Por Murray Moulay Htatou (Ateo marroquí de origen amazigh y miembro del Colectivo de Denuncia de la dictadura en Marruecos).
La monarquía dictatorial de Marruecos utiliza rituales —como el beso de la mano, la reverencia y el autoritarismo— como instrumentos políticos y sociales calculados. Estos rituales tienen como objetivo afianzar la sumisión, reforzar la brecha de clase entre el criminal Mohammed VI y los ciudadanos marroquíes, y sustituir el concepto de ciudadanía igualitaria por el de súbditos y servidumbre.
La monarquía impone una fractura de clase; gestos como la reverencia y el beso de la mano sitúan al rey Mohammed VI en un plano —tanto material como simbólico— muy por encima del resto de la población.
La monarquía niega el concepto de ciudadanía, transformando al individuo de «ciudadano» en «súbdito», cuyo papel se reduce a ofrecer obediencia y lealtad a un monarca depredador.
La normalización de la sumisión: la reverencia física se convierte en el símbolo de una lealtad total a la autoridad de un solo individuo (el rey). El cultivo de un aura espiritual y la atribución de un carácter sagrado: el rey es presentado como una figura dotada de la *baraka* (bendición divina) o de un mandato divino, lo que equivale a equiparar toda oposición hacia él con una ruptura con la fe islámica. Este aura espiritual y ritual protege a Mohammed VI de toda responsabilidad política, de la crítica pública a su política y de cualquier examen crítico. Obligar a los responsables y a las élites a besar la mano del rey quiebra su orgullo político, disuadiéndolos de plantearse la rebelión o la disidencia.
Reconocimiento simbólico de la monarquía: el acto de besar constituye una declaración pública de que el cuerpo, los derechos y los bienes del súbdito están totalmente a merced del rey. Perpetuación de la sumisión: estrictos protocolos garantizan la repetición pública y mediática de estos rituales, con el fin de condicionar a las nuevas generaciones a aceptar automáticamente la autoridad absoluta.
Explotación política de las ceremonias y las pruebas de lealtad: estas ceremonias sirven como herramienta de selección continua para identificar a los individuos más obedientes y serviles. Proyección de un falso consenso: estas escenas se destacan —tanto a nivel nacional como internacional— como prueba de unidad popular y de un afecto espontáneo hacia el rey, obstaculizando así cualquier intento de cambio.
La monarquía marroquí considera los «rituales de lealtad y fidelidad» como un legado religioso que simboliza la unidad nacional y la «Comandancia de los Creyentes». Por el contrario, nosotros, los republicanos, los vemos como prácticas degradantes que atentan contra la dignidad humana de los marroquíes y contravienen los valores de ciudadanía, democracia y humanidad. Para la oposición, este ritual anual —que implica gestos como arrodillarse, inclinarse o besar la mano del rey, acompañados de la recitación de juramentos de lealtad absoluta por parte de altos cargos y ministros— se asemeja a una forma de servidumbre voluntaria que anula la capacidad de actuar y la dignidad individual del responsable.
En lo que respecta a la falta de igualdad, criticamos estos rituales porque refuerzan la dicotomía entre «gobernante y gobernado» y contravienen los principios humanitarios, así como la Constitución moderna, que consagra la igualdad entre los ciudadanos, la separación de poderes y la obligación de rendir cuentas. Sin embargo, desde el punto de vista de la monarquía y sus partidarios, la *Bay'a* (juramento de lealtad) constituye un contrato político y un legado espiritual vinculados al título de «Comandante de los Creyentes». En el discurso oficial, se percibe como un pacto político y religioso legítimo entre el rey y el pueblo, arraigado en la tradición islámica, mediante el cual se presta lealtad al rey en su calidad de «Comandante de los Creyentes» encargado de preservar la fe. En cuanto a la dimensión simbólica y cultural, los defensores de estos rituales —caracterizados por el uso de trajes tradicionales— ven en ellos una expresión de la continuidad de la monarquía marroquí; consideran este acto no como una muestra de sumisión personal, sino como una prueba de lealtad hacia la institución garante de la estabilidad del país.
Pero esto va más allá de la sumisión de la monarquía sobre el pueblo marroquí. Hay muchas otras formas en que las élites marroquíes esclavizan a su pueblo marroquí, especialmente en la explotación laboral. Se puede decir que hasta un 80% de los marroquíes tienen normalizada la esclavitud de muy diversas maneras, el hecho de ser esclavos.
Por ejemplo, un caso, que tuvo gran repercusión mediática, implicaba el secuestro y la esclavitud de una empleada doméstica y provocó la destitución del cónsul general del Reino de Marruecos en Orly (Francia), tras la difusión de un vídeo en el que se veía a esta empleada marroquí pidiendo ayuda desde el balcón de la residencia del cónsul.
Se hizo viral un vídeo en el que se veía a la empleada doméstica suplicando a sus vecinos franceses que la ayudaran y amenazando con suicidarse debido a su secuestro y a los malos tratos que sufría. Las organizaciones francesas de defensa de los derechos humanos intervinieron entonces, y el Ministerio de Asuntos Exteriores francés dio al cónsul marroquí un plazo de 48 horas para abandonar Francia.
