Por Simón, lector de VyR
"Puede afirmarse con certeza que ninguna contestación real se llevará a cabo por individuos que, al exhibirla, se elevan socialmente más de lo que se hubieran elevado absteniéndose. Lo cual no hace sino imitar el ejemplo notorio de este próspero personal sindical y político, siempre dispuesto a prolongar durante un milenio la queja del proletario con el único objeto de conservarle un defensor”.
Guy Debord
NOTA: el texto que sigue a continuación forma parte de un trabajo más amplio titulado “El insoportable lloriqueo de la izquierda en tiempos de Trump”, que verá la luz pronto. Muy probablemente coincidiendo con la celebración de las próximas elecciones del 29 de noviembre.
En el momento en que se escriben estas líneas, ya casi a punto de enviar el borrador de esta obra a imprenta, se continúa desarrollando la segunda gran acampada, después del 15 – M, en la matritense plaza de la Puerta del Sol y otras ciudades del estado español. La fecha de comienzo de la misma fue el 27 de septiembre de 2026 después de que el desahucio 4 días antes (el día 23), de la anciana de 87 años de edad María del Carmen Abascal, actuase como detonante. El impacto social y mediático de la noticia se vio reforzado, aún más si cabe, por el desafortunado fallecimiento de la afectada el 7 de octubre.
Teniendo en cuenta que las próximas elecciones han sido adelantadas por el presente gobierno izquierdista para el 29 de noviembre, y que este libelo aspira a ver la calle en coincidencia con tales jornadas, quien esto escribe se ve obligado a realizar un análisis de urgencia de lo que no pasa de ser, a su juicio, un mero trampantojo de movimiento.
Como es natural, el hecho de que el episodio en cuestión se encuentre aún lejos de darse por concluido, hace que no se pueda descartar alguna imprecisión en este anexo derivada de su carácter intempestivo y de última hora. En todo caso, y ya de entrada, osamos apostar a que las líneas generales de lo que a continuación se pasa a exponer encontrarán su validación efectiva en el transcurso de los próximos meses. Dicho esto, prosigamos:
En primer lugar, cabe destacar el carácter ambivalente del evento. Si algo se puede decir de él, después de haber investigado, leído, visto vídeos en redes sociópatas e incluso visitado el epicentro de los hechos y departido con sus protagonistas sobre el terreno en varias ocasiones durante las últimas semanas, es que hay tanto luces como sombras dentro del mismo. Ahora bien, ¿cuánto se da de cada ingrediente en todo el mejunje? No vamos a ser condescendientes, (y lo sentimos de veras por la calidad humana indudable de muchos de entre las chicas y chicos implicados, algunos de los cuales hemos tenido el honor de conocer), pero la verdad es que hay más de negativo que de positivo.
Comencemos, de todas formas y para que no se nos acuse fácilmente de “saboteadores” sin escrúpulos (aunque en tal menester ya se están empleando a fondo otros mucho más avezados al ilusionismo de masas que nosotros) por el lado
amable del asunto. Sin duda es un alivio constatar que una porción considerablemente numerosa de esa juventud que muchos ya nos habíamos resignado a dar por perdida en las fauces del fascismo patriotero, han optado por el lado de la humanidad y la decencia. Afortunadamente, no toda la chavalería se identifica con la moda de la pulserita rojigualda y el molininillo de los idiotas[1]. El desahucio de una persona mayor, en este caso llamada Maricarmen, sean cuales sean las contradicciones de vida que se le pretendan achacar, es un hecho inaceptable y mucha gente, particularmente los jóvenes, han sabido estar a la altura de la situación, mutando la sensibilidad inicial en solidaridad activa tanto por ella, como por otros tantos y tantas anónimos y anónimas ahora mismo atrapadas en situaciones iguales o peores. Esto, que podría parecer un asunto menor, resulta enormemente valioso en tanto que un tímido retorno del cariño a una sociedad que durante los últimos años se ha endurecido como nunca ante la crueldad social - darwinista, cada vez más omnipresente, de los discursos ultraderechistas y liberales.
