HEMEROTECA - Recuperarnos como seres humanos (Parte I)

Publicado el 1 de septiembre de 2026, 9:40

Por Félix Rodrigo Mora

Iniciamos con el siguiente artículo de Félix Rodrigo Mora una nueva sección, la HEMEROTECA, en la que se rescatarán artículos ya publicados anteriormente en la web de la RI y similares, y que entendemos son particularmente valiosos o interesantes y, por tanto, merecedores de ser releídos.

 

Recuperarnos como seres humanos

El mes de agosto es, posiblemente, el más funesto de todos para mantenernos como lo que somos, seres humanos integrales que han de autoconstruirse con grandeza, virtud, generosidad, fortaleza y elevación.

       

Era una tarde de agosto cuando llegué, de manera casual, a un pequeño pueblo de la España profunda. Hacía un calor aterrador. Los alrededores eran una combinación muy árida de marrón, del suelo, y amarillo, del rastrojo. No había un árbol y no había nadie en las calles. Investigué un poco y averigüé que tras levantarse de la siesta casi todo el mundo se había ido a la piscina municipal, enorme, feísima y pestilente a cloro, a “disfrutar”. Pregunté a la gente mayor y me dijeron que antaño el pueblo tuvo un hermoso y verde cinturón de huertas que le embellecía, alimentaba y refrescaba, y que el personal se esforzaba, esto es, trabajaba con sus manos, en verano.

       

Eso era antes. Ahora la vida es otra: pasar el día en la piscina, comer y beber sin medida, no hacer el menor esfuerzo por nada ni por nadie, emborracharse por las noches en la discoteca, acostarse de madrugada, levantase a media mañana, vaguear un rato, mirar la televisión y las otras pantallas, zampar algún producto-basura, dormir la siesta, zangolotear de allá para acá con los coches, discutir y pelearse entre sí, retornar a la piscina y recomenzar el ciclo. Cierto es que una minoría no se manifiesta así, en particular entre la gente de más edad, pero la gran mayoría no tiene otra meta que llevar una vida de supuestos placeres sensoriales y zoológicos, bajo el amparo del Estado de Bienestar, el nuevo tótem benéfico y redentor, al que se dirige sin tregua los mantras conocidos, “dame, dame, dame” y “más, más, más”.

       

Se trata de recibirlo todo de arriba y de no hacer ni saber hacer nada por sí mismos.

       

Un detalle básico me lo refirió burlonamente una anciana. En la piscina todas y todos se orinan, de manera que el colmo de la dicha y la felicidad hiper-modernas es bañarse en “los meaos” (la doña dixit) comunitarios… Me dijo, también, que el agua de la mega-piscina municipal debe usarse para regar huertos, no para que la gente se hiciera holgazana, parasitaria, ignorante y tonta estando todo el día en remojo, como si fueran bacalao puesto a desalar. Pobre mujer, ¡qué antigua! Tanto que hasta tiene un huertecillo con tomates, pimientos, judías verdes y berenjenas (éstas las guisa y conserva a la manera de Almagro, riquísimas), el único que queda en el pueblo, y que con mucho gusto visité.

       

Por fin una persona cuerda en un mundo de orates, fanáticos y adoctrinados. Esta mujer es tan de otro tiempo que “no echa química” a sus hortalizas, las saca adelante a ojo, por pura sabiduría popular de la buena. Me dice que ya nadie menor de 60 años sabe llevar un huerto en el pueblo. Ahora todo se compra pues nada se cultiva, lo contribuye a hacer al individuo al mismo tiempo inútil para el bien, perezoso, insociable y superlativamente codicioso.

       

Hace 50 años ese pueblo producía en torno al 70% de lo que consumía, hoy no llega al 1%. Vive de las pensiones y los subsidios, del cereal (cebada), con algo de olivar y ovino. En agosto triplica su población. Aunque predomina ampliamente la pequeña y mediana propiedad, casi nadie quiere esforzarse por nada, todos desean vivir en la holganza, deliciosamente, en verano zambulléndose en la piscina-mingitorio y en invierno viendo televisión unas 10 horas diarias, en casas bien provistas de calefacción, en donde se encierran para escapar del frío, sin convivencia, sin apenas relaciones de vecindad, de espaldas los unos a los otros, sin amor mutuo. Antes esto era, también, muy diferente.

