El segundo circo del Sol

Publicado el 29 de octubre de 2026, 10:53

Por Simón, lector de VyR

"Puede afirmarse con certeza que ninguna contestación real se llevará a cabo  por individuos que, al exhibirla, se elevan socialmente más de lo que se hubieran  elevado absteniéndose. Lo cual no hace sino imitar el ejemplo notorio de este  próspero personal sindical y político, siempre dispuesto a prolongar durante un  milenio la queja del proletario con el único objeto de conservarle un defensor”.

Guy Debord

 

NOTA: el texto que sigue a continuación forma parte de un trabajo más  amplio titulado “El insoportable lloriqueo de la izquierda en tiempos de  Trump”, que verá la luz pronto. Muy probablemente coincidiendo con la  celebración de las próximas elecciones del 29 de noviembre.

 

En el momento en que se escriben estas líneas, ya casi a punto de enviar el  borrador de esta obra a imprenta, se continúa desarrollando la segunda gran  acampada, después del 15 – M, en la matritense plaza de la Puerta del Sol y otras  ciudades del estado español. La fecha de comienzo de la misma fue el 27 de  septiembre de 2026 después de que el desahucio 4 días antes (el día 23), de la  anciana de 87 años de edad María del Carmen Abascal, actuase como detonante.  El impacto social y mediático de la noticia se vio reforzado, aún más si cabe, por  el desafortunado fallecimiento de la afectada el 7 de octubre.

Teniendo en cuenta que las próximas elecciones han sido adelantadas por el  presente gobierno izquierdista para el 29 de noviembre, y que este libelo aspira a  ver la calle en coincidencia con tales jornadas, quien esto escribe se ve obligado a  realizar un análisis de urgencia de lo que no pasa de ser, a su juicio, un mero  trampantojo de movimiento. 

Como es natural, el hecho de que el episodio en cuestión se encuentre aún lejos  de darse por concluido, hace que no se pueda descartar alguna imprecisión en este  anexo derivada de su carácter intempestivo y de última hora. En todo caso, y ya de  entrada, osamos apostar a que las líneas generales de lo que a continuación se pasa  a exponer encontrarán su validación efectiva en el transcurso de los próximos  meses. Dicho esto, prosigamos:

En primer lugar, cabe destacar el carácter ambivalente del evento. Si algo se  puede decir de él, después de haber investigado, leído, visto vídeos en redes  sociópatas e incluso visitado el epicentro de los hechos y departido con sus  protagonistas sobre el terreno en varias ocasiones durante las últimas semanas, es  que hay tanto luces como sombras dentro del mismo. Ahora bien, ¿cuánto se da de  cada ingrediente en todo el mejunje? No vamos a ser condescendientes, (y lo  sentimos de veras por la calidad humana indudable de muchos de entre las chicas  y chicos implicados, algunos de los cuales hemos tenido el honor de conocer), pero  la verdad es que hay más de negativo que de positivo. 

Comencemos, de todas formas y para que no se nos acuse fácilmente de  “saboteadores” sin escrúpulos (aunque en tal menester ya se están empleando a  fondo otros mucho más avezados al ilusionismo de masas que nosotros) por el lado

amable del asunto. Sin duda es un alivio constatar que una porción  considerablemente numerosa de esa juventud que muchos ya nos habíamos  resignado a dar por perdida en las fauces del fascismo patriotero, han optado por  el lado de la humanidad y la decencia. Afortunadamente, no toda la chavalería se  identifica con la moda de la pulserita rojigualda y el molininillo de los idiotas[1]. El  desahucio de una persona mayor, en este caso llamada Maricarmen, sean cuales  sean las contradicciones de vida que se le pretendan achacar, es un hecho  inaceptable y mucha gente, particularmente los jóvenes, han sabido estar a la altura  de la situación, mutando la sensibilidad inicial en solidaridad activa tanto por ella,  como por otros tantos y tantas anónimos y anónimas ahora mismo atrapadas en  situaciones iguales o peores. Esto, que podría parecer un asunto menor, resulta  enormemente valioso en tanto que un tímido retorno del cariño a una sociedad que  durante los últimos años se ha endurecido como nunca ante la crueldad social - darwinista, cada vez más omnipresente, de los discursos ultraderechistas y  liberales.