En segundo lugar, cabe elogiar sin ningún género de dudas, la ejemplar autoorganización de la plaza y sus aledaños[2]. Frente a la avalancha de improperios vertidos por la prensa en relación con una supuesta decadencia higiénica del sitio y sus habitantes temporales, lo cierto es que, dadas las circunstancias, el entorno se mantiene razonablemente limpio. De igual modo, la circulación es más o menos fluida; se ha dejado claro que la acampada no es un botellón y como tal se comportan las personas participantes; se gestionan bien los conflictos; el nivel de actividad es elevado; y, salvo los primeros días, las “frikadas” New Age y las batucadas se han dejado de lado para tratar sobre temas serios en un ambiente acorde con la gravedad de lo que ya se comienza a entrever que se nos viene encima.
Hasta aquí todo bien, pero ahora, la sinceridad más básica y una intención honesta de profundizar en la construcción de una iniciativa revolucionaria realmente eficaz obliga a señalar los numerosos defectos y PELIGROS consustanciales a un acto que, pese a las apariencias, no puede dejar de ser lo que es: pura apariencia en sí mismo. Así, básicamente, solo cabe decir que nos encontramos ante una escenificación, un vodevil, una pantomima. Por desgracia, lo que tenemos delante no representa sino la enésima maniobra rastrera de una izquierda partidista y sindical podrida que se sabe muerta y en estado acelerado de descomposición, pero aun así ha decidido lanzarse un órdago a la desesperada con intenciones flagrantemente electoralistas.
Detrás de este llamamiento se encuentran las mismas organizaciones que durante más de un decenio no han hecho sino corromperse y decepcionar a todos quienes les votaron. Las mismas organizaciones que arramblaron con todas las luchas verdaderamente radicales, extraparlamentarias y horizontales, recuperándolas hasta sus más mínimos intersticios o destruyéndolas cuando no les eran de utilidad o les salían “respondonas”, llaman ahora a la autoorganización callejera, pero eso sí, bajo el único formato que a ellas les conviene, o lo que es lo mismo, bajo el simulacro de un inmenso teatro de impacto calculado, sujeto al control de sus aparatos y adaptado a sus propios intereses. Al final, lo que se despacha aquí no deja de ser un golpe de efecto de última hora destinado a corregir in extremis la catastrófica y prolongada caída al vacío en la que lleva envuelta la izquierda desde hace ya varios años. Se busca recuperar un mínimo de la reputación perdida de cara a recabar votos y amortiguar lo que ya se perfila como un hundimiento electoral sin paliativos y un triunfo, como mínimo holgado, de la derecha. Y como la consigna del miedo a esta última y la práctica de agitar el coco del “¡que vienen los fascistas!”, ya no funciona tan bien[3], nuestros olvidadizos “héroes del proletariado” han tenido a bien sacarse de la manga, aprisa y corriendo, el tema de la vivienda. Uno no puede evitar preguntarse, qué demonios hicieron al respecto durante todo el tiempo que estuvieron gobernando, pero bueno… dejemos lo evidente aparte y continuemos buceando en las cloacas, que sí, también la izquierda tiene las suyas.
En torno a las carpas se ha instalado una enorme oficina de reclutamiento para las filas de organizaciones partidarias de la siniestra, así como un casting, más selectivo, orientado a ir cribando las futuras caras visibles del relevo izquierdista de podemos, sumar y otras siglas cuya nocividad a estas alturas debería considerarse fuera de toda duda. Se está manipulando a los chavales para recuperarles, engrosar filas, utilizarles y quemarles. Esto es, para el juego de la izquierda recuperadora socialdemócrata, bolchevique, grupuscular y sindical, de toda la vida[4]. En su gran mayoría, los jóvenes acampados son universitarios, y dentro de estos un número considerable acude a las facultades de la Complutense y la Autónoma. Bastantes de entre sus profesores “progres” proceden de CCOO, el PSOE, podemos, sumar, u organizaciones recuperadoras de nuevo cuño como la ya mediática, anacrónica y descaradamente chupacámaras coordinadora juvenil socialista. Todos ellos son igual de nefastos, aunque la palma esta vez, quizá se la lleve el primero de los sindicatos mayoritarios mencionados, hoy por hoy uno de los cenáculos más corruptos y con más redes clientelares y de enchufados del país; bastante por encima, incluso, de su hermano gemelo en esas lides, la UGT.
