera la vida terrestre interaccionando con los climas y la geología en una especie de servosistema que se autorregula como un todo. Se trata de un enfoque o visión más allá del paradigma establecido que resulta interesante de tener en cuenta para comprender mejor lo que es la vida.
https://es.wikipedia.org/wiki/Hip%C3%B3tesis_Gaia
[2] <<El consenso científico indica que la radiación solar, a pesar de ser la principal fuerza motriz del clima terrestre no es la causa del calentamiento global reciente. La NASA y el IPCC señalan que el calentamiento observado en las últimas décadas es demasiado rápido y significativo para ser explicado por la actividad solar, atribuyéndolo principalmente a las emisiones antropogénicas de gases de efecto invernadero>>.
Así responde el navegador Brave cuando buscamos ‘radiación solar y cambio climático’.
Y hay mucho negocio de por medio, sin valores, con engaños… https://revolucionintegral.org/el-aire-ya-es-una-mercancia
[3] La fotosíntesis es un maravilloso proceso natural mediante el cual, las plantas y otros organismos con capacidad fotosintética generan materia (y vida) a partir de luz solar, agua y dióxido de carbono. La mayor parte de los ecosistemas terrestres y muchos otros marinos generan y acumulan energía desde este proceso. La potencia desarrollada es grande y puede ser aprovechada eficazmente por las comunidades humanas. Ahí reside la auténtica sostenibilidad de lo hacedero o llevadero sin agotar el sistema, sin cargarse a la gallina de los huevos de oro.
https://es.wikipedia.org/wiki/Flujo_de_energ%C3%ADa_en_un_ecosistema
[4] www.ingenierosdemontes.org/prensa/el-coim-presenta-10-medidas-urgentes-para-reducir-el-riesgo-de-grandes-incendios
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