La casita del poder

Publicado el 1 de julio de 2026, 14:25

Por Jesús Trejo

(tiempo aprox. de lectura: 10 minutos)

En un país con una falta tremenda de espacio habitacional mínimamente decente, dada la interesada concentración del trabajo en ciudades caotizadas para justificar así la gobernanza “representativa” , nos han visitado dos grandes estrellas para hacer ostentación de sus casitas, hermanados con el mensaje que portan: los seres humanos son mercancía.

 

Por un lado, ha estado de gira el cantante puertorriqueño Bad Bunny, una figura lanzada al estrellato por condensar esas luchas que tanto les gustan al Imperio, la de las formas. De la misma manera que en su tiempo en Estados Unidos se fidelizò a la minoría negra en favor del Pentágono, apelando al trato igualitario que el ejército proporcionaba a los afroamericanos, igualmente el marketing de la industria musical ha ensalzado a este latinoamericano por enarbolar la defensa de lo hispano frente al supremacismo anglosajón, para mayor gloria del lema “Dios bendiga América”. No importa que el spanglish que utiliza en su vocabulario sea ya una muestra de sumisión al Imperio yanki, sino que la mejor manera de hincar la rodilla ante la tiranía USA es rindiendo pleitesía a los valores que ésta defiende: consumo, frivolidad, cosificación de la existencia. En este aspecto, el mensaje de Bad Bunny no puede ser más destructivo de lo popular y favorecedor de l. “ Po la mañana café, po la talde ron”, “ si te quieres diveltil, un verano en nueva yol”. “titi me preguntó si tengo muchas novias, hoy tengo una, mañana otra”...Con todo, lo más interesante de esto es cómo se retratan las personalidades que van de guays, feministas y defensores de los valores (sic) de la izquierda, afanándose en pisar el reservado espacio que ha habilitado el artista, llamado la casita, presuntamente como homenaje a las humildes estancias de las gentes puertorriqueñas, y que sirve en realidad como escaparate de mercancía femenina sensual reclutada entre el público asistente.

 

Personalidades del lobbie hispano en Estados Unidos como Javier Bardem, Penélope Cruz o Pedro Pascal, del feminismo patrio, como Paco León y su hermana María, o del ministerio de propaganda gay como los javis, han ido a “gozarla” en ese lugar privilegiado,  y han tratado de desvincular hipócritamente el mensaje vertido de lo divertido. La periodista de izquierda Ines Hernand ha sido la más vehemente en la defensa del artista, al que admira y respeta por su “producto” musical, independientemente de su mensaje. Bien, pero entonces ¿porqué siguen inquisitorialmente persiguiendo los chistes machistas  o la dictadura de las supuestas formas estéticas del patriarcado, y a la vez defienden a un cantante que tanto en sus canciones como en su espectáculo hace ostentación del cuerpo de la mujer como mera mercancía de uso?  La doble moral del wokismo encuentra aquí un claro ejemplo. Si un comentario laudatorio hacia alguna parte del cuerpo femenino sale de la boca de un trabajador, se le puede incoar un expediente sancionador por acoso callejero según el artículo 173.4. Pero si un multimillonario lo dice por activa y por pasiva en sus canciones, entonces es arte y hay que gozarlo. Y es que en definitiva, como bien decía un trabajo que ya publicamos en nuestra revista[1], el feminismo, al igual que las putas, también tienen precio, y si quien te dice guarrerías y te expone como objeto de consumo es un tío forrado de dólares, entonces ya no produce en la víctima humillación, vejación o intimidación, sino admiración y embeleso. El dinero es la prueba falsacionista por excelencia. Expón una teoría a un fajo de billetes y verás si es verdadera o falsa.

 

Apelar al bienestar y placer que nos provoca  algo para justificarlo es una de las señas de identidad de la moral hedonista de la izquierda, para poder diferenciarse de la mojigatería conservadora  . Pero también es el signo de su perversión. Democratizar el consumo sin cuestionar cómo se produce, distribuir la riqueza sin preguntar cómo se consigue es también la antesala del totalitarismo imperialista, que anida como deseo no confesado incluso en el Estado más pequeño. No sé, por ejemplo el Vaticano.