En segundo lugar, cabe elogiar sin ningún género de dudas, la ejemplar  autoorganización de la plaza y sus aledaños[2]. Frente a la avalancha de improperios  vertidos por la prensa en relación con una supuesta decadencia higiénica del sitio  y sus habitantes temporales, lo cierto es que, dadas las circunstancias, el entorno  se mantiene razonablemente limpio. De igual modo, la circulación es más o menos  fluida; se ha dejado claro que la acampada no es un botellón y como tal se  comportan las personas participantes; se gestionan bien los conflictos; el nivel de  actividad es elevado; y, salvo los primeros días, las “frikadas” New Age y las  batucadas se han dejado de lado para tratar sobre temas serios en un ambiente  acorde con la gravedad de lo que ya se comienza a entrever que se nos viene  encima. 

Hasta aquí todo bien, pero ahora, la sinceridad más básica y una intención  honesta de profundizar en la construcción de una iniciativa revolucionaria  realmente eficaz obliga a señalar los numerosos defectos y PELIGROS  consustanciales a un acto que, pese a las apariencias, no puede dejar de ser lo que  es: pura apariencia en sí mismo. Así, básicamente, solo cabe decir que nos  encontramos ante una escenificación, un vodevil, una pantomima. Por desgracia,  lo que tenemos delante no representa sino la enésima maniobra rastrera de una  izquierda partidista y sindical podrida que se sabe muerta y en estado acelerado de descomposición, pero aun así ha decidido lanzarse un órdago a la desesperada con  intenciones flagrantemente electoralistas. 

Detrás de este llamamiento se encuentran las mismas organizaciones que  durante más de un decenio no han hecho sino corromperse y decepcionar a todos  quienes les votaron. Las mismas organizaciones que arramblaron con todas las  luchas verdaderamente radicales, extraparlamentarias y horizontales,  recuperándolas hasta sus más mínimos intersticios o destruyéndolas cuando no les  eran de utilidad o les salían “respondonas”, llaman ahora a la autoorganización  callejera, pero eso sí, bajo el único formato que a ellas les conviene, o lo que es lo  mismo, bajo el simulacro de un inmenso teatro de impacto calculado, sujeto al  control de sus aparatos y adaptado a sus propios intereses. Al final, lo que se  despacha aquí no deja de ser un golpe de efecto de última hora destinado a corregir  in extremis la catastrófica y prolongada caída al vacío en la que lleva envuelta la  izquierda desde hace ya varios años. Se busca recuperar un mínimo de la  reputación perdida de cara a recabar votos y amortiguar lo que ya se perfila como  un hundimiento electoral sin paliativos y un triunfo, como mínimo holgado, de la  derecha. Y como la consigna del miedo a esta última y la práctica de agitar el coco  del “¡que vienen los fascistas!”, ya no funciona tan bien[3], nuestros olvidadizos  “héroes del proletariado” han tenido a bien sacarse de la manga, aprisa y corriendo,  el tema de la vivienda. Uno no puede evitar preguntarse, qué demonios hicieron al  respecto durante todo el tiempo que estuvieron gobernando, pero bueno… dejemos  lo evidente aparte y continuemos buceando en las cloacas, que sí, también la  izquierda tiene las suyas. 

En torno a las carpas se ha instalado una enorme oficina de reclutamiento para  las filas de organizaciones partidarias de la siniestra, así como un casting, más  selectivo, orientado a ir cribando las futuras caras visibles del relevo izquierdista  de podemos, sumar y otras siglas cuya nocividad a estas alturas debería  considerarse fuera de toda duda. Se está manipulando a los chavales para  recuperarles, engrosar filas, utilizarles y quemarles. Esto es, para el juego de la  izquierda recuperadora socialdemócrata, bolchevique, grupuscular y sindical, de  toda la vida[4]. En su gran mayoría, los jóvenes acampados son universitarios, y  dentro de estos un número considerable acude a las facultades de la Complutense  y la Autónoma. Bastantes de entre sus profesores “progres” proceden de CCOO,  el PSOE, podemos, sumar, u organizaciones recuperadoras de nuevo cuño como la  ya mediática, anacrónica y descaradamente chupacámaras coordinadora juvenil  socialista. Todos ellos son igual de nefastos, aunque la palma esta vez, quizá se la  lleve el primero de los sindicatos mayoritarios mencionados, hoy por hoy uno de  los cenáculos más corruptos y con más redes clientelares y de enchufados del país;  bastante por encima, incluso, de su hermano gemelo en esas lides, la UGT. 