En definitiva, nos encontramos ante toda una intelligentsia de “profesionales” de la izquierda reformista con mucho que perder ante el previsible viraje a la derecha en el gobierno del país y que reacciona ahora en defensa de sus prebendas desempolvando viejas momias ideológicas y lanzando como tropas de choque a sus pimpollos desde las aulas. Dentro de dicha izquierda, han existido y existen todavía demasiados personajes de escasa catadura moral y vergüenza cuanto menos distraída avezados a vivir de subvenciones, compadreos y enchufes durante mucho tiempo y que ahora tiemblan ante la posibilidad de que se les retire la financiación. De ahí ese afán de última hora y a la desesperada por buscar algún nicho donde recalar a corto plazo una vez se les acabe el chollo y sus asientos, u otros nuevos por inventar, acaben transfiriéndose a futuros chupópteros del signo ideológico contrario. La misma presidenta de sumar, Yolanda Díaz, ya parece estar buscándose las habichuelas como futura nueva presidenta de la Organización Internacional del Trabajo. Da pena por los chicos, pero es así. Les están utilizando de mala manera[5].
De lo anterior se desprende la querencia por imponer una dramatización de falsete plagada de pseudo - debates de Perogrullo, consignas facilonas exquisitamente posibilistas o inoperantes lemas maximalistas de hace más de un siglo. Lo importante no es hacer avanzar las cosas, sino mantener en pie una tramoya destinada a salvar los puestos de quienes manejan los hilos por detrás; o al menos a dejarles tiempo suficiente como para encontrar otra madriguera donde volver a caer en blando. Así las cosas, nada de superar en radicalidad las consignas más vacuas de la izquierda posibilista tradicional, dejar atrás el revanchismo resentido “guouc” o desahuciar de una vez por todas los manidos clichés de un neo – bolchevismo totalmente acabado desde hace ya más de 7 décadas. En realidad, lo que esta gente está haciendo es entonar el canto del cisne antes de abandonar su particular nido del águila por la puerta más grande que encuentren, sea esta giratoria o no. El espantajo de la revolución obrera más decepcionante de la historia o los más garbanceros lloriqueos socialdemócratas operan al unísono para evitar el planteamiento de verdaderos debates revolucionarios, anticapitalistas y antiestatales. En esto último todos (PSOE, Sumar, podemos, la coordinadora, los popes universitarios…) están de acuerdo. Agitar el avispero para salvar sus culos; para ordeñar aprisa y corriendo algún voto despistado hacia una izquierda cayendo en barrena; y para brindar a la plebe una distracción más en la cual sentirse el Che Guevara por un día (siempre de forma lúdica y pacífica, por supuesto) pero de la que no está claro si esta sacará nada en limpio más allá de un decreto sobre vivienda malamente remendado y de muy dudosa practicabilidad dentro de los márgenes del propio sistema. Eso es todo. No se pretende nada más. Y por eso quienes plantean cuestiones con potencial crítico real, es decir, necesaria e inevitablemente antisistema por mor de su propia condición de crítica sincera, independiente y apartidista, o no existen en la acampada y sus movimientos – satélite, o no trascienden porque se les deja fuera de la foto a propósito.
Pero como ninguna ficción digna de tal nombre podría funcionar sin una pizca de épica y heroísmo, aunque sean de baratillo, es necesario añadir un poco de pólvora mojada, una cierta cantidad de munición retórica de fogueo destinada a despistar a los más incautos y absorber a los más inquietos, reconduciéndoles hacia un activismo estéril y regurgitándolos a posteriori una vez hayan sido debidamente incinerados y neutralizados. Tal función, infame donde las haya[6], recae en algunas organizaciones que han sabido pescar hábilmente en río revuelto, como el ya veterano y podrido desde siempre Sindicato de Estudiantes (trotskista)[7] o el neoestalinista, absolutamente trasnochado y proto – dictatorial Movimiento Socialista Juvenil dentro de la Coordinadora Socialista mencionada anteriormente. Este último, en particular, destaca tanto por haberse tornado mediáticamente omnipresente en el entorno del mar de tiendas del kilómetro 0 como por revolcarse en un magma estaliniano altamente risible y de la peor especie, demostrando a quien tenga dos dedos de frente, el carácter superado de todo lo que provenga del leninismo bolchevique. Por desgracia, algunos se empeñan en seguir viviendo en 2026 como si estuviesen pisando las calles de San Petersburgo o Petrogrado en 1910.
