Por Abderrahim El Mernissi y Equipo de Redacción
El gentilicio cariñoso de los habitantes de Ceuta es “caballa”. Es un pueblo profundamente volcado a las actividades de la pesca, con una sabiduría ancestral en las artes extractivas y transformadoras del mar, que sin embargo ha sufrido secularmente la ominosa acción de dos imperios, el español y el marroquí. Ambos han utilizado el valor estratégico del enclave para domeñar a los ceutís, inundar su territorio de soldados, guardias civiles y su consorte de entretenimiento cuartelero, tensionando y deformando las relaciones de la sociedad civil, y, como muestran los últimos acontecimientos, sufriendo la oleada interesada y premeditada de decenas de miles de jóvenes desarraigados marroquís, para que España por un lado se nutra de la mano de obra demandada por la patronal y por otro lado impulse la inclusión del servicio militar en la agenda de una sociedad muy wokizada bajo el pretexto de la seguridad nacional. Por su parte, Marruecos impulsa estos movimientos como válvula de escape ante la conflictividad social en su territorio, desviando la atención con el señuelo del expansionismo del gran Marruecos, y buscando recuperar la desgastada figura del rey Mohamed VI ante sus súbditos.
Ceuta debe pertenecer a los ceutíes, tanto los de ancestros europeos como los de ancestros amazighs, que deben repudiar por igual el sometimiento a ambas monarquías tiránicas de los estados español y marroquí, en sus espurios deseos de dominar con el enclave la entrada al mediterráneo por razones militares, para mayor gloria de sus multinacionales y sus clases dirigentes. Ambos Estados, enfrentados entre sí por intereses imperialistas geoestratégicos, pero unidos en el sometimiento de sus respectivos súbditos, deben ser denunciados y repudiados al alimón en aquellas zonas donde confluyan intereses que hagan pensar que uno es mejor que otro. No lo son, ninguno. Solo una propuesta de recuperación de pacto comunal popular como la esbozada en nuestra editorial podrá aventurar un futuro libre y verdaderamente democrático para los pueblos ahora sometidos por el yugo de estos tiranos institucionales.
Aprovechamos para hacernos eco desde nuestra revista del llamamiento que hace la Coordinadora marroquí de denuncia de las atrocidades de la monarquía alauita, publicitando su anuncio de actividades.
"En nombre de la verdad y la claridad, y en nombre de la credibilidad y la transparencia, y lejos de escondernos tras seudónimos y términos ficticios, y partiendo de nuestros valores, principios, ética y las experiencias que hemos vivido, nosotros, en la Coalición para la Condena de la Dictadura en Marruecos, nos proponemos organizar jornadas de puertas abiertas en salas de numerosas ciudades europeas y americanas, a través de las cuales daremos a conocer a la opinión pública los crímenes que ha cometido y sigue cometiendo el rey de Marruecos, junto con sus colaboradores, desde que asumió el poder en el año 1999 hasta el día de hoy, y que resumimos a continuación:
- La represión de medios de comunicación, con la fabricación de acusaciones maliciosas contra numerosos profesionales de la información por su línea editorial correcta, y la privación de su derecho a la opinión y a expresarla, a modo de ejemplo (los periódicos Le Journal, Al-Sahifa, Al-Ayyam, Al-Baydaoui, Akhbar Al-Usbu’, Doman...).
- El asesinato del joven Karim Al-Shaib, que murió a golpes de porra de la policía en la ciudad de Sefrou.
- El asesinato de la joven Fatima Azharío, a quien, a pesar de su súplica al rey, se dejó morir de cáncer sin proporcionarle tratamiento, a pesar de que la esposa del dictador era la presidenta de una asociación para el tratamiento del cáncer.
- El asesinato de la joven Hayat Belkacem, abatida a tiros por las fuerzas navales cuando solo intentaba huir de su reino hacia Europa.
- El delito de detención arbitraria y maltrato del escritor y activista marroquí Saíd Al-Wajani, así como el mantenimiento del asedio a su domicilio y el rociado de su casa con sustancias químicas nocivas.
- El delito de detención y tortura del capitán Mustafá Adib, de Abdelrahim Al-Marnisi y de otros que denunciaron la corrupción rampante en el seno del ejército.