En definitiva, nos encontramos ante toda una intelligentsia de “profesionales”  de la izquierda reformista con mucho que perder ante el previsible viraje a la  derecha en el gobierno del país y que reacciona ahora en defensa de sus prebendas  desempolvando viejas momias ideológicas y lanzando como tropas de choque a  sus pimpollos desde las aulas. Dentro de dicha izquierda, han existido y existen  todavía demasiados personajes de escasa catadura moral y vergüenza cuanto  menos distraída avezados a vivir de subvenciones, compadreos y enchufes durante  mucho tiempo y que ahora tiemblan ante la posibilidad de que se les retire la  financiación. De ahí ese afán de última hora y a la desesperada por buscar algún  nicho donde recalar a corto plazo una vez se les acabe el chollo y sus asientos, u  otros nuevos por inventar, acaben transfiriéndose a futuros chupópteros del signo  ideológico contrario. La misma presidenta de sumar, Yolanda Díaz, ya parece estar  buscándose las habichuelas como futura nueva presidenta de la Organización  Internacional del Trabajo. Da pena por los chicos, pero es así. Les están utilizando  de mala manera[5]. 

De lo anterior se desprende la querencia por imponer una dramatización de  falsete plagada de pseudo - debates de Perogrullo, consignas facilonas  exquisitamente posibilistas o inoperantes lemas maximalistas de hace más de un siglo. Lo importante no es hacer avanzar las cosas, sino mantener en pie una  tramoya destinada a salvar los puestos de quienes manejan los hilos por detrás; o  al menos a dejarles tiempo suficiente como para encontrar otra madriguera donde  volver a caer en blando. Así las cosas, nada de superar en radicalidad las consignas  más vacuas de la izquierda posibilista tradicional, dejar atrás el revanchismo  resentido “guouc” o desahuciar de una vez por todas los manidos clichés de un neo  – bolchevismo totalmente acabado desde hace ya más de 7 décadas. En realidad,  lo que esta gente está haciendo es entonar el canto del cisne antes de abandonar su  particular nido del águila por la puerta más grande que encuentren, sea esta  giratoria o no. El espantajo de la revolución obrera más decepcionante de la  historia o los más garbanceros lloriqueos socialdemócratas operan al unísono para  evitar el planteamiento de verdaderos debates revolucionarios, anticapitalistas y  antiestatales. En esto último todos (PSOE, Sumar, podemos, la coordinadora, los  popes universitarios…) están de acuerdo. Agitar el avispero para salvar sus culos;  para ordeñar aprisa y corriendo algún voto despistado hacia una izquierda cayendo  en barrena; y para brindar a la plebe una distracción más en la cual sentirse el Che  Guevara por un día (siempre de forma lúdica y pacífica, por supuesto) pero de la  que no está claro si esta sacará nada en limpio más allá de un decreto sobre  vivienda malamente remendado y de muy dudosa practicabilidad dentro de los  márgenes del propio sistema. Eso es todo. No se pretende nada más. Y por eso  quienes plantean cuestiones con potencial crítico real, es decir, necesaria e  inevitablemente antisistema por mor de su propia condición de crítica sincera,  independiente y apartidista, o no existen en la acampada y sus movimientos – satélite, o no trascienden porque se les deja fuera de la foto a propósito. 