La irrupción repentina y totalmente inesperada de este grupúsculo suscita, o al menos debería suscitar, serias sospechas acerca de su posible origen y su más que dudoso carácter independiente. No se levanta una maquinaria así de la noche a la mañana; ahí se ha invertido en medios. De igual modo, su rechazo visceral por los métodos asamblearios, deja a las claras una vertiente jerárquica indudable, al par que oculta una de las razones de mayor peso a la hora de socavar la eficacia potencial de dicha metodología, la cual no es otra que la invasión de todo movimiento horizontal que empiece a despuntar por los cachorros de estas organizaciones bien adiestrados en el mal arte de cooptar todo lo que se les ponga por delante[8]. La principal y más importante contrarrevolución es esta. La reacción dentro de la revolución es la representada por el vejestorio leninista (también por el socialdemócrata), por más que de cuando en cuando se renueven sus filas con la presencia de efebos dispuestos a agitar irracionalmente el libro rojo que toque en el momento y a recitar de memoria lo que aparezca en sus apuntes universitarios sobre el “Qué hacer” del maestro Vladimiro. Los profesorcillos han encontrado en sus pupilos más volubles una nueva y obediente Guardia Roja embutida en chándales “everlast” de “antifa” vallekano.
Volviendo con tema de la vivienda, uno no puede dejar de notar la similitud casi especular del término “rentismo” con aquel otro creado por la derecha a partir del primer apellido del presidente aun en funciones. Bien parecería un eslogan parido para la ocasión por el mismísimo servicio de relaciones públicas del PSOE. De igual modo, el tema no deja de abordarse de manera superficial, posibilista, reformista, centrado en la estrechísima visión de la supervivencia diaria, pero ignorando olímpicamente cuestiones no menos importantes como la relación entre arquitectura y control social, la horridez estética de unos barrios invivibles y la falta de control por parte del vecindario sobre la toma de decisiones acerca del propio lugar en el que habitan. Ni por asomo se toca tampoco el problema de la centralización macrocéfala de la población del país en unas pocas urbes, cuestión esta en relación directa con la despoblación del campo, el arrasamiento del medio rural, la imposición, cada vez más abusiva, de una movilidad laboral agotadora, la defensa de las tierras, bienes y relaciones comunales, el rescate y ampliación del concejo abierto, la descentralización del poder fuera de las pantagruélicas apetencias y necesidades de la gran ciudad, la negación total de la libertad de escoger donde se quiere vivir…
Ni que decir tiene, además, que la crítica al estado, tanto en su faceta represora, como en su más sibilina táctica desmovilizadora a través del “bienestar” consumista, brilla por su ausencia, del mismo modo que lo hace cualquier intención de ir acompañando las reivindicaciones presentistas con la construcción de estructuras horizontales capaces de suplantar tanto al aparato estatal como al empresariado privado en una eventual autogestión revolucionaria de la vida. Demasiado pedir para no pocos de entre estos “militantes” universitarios quienes el día de mañana bien podrían encontrar en el ente estatal (o en alguna que otra gran empresa afín, nunca se sabe) a un futuro cargo o una fuente de prebendas y sustanciosos ingresos. Como bien dijo en su día un italiano célebre; “todo en el estado, nada contra el estado, nada fuera del estado”
En resumen, nada verdaderamente radical y con potencial revolucionario se está cociendo bajo los tenderetes. El trasfondo real de todo este asunto no es más que
un esperpento, una comedia bufa, una estafa… Al final, todo se reflexiona y se ejecuta a la medida de una clientela mayormente urbanita y entregada a las delicias hedonistas del ambiente de ocio típico de las terrazas lavapiesinas, lalatinianas y argumosinas (en el caso madrileño), o lo que es lo mismo, para ese izquierdismo de eterno adolescente adscrito a todas y cada una de las modas “guouc” que han ido irrumpiendo en el país. Militancia cómoda, sin riesgos, hedonista, ajena a todo esfuerzo o sacrificio personal, estrechamente adepta a la dádiva estatal y apta para actuar de una sola forma; como electorado obediente y figurante pasivo[9]. Hace tiempo que en esta basura que algunos llaman españa, el pueblo no se moviliza, sino que es movilizado a conveniencia y cuando esa cosa amorfa denominada “agentes sociales” u otras instancias igual o peor de perjudiciales, tocan a corneta y dan la orden de salir a pasear arrastrando pancartas. Los unos porque “Ceuta se defiende” de una supuesta invasión, los otros porque “la vivienda es un derecho”, pero a la hora de la verdad, distancias ideológicas aparte, todos igual de peleles.