Las misiones diplomáticas y consulares marroquíes en Estados Unidos se han enfrentado en el pasado a acusaciones de carácter legal relacionadas con la explotación y el trabajo forzoso de empleados domésticos. Estos casos implicaban a funcionarios y diplomáticos que se habían aprovechado de su inmunidad diplomática para eludir la justicia estadounidense. Entre los casos y denuncias registrados —a pesar de que la función de las misiones diplomáticas es prestar servicios consulares a los ciudadanos— figuran procesos muy mediáticos iniciados ante los tribunales federales estadounidenses contra diplomáticos marroquíes acusados de someter a personas a servidumbre doméstica. Estos diplomáticos habían traído a más de una decena de trabajadores y asistentes, originarios de Filipinas y Marruecos, bajo la apariencia de contratos de trabajo fraudulentos en nombre del consulado, para luego obligarlos a trabajar como empleados domésticos y conductores durante largas jornadas y por un salario irrisorio, sin días de descanso, al tiempo que les confiscaban los pasaportes.
Una empleada doméstica ha interpuesto una demanda ante un tribunal federal de Washington contra Abdelkader Amal y su esposa. La demanda incluye acusaciones de trata de personas, confiscación de documentos de viaje y trabajo forzoso durante casi tres años, sin remuneración ni asistencia médica. Las acusaciones se refieren, en particular, a la confiscación del pasaporte de la empleada para impedir que huyera, al robo de salario —caracterizado por el pago de sumas irrisorias (menos de 500 dólares al mes)—, así como a la prohibición impuesta a la empleada de salir del domicilio o de comunicarse con el exterior.
La esclavitud y la explotación abusiva de la mano de obra en Marruecos son prácticas ilegales que contravienen el Código Laboral marroquí. Aunque la ley establece condiciones claras para proteger los derechos de los trabajadores, algunos empleadores cometen abusos que se asemejan a la «esclavitud» o a la explotación forzada. Esta explotación adopta varias formas principales, entre ellas el exceso de la jornada laboral legal, la retención de salarios y el ejercicio de presiones psicológicas. El incumplimiento de los límites legales de la jornada laboral constituye un ejemplo llamativo de estos abusos: mientras que la legislación marroquí impone una jornada laboral máxima de 44 horas semanales (es decir, una media de 8 horas al día), algunas empresas obligan a sus empleados a trabajar 12 horas al día sin remuneración.
Privación de cobertura social y sanitaria: no afiliación de los empleados a la Caja Nacional de Seguridad Social (CNSS), privándoles así de sus derechos a prestaciones de jubilación, prestaciones por enfermedad y seguro de vida. Robo de salarios e indemnizaciones: pago de salarios inferiores al salario mínimo legal (SMIG) e impago de las horas extras, del trabajo durante el fin de semana o en días festivos. Trabajo forzoso por necesidad (esclavitud salarial): explotación de la extrema precariedad económica y de la falta de alternativas de una persona para obligarla a soportar condiciones de trabajo penosas y humillantes, bajo la amenaza de un despido arbitrario. Acoso: obligación impuesta a los trabajadores de trabajar en entornos que no respetan las normas de salud y seguridad en el trabajo, al tiempo que se le somete a acoso o a tratos que atentan contra su dignidad.
Las cuestiones relativas a la violación de los derechos de las mujeres migrantes marroquíes en la región del Golfo suelen girar en torno a varios puntos clave: el sistema de la *kafala* (patrocinio), que vincula la situación jurídica de la trabajadora a su empleador —impidiéndole así cambiar de empleo o salir del país sin su consentimiento— y que se instrumentaliza para ejercer control; la confiscación de documentos, práctica mediante la cual los empleadores retienen ilegalmente los pasaportes y los documentos de identidad de las trabajadoras para impedir que huyan; y la explotación económica, que incluye el retraso o la retención de los salarios, así como la obligación de las trabajadoras de realizar largas jornadas laborales sin remuneración ni descanso. Las mujeres son engañadas con contratos de trabajo falsos o promesas de empleos lucrativos, para acabar viéndose obligadas —bajo amenaza— a trabajar en condiciones penosas o en sectores ilegales como la prostitución. A algunas empleadas domésticas se les impide ponerse en contacto con su familia o utilizar el teléfono, lo que limita su capacidad para pedir ayuda.
También hay que añadir la explotación laboral que sufren los marroquíes en países de Europa como en Alemania, Francia, España (especialmente en la región de Murcia) donde trabajan en condiciones precarias y de explotación laboral. Además, llegan a cargar muchísimo peso sin ningún tipo de queja y a costa de estropearse su cuerpo.
El pueblo marroquí vive en condiciones de esclavitud desde hace siglos por culpa de la monarquía y del Islam y para que el pueblo marroquí tenga libertad, hay que combatir a ambos, tanto a la monarquía marroquí como al Islam.
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