Pero como ninguna ficción digna de tal nombre podría funcionar sin una pizca  de épica y heroísmo, aunque sean de baratillo, es necesario añadir un poco de  pólvora mojada, una cierta cantidad de munición retórica de fogueo destinada a  despistar a los más incautos y absorber a los más inquietos, reconduciéndoles hacia  un activismo estéril y regurgitándolos a posteriori una vez hayan sido debidamente  incinerados y neutralizados. Tal función, infame donde las haya[6], recae en algunas  organizaciones que han sabido pescar hábilmente en río revuelto, como el ya  veterano y podrido desde siempre Sindicato de Estudiantes (trotskista)[7] o el  neoestalinista, absolutamente trasnochado y proto – dictatorial Movimiento  Socialista Juvenil dentro de la Coordinadora Socialista mencionada anteriormente.  Este último, en particular, destaca tanto por haberse tornado mediáticamente  omnipresente en el entorno del mar de tiendas del kilómetro 0 como por revolcarse  en un magma estaliniano altamente risible y de la peor especie, demostrando a  quien tenga dos dedos de frente, el carácter superado de todo lo que provenga del  leninismo bolchevique. Por desgracia, algunos se empeñan en seguir viviendo en  2026 como si estuviesen pisando las calles de San Petersburgo o Petrogrado en  1910. 

La irrupción repentina y totalmente inesperada de este grupúsculo suscita, o al  menos debería suscitar, serias sospechas acerca de su posible origen y su más que  dudoso carácter independiente. No se levanta una maquinaria así de la noche a la  mañana; ahí se ha invertido en medios. De igual modo, su rechazo visceral por los  métodos asamblearios, deja a las claras una vertiente jerárquica indudable, al par  que oculta una de las razones de mayor peso a la hora de socavar la eficacia  potencial de dicha metodología, la cual no es otra que la invasión de todo  movimiento horizontal que empiece a despuntar por los cachorros de estas  organizaciones bien adiestrados en el mal arte de cooptar todo lo que se les ponga  por delante[8]. La principal y más importante contrarrevolución es esta. La reacción dentro de la revolución es la representada por el vejestorio leninista (también por  el socialdemócrata), por más que de cuando en cuando se renueven sus filas con la  presencia de efebos dispuestos a agitar irracionalmente el libro rojo que toque en  el momento y a recitar de memoria lo que aparezca en sus apuntes universitarios  sobre el “Qué hacer” del maestro Vladimiro. Los profesorcillos han encontrado en  sus pupilos más volubles una nueva y obediente Guardia Roja embutida en  chándales “everlast” de “antifa” vallekano.

Volviendo con tema de la vivienda, uno no puede dejar de notar la similitud casi  especular del término “rentismo” con aquel otro creado por la derecha a partir del  primer apellido del presidente aun en funciones. Bien parecería un eslogan parido  para la ocasión por el mismísimo servicio de relaciones públicas del PSOE. De  igual modo, el tema no deja de abordarse de manera superficial, posibilista,  reformista, centrado en la estrechísima visión de la supervivencia diaria, pero  ignorando olímpicamente cuestiones no menos importantes como la relación entre  arquitectura y control social, la horridez estética de unos barrios invivibles y la  falta de control por parte del vecindario sobre la toma de decisiones acerca del  propio lugar en el que habitan. Ni por asomo se toca tampoco el problema de la  centralización macrocéfala de la población del país en unas pocas urbes, cuestión  esta en relación directa con la despoblación del campo, el arrasamiento del medio  rural, la imposición, cada vez más abusiva, de una movilidad laboral agotadora, la  defensa de las tierras, bienes y relaciones comunales, el rescate y ampliación del  concejo abierto, la descentralización del poder fuera de las pantagruélicas  apetencias y necesidades de la gran ciudad, la negación total de la libertad de  escoger donde se quiere vivir… 

Ni que decir tiene, además, que la crítica al estado, tanto en su faceta represora,  como en su más sibilina táctica desmovilizadora a través del “bienestar”  consumista, brilla por su ausencia, del mismo modo que lo hace cualquier  intención de ir acompañando las reivindicaciones presentistas con la construcción  de estructuras horizontales capaces de suplantar tanto al aparato estatal como al  empresariado privado en una eventual autogestión revolucionaria de la vida.  Demasiado pedir para no pocos de entre estos “militantes” universitarios quienes  el día de mañana bien podrían encontrar en el ente estatal (o en alguna que otra  gran empresa afín, nunca se sabe) a un futuro cargo o una fuente de prebendas y  sustanciosos ingresos. Como bien dijo en su día un italiano célebre; “todo en el  estado, nada contra el estado, nada fuera del estado”