No es de extrañar, entonces, que el espectáculo posterior a las movilizaciones iniciales tras el desahucio de Maricarmen emitiese a bombo y platillo las sesiones parlamentarias donde se votaron los decretos sobre vivienda presentados, tarde mal y nunca por el grupo socialista y sus socios. El juego parlamentario, los cambios legislativos y la ñoñería absurda del voto “antifascista” se ven de nuevo refrendados como el mecanismo gracias al cual se supone que acontecen los cambios y se “resiste” la embestida de una extrema derecha cuyos métodos propagandísticos son, en esencia, idénticos a los desplegados desde ese otro lado del espejismo de barricada[10]. El y la votante de izquierdas, decepcionados, se verán abocados a depositar su papeleta en apoyo del cutre remedo patético de frente popular representado por el “frente amplio” que ya empiezan a perfilar quienes se podrían llevar la peor parte en la prácticamente cantada debacle y ulterior desbandada izquierdista tras los próximos comicios del 29 - N. Para los más jóvenes y desencantados, la membresía pseudo – radical en los grupúsculos universitarios y potenciales futuros partidos neo - bolcheviques servirá como consuelo ante un espectro político que les ha decepcionado profundamente. Como consuelo y como contención, claro, porque de ahí nada bueno va a salir más allá de los ya mencionados fuegos de artificio y los paseítos callejeros bandera roja en ristre[11]. Es todo tan ensayado, tan artificial, tan de la primera década del siglo pasado si no de más atrás, que da vergüenza ajena contemplarlo.
Y por supuesto, no podía faltar el antifascismo, el perenne, necio, catastrófico, patético, infantil, estúpido, antifascismo. Pocas rémoras para la formulación de una teoría y praxis revolucionarias reales y efectivas son más persistentes y tóxicas que esta. En nombre de esta especie de frentepopulismo 3.0, y de su corolario institucional, el culto a la sobrevaloradísima y muy contrarrevolucionaria II República del 31, se justifica todo. Estos “tótems” intocables desde el punto de vista crítico se sacan a relucir junto con otros cadáveres como el del supuesto proletariado, un poco a la manera en que los costaleros desfilan con las imágenes de la Semana Santa. Decirse republicano, proletario o antifascista puede quedar muy “pec”[12] entre los amigos y allegados, pero a la hora de la verdad, es como decirlo todo y no decir nada. Cualquiera puede ser republicano y antifascista, incluso gente de derechas muy de derechas, liberales muy liberales, conservadores muy conservadores, católicos muy católicos y tantos y tantos otros[13]. Pero da igual el mito antifascista y republicano sigue vivo, no porque goce de una vitalidad manifiesta, sino porque hay intereses detrás siempre dispuestos a conservarlo en formol. Sigue vivo incluso tras haber demostrado a las claras su carácter contrarrevolucionario, interclasista y de mínimos minimísimos una y otra vez. En su pura esencia, no pasa de constituir un engendro estalinista pergeñado ex profeso con el fin de servir a la política exterior de la URSS en el período de Entreguerras. Su innegable posibilismo y el torpedeo a conciencia de toda aquella iniciativa revolucionaria que se escapase del dogma de la Komitern, tal cual le aconteció al movimiento anarquista ibérico en plena Guerra Civil española, son las características que más dejan a las claras su verdadera impronta. El que hoy algunos grupos juveniles sigan con la misma matraca insufrible más a modo de folklore y camorra de grada futbolística que como concepto debidamente criticado, profundizado y por ende inexorablemente desechado, deja muy a las claras el deplorable nivel teórico general. Nada de que extrañarse, por lo tanto, cuando todos los partidos, sindicatos y sectas ideológicas que se van sucediendo no dejan de caer, uno tras otro, en los mismos tópicos y en las mismas antiguallas superadas de siempre, tal cual se está pudiendo comprobar en el segundo circo 15 emero aquí retratado.