       

Agosto es también el mes de las terrazas y las raciones. Vemos a multitudes embaulando aperitivos y trasegando cerveza con caras de porcina satisfacción, como si no hubieran comido o bebido en su vida. Todo ya se reduce a la pitanza. Una vez que las funciones del espíritu, del eros y de la vida relacional se han esfumado nos queda el estómago. Por él nos definimos y nos realizamos. Los arrastrapancartas intiman a las gentes a que hagan de su tubo digestivo lo único con significación, por lo que estamos en las 3.300 calorías por persona y día, cuando basta con 2.700. En agosto posiblemente nos aproximemos a las 3.600.

       

Una vez escuché a una chica que no conocía hablar exaltadamente de las delicias de tomarse “unas cañitas” de cerveza sentada en una terraza, acompañadas de raciones. Lo presentaba como una experiencia mística, algo dotado de una significación maravillosa y trascendente. Desolado al constatar hasta dónde puede el ser humano envilecerse pensé para mí que sólo una o un militante del “partido del estómago” es capaz de proferir tales chocarrerías. Y acerté. Éste es el principal introductor del hedonismo burgués en las clases populares.

       

La cosa está clara: las clases populares se emancipan comiendo y bebiendo, acumulando grasas y colesterol, no esforzándose por nada y delegándolo todo, mirando la televisión muchas horas diarias, sepultándose psíquicamente en la Red, contemplando sin tregua las pantallas de los móviles, siendo de una ignorancia y asocialidad descomunales y zambulléndose en piscinas ricas en pis. En eso se concreta ahora el materialismo dialéctico y el materialismo histórico. Quien no lo comprenda así es un reaccionario, un agente de la patronal, un vendido a la derecha, o peor aún, un clerical que se opone a que los goces que antes eran patrimonio de las clases altas hayan llegado ¡por fin! a los trabajadores en esta “democracia” maravillosa, que será perfecta cuando sea republicana, igual que Francia, Portugal o Italia, como resultado de ese “proceso constituyente” que ya exigen nuestros emancipadores de oficio.

       

Sí, yo me sublevo contra todo eso, y la anciana del huerto también. Ella sabe cultivar tomates, y los otros no sólo no saben hacerlo sino que tampoco saben comerlos, pues lo suyo es la bazofia industrial cárnica y una hortaliza les provoca diarrea. Cierto es que ella y yo somos un tipo de gente en extinción, pero mientras hay vida hay esperanza, y ahí estamos, dando la batalla, ella con sus tomates y yo con mis escritos. Los dos coincidimos en que NO es posible ganar, que lo nuestro es la derrota y la aniquilación, pues las fuerzas de la mentira, la demagogia, la locura, la super-opresión y la maldad hoy son demasiado poderosas para que unos cuantos infelices podamos lograr algo. Bien, pues nos aceptamos como derrotados de antemano y seguimos en la brega.

       

Los modernos y progresistas se horrorizan. O sea -dicen- que pretendemos que la gente agarre una azada en agosto, con la canícula que hace, y se ponga a cavar el huerto, y a regarlo, y a atenderlo, dejando además sin agua a la piscina, que hace las veces de templo y santuario del hedonismo casposo-obligatorio que padecemos, la nueva religión laica. Eso, aducen, es feudal, clerical y fascista, además de reaccionario, cristiano y carlista. Hay que disfrutar, hay que gozar: estamos en esta vida para ser felices, para extraer de la existencia un máximo de satisfacciones, no para hacer penitencia ni para esforzarnos ni para ser responsables ni para mortificarnos.