En resumen, nada verdaderamente radical y con potencial revolucionario se está  cociendo bajo los tenderetes. El trasfondo real de todo este asunto no es más que

un esperpento, una comedia bufa, una estafa… Al final, todo se reflexiona y se  ejecuta a la medida de una clientela mayormente urbanita y entregada a las delicias  hedonistas del ambiente de ocio típico de las terrazas lavapiesinas, lalatinianas y  argumosinas (en el caso madrileño), o lo que es lo mismo, para ese izquierdismo  de eterno adolescente adscrito a todas y cada una de las modas “guouc” que han  ido irrumpiendo en el país. Militancia cómoda, sin riesgos, hedonista, ajena a todo  esfuerzo o sacrificio personal, estrechamente adepta a la dádiva estatal y apta para  actuar de una sola forma; como electorado obediente y figurante pasivo[9]. Hace  tiempo que en esta basura que algunos llaman españa, el pueblo no se moviliza,  sino que es movilizado a conveniencia y cuando esa cosa amorfa denominada  “agentes sociales” u otras instancias igual o peor de perjudiciales, tocan a corneta  y dan la orden de salir a pasear arrastrando pancartas. Los unos porque “Ceuta se  defiende” de una supuesta invasión, los otros porque “la vivienda es un derecho”,  pero a la hora de la verdad, distancias ideológicas aparte, todos igual de peleles.

No es de extrañar, entonces, que el espectáculo posterior a las movilizaciones  iniciales tras el desahucio de Maricarmen emitiese a bombo y platillo las sesiones  parlamentarias donde se votaron los decretos sobre vivienda presentados, tarde mal  y nunca por el grupo socialista y sus socios. El juego parlamentario, los cambios  legislativos y la ñoñería absurda del voto “antifascista” se ven de nuevo  refrendados como el mecanismo gracias al cual se supone que acontecen los  cambios y se “resiste” la embestida de una extrema derecha cuyos métodos  propagandísticos son, en esencia, idénticos a los desplegados desde ese otro lado  del espejismo de barricada[10]. El y la votante de izquierdas, decepcionados, se verán  abocados a depositar su papeleta en apoyo del cutre remedo patético de frente  popular representado por el “frente amplio” que ya empiezan a perfilar quienes se  podrían llevar la peor parte en la prácticamente cantada debacle y ulterior  desbandada izquierdista tras los próximos comicios del 29 - N. Para los más  jóvenes y desencantados, la membresía pseudo – radical en los grupúsculos universitarios y potenciales futuros partidos neo - bolcheviques servirá como  consuelo ante un espectro político que les ha decepcionado profundamente. Como  consuelo y como contención, claro, porque de ahí nada bueno va a salir más allá  de los ya mencionados fuegos de artificio y los paseítos callejeros bandera roja en  ristre[11]. Es todo tan ensayado, tan artificial, tan de la primera década del siglo  pasado si no de más atrás, que da vergüenza ajena contemplarlo. 