Quizás entre los pocos que están sabiendo plantear una actualización práctica y analítica desde la única corriente revolucionaria real, es decir desde el horizontalismo autónomo y anárquico, estén siendo los miembros de la plataforma “Liza[14] junto con algún otro equipo más. Su papel, en todo caso, está siendo tan discreto como su reticencia a apartarse del dañino credo “guouc”[15] que tanto ha contribuido a socavar a los medios políticos autogestionarios.
La situación no está madura para la reemergencia de una alternativa autoorganizada, de todos modos. De ahí el que esta especie de destellos en la oscuridad estén, estemos, condenados a habitar el arrinconamiento al cual nos tienen acostumbrados todos nuestros enemigos, tanto de diestra como de zurda. Lo primero, de todos modos, será barrer en casa, reorganizar, replantear, reformular, adaptar las ideas y prácticas al presente, y este proceso estará trufado, no cabe duda, de duras renuncias. Ahora bien, para ello no nos hará falta ningún tipo de colaboración con la izquierda. Es más, cuanto menos tiempo perdamos en romper radicalmente con ella en todas sus manifestaciones, mejor nos irá.
La certeza de hallarnos en la antesala de una época bastante aciaga cada vez va quedando más clara según avanzan los días, pero al menos, dentro de ella, contaremos a nuestro favor con la ventaja que confiere el sosiego de la derrota momentánea. Dispondremos de tiempo para hacer los deberes antes de lanzarnos a la carga, esta vez sí, bien pertrechados y pertrechadas de ideas rompedoras, prácticas eficaces y procedimientos que funcionen tanto en el ámbito real más inmediato, como en la demostración empírica y en actos de que un mundo basado en nuestros principios es plenamente realizable.
Disfrutemos entonces de la debacle de esta izquierda que nada nos ha proporcionado, que nos ha utilizado, que nos ha cooptado y que se ha reído, y aún se ríe, de todo el mundo. Comamos palomitas mientras disfrutamos del espectáculo a carcajada limpia, porque su mal es nuestro bien, incluso aunque lo que venga después sea la derecha moderada o extrema. Llegado el caso, y si aprovechamos la situación, sabremos salir airosos de ese reto y de los que se nos pongan por delante. Pero para conseguir dicho objetivo, para reconstruir un anarquismo que de verdad anarquice y proponga una alternativa creíble, debemos primero cortar amarras con el izquierdismo en todas y cada una de sus manifestaciones; pues, a pesar de la multiplicidad de siglas y subdivisiones sectoriales que la caracterizan, izquierda solo hay una, y esta trabaja siempre para el estado y el capital. No hay más cera que la que arde. No hay más izquierda que la que hay. De ahí que el anarquismo del futuro[16], si es que quiere volver a ser digno de su propio nombre, deba empezar a caminar solo.
Notas
[1] También conocido como “cruz de Borgoña”.
[2] Se hace referencia aquí a Madrid, ejemplo conocido de primera mano, aunque se da por entendido que otras ciudades tampoco le irán a la zaga.
[3] No cala en una “clase obrera” decepcionada hasta extremos de auténtico asco visceral hacia la izquierda “del cambio” podemita y psoeciata y que se inclina, de manera tan servil como ignorante e irracional por el voto “de castigo” a la derecha y la extrema derecha.