       

Si a estos sujetos se les hace observar que su modernidad gozadora se concreta en zambullirse en una piscina en que unas 500 personas hacen pipí cada día, en comer basura pre-cocinada, en quedar prisioneros de una Red majadera, en padecer casi cada día las arcadas de las moñas, en ir de una depresión a otra aún más fuerte, en vivir sin amor ni erotismo y en habitar en poblaciones sin árboles, en donde la contemplación del paisaje hace que duela el alma, entonces se enojan aún más y se empiezan a poner agresivos, según acostumbran. Así las cosas, la doña y yo nos callamos: no está hecha la miel para la boca del asno.

       

Por supuesto, nuestros bañistas de agosto no saben nada de la capa de ozono, y si haces el esfuerzo de explicárselo se encolerizan. Que la gran cortina celeste que antaño nos defendía de los rayos ultravioletas haya disminuido (por efecto de ciertos gases de origen industrial) en la primavera de 2012 (lo datos de este año no están aún disponibles) en más de un 40%, un porcentaje aterrador, les fastidia muchísimo, no sólo porque presenta como casi un suicido aquello que mucho les gusta hacer, tomar el sol horas y horas, sino porque pone en cuestión un dogma sacrosanto, la teoría del progreso.

       

Según ella vamos a mejor, nos espera en el futuro la dicha y la felicidad más completas, y no admiten que nada ni nadie cuestione esa fe ciega y mostrenca, ese narcótico espiritual que les obliga a creer que éste es el mejor de los mundos posibles y que, además, mañana será realizado el paraíso en la tierra. Dicho en plata: prohibido hablar de la capa de ozono hasta nueva orden. En la Formación Social Hedonista y del Bienestar no puede decirse nada desagradable, que incite a pensar, que cuestione lo medular del orden constituido, que distraiga de los hórridos goces cotidianos… Así se ha construido la actual sociedad de la mentira, la irresponsabilidad, el delegacionismo, la infantilización, la inmoralidad, la deshumanización, la soledad, la fealdad, la deserotización, la depresión, la inespiritualidad y la tristeza.

       

El sistema de dominación es tanto más fuerte cuando más débil e inútil es el individuo común, cuanto menor es su virtud y valía.

       

Los apologetas del actual orden capitalista-hedonista son dichosos en su ignorancia, en su intolerancia, en su fanatismo, en su irracionalidad. Y además se creen los sujetos más sabios, abiertos, comprensivos y racionales de la historia de la humanidad. Lo tienen todo, los muy pillos, mientras los demás no tenemos nada. Es injusto.

       

De acuerdo, pero cuando enfermen y envejezcan (los progres están convencidos que ellos son y serán jóvenes a perpetuidad, pero en esto también se equivocan), ¿quién les atenderá en un país con el Estado de Bienestar quebrado? Dado que por lo general no tienen hijos (aunque sí perros), pues alegan que es molesto criarlos y además ya está el Ministerio de Igualdad, ahora en manos de la derecha española, para decirnos que los niños, pobrecitos ellos, “explotan a las mujeres”, ¿qué harán?

       

Los próximos decenios serán tremendos, claro que quien se ha dejado hacer memo, inútil, egotista y perverso al mismo tiempo, ¿qué puede esperar, salvo que le tiren al vertedero sin demasiadas contemplaciones en cuanto el colapso financiero del Estado de bienestar supere un determinado nivel?

       

Se anuncia un tiempo de hecatombes. Nuestra sociedad está muerta porque falla lo más sustantivo, la calidad y valía de la persona. El desplome explícito de Europa ha comenzado (el implícito está en marcha desde hace mucho). Lo que vendrá será muy probablemente una repetición ampliada de la pavorosa crisis del siglo III y de la aterradora crisis del siglo XIV. Las y los que nada saben hacer por sí mismos porque todo lo esperan de las instituciones serán los primeros en ser sacrificados.

       

Quienes queremos recomponer la sociedad a través de un proceso de revolucionarización integral tenemos que empezar por el principio, por el individuo, rehaciéndonos y autoconstruyéndonos en tanto que seres humanos. ¿Cómo? Eso en el siguiente capítulo

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