 

Y es que su santidad el papa León XIV también nos ha visitado, para difundir la palabra evangélica tan desinteresada de superar las barreras entre países, de  que todos somos iguales y no tiene que haber diferencias entre seres humanos. Eso lo propaga el jefe de Estado en cuyas fronteras jurisdisccionales se imponen severas condenas a las personas que entren ilegalmente[2]. Consejos vendo que para mí no tengo. En realidad, su tour con papa móvil ha recorrido en olor de multitudes las arterias más clasistas de Madrid y Barcelona, aclamado por las familias de bien, con servicio doméstico extranjero, y que gracias a la defensa del movimiento migratorio, les nutre de mujeres en régimen de semiesclavitud, haciendo las tareas que todos los  seres humanos debería hacer ellos mismos, (especialmente la crianza, la manutención de sus hijos, o la limpieza de sus casas), o  de jóvenes que vienen a trabajar para la despiadada elite empresarial española,  abaratando el coste de la mano de obra, y compitiendo con los desposeídos autóctonos por sueldos-migajas, mientras dejan  desamparadas a las familias de su lugar de origen,  a merced de las mafias y mercaderes de personas.   El bondadoso pontífice visitó las islas canarias, adoctrinando a las gentes que sufren la conflictividad provocada por los menas allí asilados,  apelando a los principios cristianos de empatía, paciencia, igualdad de trato y solidaridad fraternal. Sin embargo, estos principios chocan frontalmente con la cultura del desarraigo y nada tienen que ver con los emanados por el Dios del islam, bajo cuya égida se han educado espiritualmente la mayoría de los jóvenes subsaharianos reasentados bajo la tutela del cabildo insular, y que promueve la “poligamia, esclavitud, pedofilia, patriarcado brutal, anulación de las libertades individuales, ignorancia, fanatismo, militarismo, reducción de las mujeres a meras cosas, matanzas periódicas, destructividad, parasitismo, incompetencia, mentiras, hipocresía, sadismo, miseria y muchas cosas negativas y horripilantes más”[3]. No parece que ambas cosmovisiones pueden tener puntos de diálogo y comprensión, aunque en realidad la Iglesia de Roma no haya sido a lo largo de su infamante historia más que una caricatura del cristianismo, al servicio de los imperios europeos, y  que por tanto no se le caen los anillos a la hora de aliarse con  formas más expeditivas de imperar como es el credo musulmán. La religión católica nació adorando a un único Dios, el Poder, y para preservarlo todo está justificado.

 

Al igual que Bad Bunny, la casita del papa también se paga con una “hipocriteca”, la de políticos, empresarios y altos mandos militares y funcionariales, que de cara a la galería pública ponen malos gestos contra el discurso proinmigración, como los señores de VOX, pero que entre bastidores se congratulan de que el santo padre venga a pontificar con su discurso, y ayude a superar la reticencia del pueblo llano ante la imposición del conflictivo hecho migratorio. De nuevo se propicia el caos para mejor justificar la presencia de fuerzas del orden. Los representantes de la tiranía partitocrática se arremolinan en torno al santo padre, sonrientes y entusiasmados ante la presencia de esa cara angelical y embalsamada de la estrella del pop espiritual, pervertidor del discurso revolucionario que tuvo el cristianismo primitivo, y  convertido en mera propaganda política a las necesidades marcadas por los intereses del imperialismo occidental.

 

Las dos figuras, Bad Bunny y el papa León XIV, haciendo negocio con la crítica a Trump, pero defendiendo lo mismo que él: el sueño americano, u occidental (que es lo mismo).

 

Las dos figuras haciendo que sus casitas den cobijo en realidad a la ínfima pero potente porción de la humanidad que han decidido vender su alma al diablo, pagando sus cuotas de instancia con fingidos discursos victimistas.

 

Las dos figuras erigiéndose como máximos exponentes de dos cosmovisiones, la latina y la cristiana, a las que en realidad insultan y pervierten.

 

Notas

[1] https://www.virtudyrevolucion.org/numeros-de-la-revista/numero-23-febrero-2025/2300820_el-feminismo-cuestion-de-follar

[2]  La ciudad del vaticano multa con 25.000 euros y cárcel de 1 a 4 años, además de prohibición por 15 años de entrada en el estado pontificial, a los inmigrantes ilegales.

[3] https://felixrodrigomora.org/comentario-al-texto-de-un-amigo-de-marruecos-que-vive-en-europa-y-es-ateo/?fbclid=IwY2xjawScqadleHRuA2FlbQIxMQBicmlkETFGZWx2czdTTW1wcEFSbGVUc3J0YwZhcHBfaWQQMjIyMDM5MTc4ODIwMDg5MgABHj5Pc74lsJ6ruFgJE9HjpN60TYh_sSGDez93bvQ4dnxttB-2R3kItuyowsaV_aem_osxLhnBoyhs44QaFRPA84g

 

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