[4] Está por ver si uno de las organizaciones artífice de esta acampada, el sindicato de inquilinos e inquilinas se adhiere a esta tendencia o si, por el contrario, desarrolla ideas y prácticas revolucionarias. De momento, todo lo que puede decirse sobre él es que no parece salirse de la senda marcada por el posibilismo más estricto, lo cual no es extraño, dada la tendencia general (e histórica) de la vía sindical como herramienta de lucha a terminar cayendo en un exceso de corporativismo. Este último tendrá siempre a cerrar filas en torno a los colectivos protegidos por él aislándose de
[5] De todos modos, cabe esperar que algunos de entre aquellos que no superen el “casting” para nuevos líderes, y los que no se “quemen” en demasía, acaben dándose cuenta, rectificando y engrosando voluntariamente y sin verse manipulados, las filas del único proyecto revolucionario digno de tal nombre; el de la autoorganización antiestatal, anticapitalista y extraparlamentaria de base. Una pena, de todos modos, el que las nuevas generaciones tengan que seguir dando pasos en falso en su vida militante casi idénticos a los que dimos en su día sus mayores. Sería bueno, por no decir que muy necesario, conseguir ahorrarles a futuros y futuras noveles haciendo sus pinitos en la militancia revolucionaria muchas, si no todas estas etapas, falsamente naturalizadas como una especie de “fase” inevitable por la que toda persona comprometida debe atravesar.
[6] En realidad, una versión más de la recuperación de toda la vida.
[7] En su día altamente despreciado, y con razón, como una de los más perniciosos recuperadores de las luchas estudiantiles a un nivel comparable al de CCOO y UGT para las movilizaciones de los adultos y hoy creciendo en número de militantes merced al escasísimo nivel teórico – práctico de una juventud desorientada, desconectada de cualquier conocimiento histórico de las luchas del pasado reciente y malamente influida por el inmediatismo de las redes. Unos sectores juveniles que constituyen pasto fácil para los discursos demagógicos, y nos enfrentan a las personas y grupos sinceramente revolucionarios a la titánica tarea de “llegarles” a estos chicos ayudándoles a salir del ámbito de influencia de quienes buscan aprovecharse políticamente de su bienintencionado idealismo.
[8] En secciones anteriores de este texto se ha reconocido también la propia responsabilidad y las contradicciones internas que han llevado al descrédito de la democracia directa. Se hace imperativo reconocer fallos internos y subsanarlos, por supuesto; esforzándose por educar un perfil de militante a la altura de las responsabilidades de la exigente lucha horizontal. Dicho esto, cabe responder igualmente a quienes tanto nos acusan de ineficiencia que ellos tampoco han conseguido gran cosa a través de sus incontables flirteos con el poder (incluso tomas del poder). En realidad, muchas de las sobrevaloradas conquistas obreras (en parte concesiones por parte de los poderhabientes, como ya se ha hecho notar) han partido de la calle y de la autoorganización popular. Por otra parte, el perfil de persona que tiende a enrolarse en esta clase de partidos no es netamente más responsable y mejor que el del participante en asambleas tan solo por cumplir diligentemente las órdenes de la cúpula. Ni mucho menos constituye la estructura de partido de vanguardia la opción más recomendable a la hora de fomentar independencia de criterio, capacidad de esfuerzo, autonomía personal, apoyo mutuo, responsabilidad y entrega generosa a nivel tanto individual como colectivo. Si acaso, a lo que invita es a todo lo contrario; al seguidismo, la dependencia, la delegación del propio empuje en los líderes, la obediencia ciega a consignas, la justificación de cualquier medio a fin de alcanzar los fines propuestos… los ejemplos históricos de a donde ha llevado esto son clarísimos al respecto. La praxis asamblearia, por el contrario, tendrá todos los defectos que se quiera, pero es la única capaz de ofrecer una pedagogía efectiva para la autoconstrucción general de un carácter individual hoy por hoy convertido en absoluta piltrafa en la generalidad de la población. Es asimismo la única que prefigura en el presente el modelo de sociedad a cuya implantación futura se aspira, y nos va preparando, generación tras generación, para ella. Por todo esto y más, la revolución futura será horizontal y antiestatal, además de anticapitalista, o no será.