Y por supuesto, no podía faltar el antifascismo, el perenne, necio, catastrófico,  patético, infantil, estúpido, antifascismo. Pocas rémoras para la formulación de una  teoría y praxis revolucionarias reales y efectivas son más persistentes y tóxicas que  esta. En nombre de esta especie de frentepopulismo 3.0, y de su corolario  institucional, el culto a la sobrevaloradísima y muy contrarrevolucionaria II  República del 31, se justifica todo. Estos “tótems” intocables desde el punto de  vista crítico se sacan a relucir junto con otros cadáveres como el del supuesto  proletariado, un poco a la manera en que los costaleros desfilan con las imágenes  de la Semana Santa. Decirse republicano, proletario o antifascista puede quedar  muy “pec”[12] entre los amigos y allegados, pero a la hora de la verdad, es como  decirlo todo y no decir nada. Cualquiera puede ser republicano y antifascista,  incluso gente de derechas muy de derechas, liberales muy liberales, conservadores  muy conservadores, católicos muy católicos y tantos y tantos otros[13]. Pero da igual  el mito antifascista y republicano sigue vivo, no porque goce de una vitalidad  manifiesta, sino porque hay intereses detrás siempre dispuestos a conservarlo en  formol. Sigue vivo incluso tras haber demostrado a las claras su carácter  contrarrevolucionario, interclasista y de mínimos minimísimos una y otra vez. En  su pura esencia, no pasa de constituir un engendro estalinista pergeñado ex profeso con el fin de servir a la política exterior de la URSS en el período de Entreguerras.  Su innegable posibilismo y el torpedeo a conciencia de toda aquella iniciativa  revolucionaria que se escapase del dogma de la Komitern, tal cual le aconteció al  movimiento anarquista ibérico en plena Guerra Civil española, son las  características que más dejan a las claras su verdadera impronta. El que hoy  algunos grupos juveniles sigan con la misma matraca insufrible más a modo de  folklore y camorra de grada futbolística que como concepto debidamente criticado,  profundizado y por ende inexorablemente desechado, deja muy a las claras el  deplorable nivel teórico general. Nada de que extrañarse, por lo tanto, cuando  todos los partidos, sindicatos y sectas ideológicas que se van sucediendo no dejan  de caer, uno tras otro, en los mismos tópicos y en las mismas antiguallas superadas  de siempre, tal cual se está pudiendo comprobar en el segundo circo 15 emero aquí  retratado.

Quizás entre los pocos que están sabiendo plantear una actualización práctica y  analítica desde la única corriente revolucionaria real, es decir desde el  horizontalismo autónomo y anárquico, estén siendo los miembros de la plataforma  “Liza[14] junto con algún otro equipo más. Su papel, en todo caso, está siendo tan  discreto como su reticencia a apartarse del dañino credo “guouc”[15] que tanto ha  contribuido a socavar a los medios políticos autogestionarios. 

La situación no está madura para la reemergencia de una alternativa  autoorganizada, de todos modos. De ahí el que esta especie de destellos en la  oscuridad estén, estemos, condenados a habitar el arrinconamiento al cual nos  tienen acostumbrados todos nuestros enemigos, tanto de diestra como de zurda. Lo  primero, de todos modos, será barrer en casa, reorganizar, replantear, reformular,  adaptar las ideas y prácticas al presente, y este proceso estará trufado, no cabe  duda, de duras renuncias. Ahora bien, para ello no nos hará falta ningún tipo de colaboración con la izquierda. Es más, cuanto menos tiempo perdamos en romper  radicalmente con ella en todas sus manifestaciones, mejor nos irá. 

La certeza de hallarnos en la antesala de una época bastante aciaga cada vez va  quedando más clara según avanzan los días, pero al menos, dentro de ella,  contaremos a nuestro favor con la ventaja que confiere el sosiego de la derrota  momentánea. Dispondremos de tiempo para hacer los deberes antes de lanzarnos  a la carga, esta vez sí, bien pertrechados y pertrechadas de ideas rompedoras,  prácticas eficaces y procedimientos que funcionen tanto en el ámbito real más  inmediato, como en la demostración empírica y en actos de que un mundo basado  en nuestros principios es plenamente realizable. 

Disfrutemos entonces de la debacle de esta izquierda que nada nos ha  proporcionado, que nos ha utilizado, que nos ha cooptado y que se ha reído, y aún  se ríe, de todo el mundo. Comamos palomitas mientras disfrutamos del espectáculo  a carcajada limpia, porque su mal es nuestro bien, incluso aunque lo que venga  después sea la derecha moderada o extrema. Llegado el caso, y si aprovechamos  la situación, sabremos salir airosos de ese reto y de los que se nos pongan por  delante. Pero para conseguir dicho objetivo, para reconstruir un anarquismo que  de verdad anarquice y proponga una alternativa creíble, debemos primero cortar  amarras con el izquierdismo en todas y cada una de sus manifestaciones; pues, a  pesar de la multiplicidad de siglas y subdivisiones sectoriales que la caracterizan,  izquierda solo hay una, y esta trabaja siempre para el estado y el capital. No hay  más cera que la que arde. No hay más izquierda que la que hay. De ahí que el  anarquismo del futuro[16], si es que quiere volver a ser digno de su propio nombre,  deba empezar a caminar solo.