- El delito de la detención del conocido como «Moul al-Hanout», arrestado por ejercer su libertad de expresión contra la injusticia y los abusos que sufrieron él, sus hermanos y su padre, un soldado que había estado prisionero del Frente Polisario.
- El delito de la quema en la que perecieron varios jóvenes en la ciudad de Alhucemas.
- El delito de la trituración de Samak, en el norte de Marruecos, en un contenedor de basura.
- El crimen del asesinato del capitán Murad el Pequeño por sus posturas y opiniones a favor de la reforma y el cambio.
- El delito de incitar a la discordia y sembrar intrigas entre el pueblo argelino y el pueblo marroquí.
- El delito de engañar a la opinión pública nacional e internacional con proyectos ficticios que carecen de fundamento en la realidad (el «Plan Verde», los proyectos de desarrollo generadores de ingresos, la reinserción de los reclusos, etc.).
- El delito de evasión de capitales y saqueo de riquezas.
- El delito de abrir cuentas bancarias a nombre de personas ficticias en numerosos países que se dedican al blanqueo de fondos fugados y saqueados.
- El delito de las víctimas de la institución militar a causa de agresiones administrativas y judiciales injustificadas.
- El delito de que el nombre del rey dictador aparezca en numerosos escándalos internacionales, desde WikiLeaks hasta los Papeles de Panamá.
- El delito de complicidad y fomento de la violación de menores en Marruecos, así como el indulto concedido a uno de los mayores violadores, llamado Daniel.
- El delito de empobrecer al mundo rural.
- El delito de las mujeres empobrecidas que murieron en la ciudad de Esauira en una estampida por una bolsa de harina.
- El delito de haber comprado un palacio en París por más de 80 millones de dólares al día siguiente de exigir austeridad al pueblo marroquí.
- El delito de incitar y fomentar la inmigración clandestina con el fin de chantajear a Europa.
- El delito de tráfico de drogas y de personas.
- El delito de las víctimas de las cárceles.
- El delito de privar de medios de subsistencia y de detener arbitrariamente a numerosos agricultores a quienes se les ha prohibido cultivar su producto agrícola, el cáñamo indio (kif).
- El delito de acabar con la agricultura en la región de Dchela mediante el cierre de las fábricas de azúcar, a sabiendas de que fueron los agricultores de Dchela quienes pagaron la factura de la recuperación de las tierras y la construcción de las fábricas (Zemmara, Sidi Benour)
- El delito de exportar terroristas a numerosos países árabes y occidentales para sembrarlos el caos y asesinar a su población.
- El delito de asesinar a inmigrantes africanos en situación irregular.
- El delito de demoler viviendas, dejando sin hogar a numerosas familias y arrojándolas a la calle sin ofrecerles una alternativa.
- El delito de la persistencia en la ocupación del Sáhara Occidental y en el saqueo de sus riquezas, así como en el desplazamiento, la tortura y el asesinato de sus habitantes, tras declarar de nuevo la guerra en 2020 con el fin de desestabilizar la región y propagar la delincuencia y el caos en ella.
- El delito de enterrar a los soldados marroquíes en la oscuridad tras su muerte en la guerra del Sáhara Occidental y de amenazar a sus familias para que no revelaran el secreto.
- El delito de malversación de fondos públicos y su distribución en forma de sobornos y regalos a periodistas, parlamentarios y políticos extranjeros.
- El delito de las víctimas del terremoto de Al-Haouz y de las recientes inundaciones, que, tras más de un año, siguen viviendo en tiendas de plástico sin las condiciones mínimas para una vida digna.
- El delito de situar a Marruecos en los últimos puestos de todas las clasificaciones internacionales relacionadas con la educación, la salud, la justicia y la lucha contra la corrupción.
Todos estos delitos están documentados con imágenes y comentarios que se expondrán en salas abiertas al público.
El pueblo marroquí también tiene derecho a la vida.
Por eso, tarde o temprano, estas cadenas deben romperse."
Abderrahim El Mernissi.
Coordinador de la Coalición para la Denuncia de la Dictadura en Marruecos.
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