[9] He aquí una de los principales impedimentos para el surgimiento de un asamblearismo eficaz. La piltrafa ética en la que se ha condicionado a la llamada ciudadanía del estado liberal durante más de cinco décadas de delegar en partidos y abandono total de la lucha so pretexto de haber llegado ya a la “democracia” y de que no hacía falta luchar por nada. Ya se encargarían de todo los “representantes electos”….
[10] Fabricación mediática de un mito “popular” (Maricarmen), puesta en marcha de todo el aparato mediático y periodístico afín, y bombardeo incesante de consignas rápidas refritas para la ocasión por medio de las redes mal llamadas sociales. Todo ello a fin de robar el foco de atención a la temática derechista de la crisis migratoria en Ceuta. El espectáculo teorizado por el situacionista Guy Debord sigue vivo y coleando, si bien necesitado de una reformulación a fondo adaptada a los tiempos actuales. Ahora bien, aquí está el problema ¿queda alguien, ya sea persona o colectivo dispuesto y capaz de acometer una tarea semejante en el auténtico desierto en el cual han convertido la militancia actual?
[11] Y si por casualidad ganase poder e impusiese en serio lo que reza su programa, peor sería el remedio que la enfermedad. Volver a transitar la senda de lo que a todas luces constituyó el ejemplo más preclaro de cuanto no debe hacerse, amén de una degeneración fascista de los ideales marxistas a enviar al basurero de la historia, no podrá deparar nada bueno ni siquiera para el pueblo cuya representación y dirección en tanto que vanguardia “esclarecida” se habrán arrogado estas organizaciones sin ni siquiera haberle preguntado por su consentimiento (al parecer solo hace falta para follar, no para esto). La URSS está extinta, muerta y enterrada y nada hay de lamentable en ello. Si quienes tanto presumen de utilizar hábilmente la dialéctica histórica se tomasen mínimamente en serio esta última, dejarían de alentar esperanza alguna de que una reedición actualizada de aquella calamidad pudiera constituir una opción revolucionaria ya no solo practicable, sino también positiva o deseable.
[12] Abreviatura de “por el culo”. Neologismo en la jerga juvenil universitaria utilizado para referirse a algo que gusta o que parece guay o impresionante. Su origen suele atribuirse a los colectivos LGTB, quienes en este caso tratarían de darle la vuelta a la connotación despectiva tradicionalmente adscrita a la práctica de la sodomía.
[13] Al mismo tiempo, proletarios son tanto aquellos que se pasan por Sol a ver qué pasa como la masa, para nada minoritaria de trabajadores que arden en deseos de depositar su papeleta en favor de vox.
[14] Autores, dicho sea de paso, de un interesante programa de lucha por la vivienda desde la óptica libertaria
[15] Característica compartida por todas las organizaciones participantes en el evento, y no solo por la muy minoritaria representación anarquista. Al parecer no cabe crítica alguna al revanchismo descarado de nombrar, lo positivo en femenino (“las inquilinas”, “las luchadoras”) o con la ridícula terminación en “-e” (que solo tiene sentido como marca del femenino plural en el idioma asturiano) mientras se denomina todo lo despreciable con un rotundo masculino (“los rentistas”) Mientras pueda más la visceralidad vengativa de algunas minorías agraviadas (cuyo sufrimiento real no se pretende poner en duda, vaya por delante), sobre una voluntad real de igualdad efectiva, y mientras el debate crítico al respecto siga suponiendo una especie de deporte de alto riesgo a nivel tanto de integridad física como de muerte social, no habrá nada que hacer. Los excesos “guouc” son una de las principales causas de la reacción ultraderechista que se está desatando. Cuando más tardemos en reconocer esto, en pararle los pies y en hacer retroceder al ascendiente claramente excesivo que se les ha concedido (o del cual más bien se han adueñado de mala manera) estas ideologías y colectivos, peor nos irá.
[16] 16 Entendido aquí como concepto amplio y abierto no solo a quienes profesen la ideología en sí, sino también a todos aquellos proyectos que, sin ser necesariamente anarquistas, comparten la metodología autogestionaria horizontal y los objetivos de un mundo regido por la democracia directa, la autogestión comunal de la economía y el más exquisito respeto hacia la libertad individual.
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