 

Notas

 

[1] También conocido como “cruz de Borgoña”.

[2] Se hace referencia aquí a Madrid, ejemplo conocido de primera mano, aunque se da por entendido que otras  ciudades tampoco le irán a la zaga.

[3] No cala en una “clase obrera” decepcionada hasta extremos de auténtico asco visceral hacia la izquierda  “del cambio” podemita y psoeciata y que se inclina, de manera tan servil como ignorante e irracional por el  voto “de castigo” a la derecha y la extrema derecha. 

[4] Está por ver si uno de las organizaciones artífice de esta acampada, el sindicato de inquilinos e inquilinas se adhiere  a esta tendencia o si, por el contrario, desarrolla ideas y prácticas revolucionarias. De momento, todo lo que puede  decirse sobre él es que no parece salirse de la senda marcada por el posibilismo más estricto, lo cual no es extraño,  dada la tendencia general (e histórica) de la vía sindical como herramienta de lucha a terminar cayendo en un exceso  de corporativismo. Este último tendrá siempre a cerrar filas en torno a los colectivos protegidos por él aislándose de

[5] De todos modos, cabe esperar que algunos de entre aquellos que no superen el “casting” para  nuevos líderes, y los que no se “quemen” en demasía, acaben dándose cuenta, rectificando y engrosando  voluntariamente y sin verse manipulados, las filas del único proyecto revolucionario digno de tal nombre; el  de la autoorganización antiestatal, anticapitalista y extraparlamentaria de base. Una pena, de todos modos,  el que las nuevas generaciones tengan que seguir dando pasos en falso en su vida militante casi idénticos a  los que dimos en su día sus mayores. Sería bueno, por no decir que muy necesario, conseguir ahorrarles a  futuros y futuras noveles haciendo sus pinitos en la militancia revolucionaria muchas, si no todas estas etapas,  falsamente naturalizadas como una especie de “fase” inevitable por la que toda persona comprometida debe  atravesar.

 

[6] En realidad, una versión más de la recuperación de toda la vida.

 

[7] En su día altamente despreciado, y con razón, como una de los más perniciosos recuperadores de las luchas  estudiantiles a un nivel comparable al de CCOO y UGT para las movilizaciones de los adultos y hoy creciendo  en número de militantes merced al escasísimo nivel teórico – práctico de una juventud desorientada,  desconectada de cualquier conocimiento histórico de las luchas del pasado reciente y malamente influida por  el inmediatismo de las redes. Unos sectores juveniles que constituyen pasto fácil para los discursos demagógicos, y nos enfrentan a las personas y grupos sinceramente revolucionarios a la titánica tarea de  “llegarles” a estos chicos ayudándoles a salir del ámbito de influencia de quienes buscan aprovecharse  políticamente de su bienintencionado idealismo.

 

[8] En secciones anteriores de este texto se ha reconocido también la propia responsabilidad y las  contradicciones internas que han llevado al descrédito de la democracia directa. Se hace imperativo  reconocer fallos internos y subsanarlos, por supuesto; esforzándose por educar un perfil de militante a la  altura de las responsabilidades de la exigente lucha horizontal. Dicho esto, cabe responder igualmente a  quienes tanto nos acusan de ineficiencia que ellos tampoco han conseguido gran cosa a través de sus  incontables flirteos con el poder (incluso tomas del poder). En realidad, muchas de las sobrevaloradas  conquistas obreras (en parte concesiones por parte de los poderhabientes, como ya se ha hecho notar) han  partido de la calle y de la autoorganización popular. Por otra parte, el perfil de persona que tiende a enrolarse  en esta clase de partidos no es netamente más responsable y mejor que el del participante en asambleas tan  solo por cumplir diligentemente las órdenes de la cúpula. Ni mucho menos constituye la estructura de partido  de vanguardia la opción más recomendable a la hora de fomentar independencia de criterio, capacidad de  esfuerzo, autonomía personal, apoyo mutuo, responsabilidad y entrega generosa a nivel tanto individual como  colectivo. Si acaso, a lo que invita es a todo lo contrario; al seguidismo, la dependencia, la delegación del  propio empuje en los líderes, la obediencia ciega a consignas, la justificación de cualquier medio a fin de  alcanzar los fines propuestos… los ejemplos históricos de a donde ha llevado esto son clarísimos al respecto.  La praxis asamblearia, por el contrario, tendrá todos los defectos que se quiera, pero es la única capaz de  ofrecer una pedagogía efectiva para la autoconstrucción general de un carácter individual hoy por hoy  convertido en absoluta piltrafa en la generalidad de la población. Es asimismo la única que prefigura en el  presente el modelo de sociedad a cuya implantación futura se aspira, y nos va preparando, generación tras  generación, para ella. Por todo esto y más, la revolución futura será horizontal y antiestatal, además de  anticapitalista, o no será.

