Solo la puntita: la violación del machirulo saudí aplaudida por el feminismo y por Vox

Publicado el 1 de febrero de 2024, 20:26

Por Jesús Trejo

Tiempo estimado de lectura: 8 min

 

Nuestro tenista más castizo, Rafael Nadal, “vamos Rafa”, se ha convertido en embajador de la federación de tenis de Arabia Saudí, además de planificar la construcción de la Rafa Nadal Academy en el reino saudita. Este hombre, bien asesorado seguramente por su amiga de alma y presidenta del Banco Santander, Ana Patricia Botín (con la que queda frecuentemente para jugar al golf con toda su cuchipanda) y que ha sido durante las últimas dos décadas el buque insignia de la marca “España”, ha decidido que la Monarquía saudí es algo digno a promocionar, a pesar de que el 90% de la población vive en una situación de segregación social, cuyo régimen está a la cabeza en coerción política y privación de derechos humanos, y con una inexistencia absoluta de actividades deportivas, salvo el fútbol y los deportes de motor (el deporte está prohibido entre la población femenina, y los niños que practican tenis han aumentado hasta 1000, cuando en el Estado español hay 80.000 fichas), donde la actividad física es menospreciada por la elite de los Saud como algo propio de clases bajas, y con un nivel de actividad femenina nulo, dado el papel de comparsa que la mujer tiene en el epicentro islámico del mundo árabe. Este golpe de efecto publicitario es la última muestra del ejercicio del soft power, como se llama ahora a la colonización ideológico-cultural, por parte de la autocrática y reaccionaria monarquía saudí, dentro del Estado Español, que se vanagloria de ser el más tolerante y feminista de todo el universo Marvel. Y nuestras grandes adalides en defensa de la igualdad y la tolerancia se callan como p…olíticas, porque habiendo dinero por medio, se permite entonces que nos la metan bien metida. Dicen que es solo la puntita, que son pequeñas cositas de promoción, pero detrás de ello hay toda una intención de profundo calado político social.

 

La injerencia sutil a golpe de talonario por parte del Estado saudí comandado por el príncipe Mohamed Bin Salmán (MBS) en el mundo deportivo, es una verdadera estrategia de Estado. La creación de la LIV golf, circuito paralelo al PGA tour occidental que se ha llevado también a “nuestra” estrella John Rahm, la pretensión de ser sede del Master femenino de Tenis (¡!), la compra de talentos juveniles con cantidades desorbitadas que más se parece a un mercado neonegrero , o la celebración de la Supercopa de futbol de España (sic) en Riad, es un claro ejemplo de inversión “improductiva” que se inscribe dentro de las nuevas formas de dominar el mundo, el “control mental” como dice el coronel Pedro Baños, en un momento de inflexión imperialista de la monarquía saudí, que busca su trozo de Poder en el Medio Oriente y en África, junto al interés renovado de las elites europeas por una cosmovisión, la islámico fascista, que le vendría de perlas para la nueva fase de dominio sobre las díscolas masas del viejo continente ante los retos que se avecinan.

 

El impacto de las imágenes televisadas entre la población, empobrecida de ideas y aculturada, es decisivo para su control. El deporte hace mucho que es uno de los pilares principales de dominación política. Que sea el Estado más reaccionario y antisocial quien detente la organización y la exposición visual de estos eventos europeos tiene un calado de gran transcendencia. En la retransmisión de la Supercopa de España, una reportera de una importante cadena narró en primera persona cómo no podía acceder a las instalaciones del gimnasio del hotel, solo para hombres, e invitada formalmente a hacer sus “estiramientos” en una sala de limpieza. En la ceremonia de clausura, uno de los jugadores del Real Madrid, el alemán Toni Kroos, fue linchado mediáticamente por no querer portar una camiseta en árabe promocionando la monarquía tiránica saudí. Y el mismo equipo madridista se ha plegado a los intereses de sus patrocinadores árabes, en este caso Emirates, al quitar de su escudo la cruz cristiana que llevaba en la corona. Estos detalles indican cómo van a llevarse en el futuro el patrocinio de estos eventos de masas: sometimiento, adoctrinamiento y aceptación del oprobio, o de lo contrario, ostracismo mediático y profesional.

 

Bajo la aquiescencia de las elites europeas, y en especial de la española, la injerencia ideológico-cultural que va asumiendo la arabian way of life, con su mezcla de sofisticación y coerción, es el deseo de todo gobernante estatal. Proponer como alternativa a la libertad frugal entre árboles una supuesta vida de lujo en el desierto es el mensaje sutil que propaga la campaña sufragada por petrodólares. Con el añadido que esta vida acomodada solo estaría al alcance de muy pocos, porque el nivel de pobreza en el seno de la población migrante trabajadora en el Estado del oro negro es generalizado.

 

Lo que más importa de toda esta situación es la manera en cómo se retratan los jefecillos ideológicos de nuestro Estado. Por un lado las empoderadas feministas, tan histriónicas con los micromachismos pero que hacen mutis con el macromachismo saudí (la ministra de Deporte Pilar Alegría ha permitido que la Supercopa de fútbol se desarrolle en el país donde se prohíbe por decreto o sharía la actividad física deportiva femenina) y por otro lado, los defensores de la españolidad más pura, VOX, que tampoco han levantado la voz, ni siquiera emplearla, para denunciar cómo unas competiciones que deberían ser símbolos de soberanía, se externalizan y se desarrollan en un lugar que además es la antípoda de lo genuinamente español, como es la Arabia de tan funesto recuerdo histórico, que con sus petrodólares subvenciona las cátedras que tergiversan la memoria histórica y blanquean la terrible pesadilla de pillaje , cautiverio y muerte que supuso la presencia islámica en la península, además de sufragar las soflamas de recuperar Al-Ándalus entre el mundo musulmán (ahora se han renovado con fuerza la reivindicación de anexionarse Ceuta y Melilla).

 

Lejos de alegar inconsistencia en los relatos de nuestros actores y actrices políticos, de derecha e izquierda, lo que hay debajo se llama razón de Estado. Arabia Saudí es un socio estratégico para Europa en la próxima guerra que está llamando a las puertas, por el aporte de combustible. Dejando al lado las infantiles ideas progres sobre la electrificación, la guerra se hace con gasolina y diésel, que es el insumo logístico esencial de tanques, barcos y reactores de combate, y el suministrador principal para el viejo continente es Arabia. Es por ello que no solo hay un interés en la cosmovisión que pueda desprenderse del mundo islámico de cara a la gobernanza futura de las masas europeas, sino que de manera más inminente es imperiosa la necesidad de claudicar ante sus demandas y cerrar los ojos ante sus tropelías, so pena de que nos corten el grifo, y nunca mejor dicho.

 

Así que no solo la puntita, sino toda la manguera del petróleo es lo que desean y buscan que nos meta el machirulo saudí, con la promesa ilusoria de darnos la luna. La media luna del Islam.

 

Jesús Trejo

 

 

 

 

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Comentarios

Helena Rodeja Martinez
hace un mes

que grupo u organización feminista aplaude el deporte vendido a los saudís?