[9] He aquí una de los principales impedimentos para el surgimiento de un asamblearismo eficaz. La piltrafa  ética en la que se ha condicionado a la llamada ciudadanía del estado liberal durante más de cinco décadas  de delegar en partidos y abandono total de la lucha so pretexto de haber llegado ya a la “democracia” y de  que no hacía falta luchar por nada. Ya se encargarían de todo los “representantes electos”….

 

[10] Fabricación mediática de un mito “popular” (Maricarmen), puesta en marcha de todo el aparato mediático  y periodístico afín, y bombardeo incesante de consignas rápidas refritas para la ocasión por medio de las  redes mal llamadas sociales. Todo ello a fin de robar el foco de atención a la temática derechista de la crisis  migratoria en Ceuta. El espectáculo teorizado por el situacionista Guy Debord sigue vivo y coleando, si bien  necesitado de una reformulación a fondo adaptada a los tiempos actuales. Ahora bien, aquí está el problema  ¿queda alguien, ya sea persona o colectivo dispuesto y capaz de acometer una tarea semejante en el auténtico  desierto en el cual han convertido la militancia actual?

 

[11] Y si por casualidad ganase poder e impusiese en serio lo que reza su programa, peor sería el remedio que  la enfermedad. Volver a transitar la senda de lo que a todas luces constituyó el ejemplo más preclaro de  cuanto no debe hacerse, amén de una degeneración fascista de los ideales marxistas a enviar al basurero de  la historia, no podrá deparar nada bueno ni siquiera para el pueblo cuya representación y dirección en tanto  que vanguardia “esclarecida” se habrán arrogado estas organizaciones sin ni siquiera haberle preguntado  por su consentimiento (al parecer solo hace falta para follar, no para esto). La URSS está extinta, muerta y  enterrada y nada hay de lamentable en ello. Si quienes tanto presumen de utilizar hábilmente la dialéctica  histórica se tomasen mínimamente en serio esta última, dejarían de alentar esperanza alguna de que una  reedición actualizada de aquella calamidad pudiera constituir una opción revolucionaria ya no solo  practicable, sino también positiva o deseable.

 

[12] Abreviatura de “por el culo”. Neologismo en la jerga juvenil universitaria utilizado para referirse a algo  que gusta o que parece guay o impresionante. Su origen suele atribuirse a los colectivos LGTB, quienes en  este caso tratarían de darle la vuelta a la connotación despectiva tradicionalmente adscrita a la práctica de  la sodomía. 

 

[13] Al mismo tiempo, proletarios son tanto aquellos que se pasan por Sol a ver qué pasa como la masa, para  nada minoritaria de trabajadores que arden en deseos de depositar su papeleta en favor de vox.

 

[14] Autores, dicho sea de paso, de un interesante programa de lucha por la vivienda desde la óptica libertaria

 

[15] Característica compartida por todas las organizaciones participantes en el evento, y no solo por la muy  minoritaria representación anarquista. Al parecer no cabe crítica alguna al revanchismo descarado de  nombrar, lo positivo en femenino (“las inquilinas”, “las luchadoras”) o con la ridícula terminación en “-e”  (que solo tiene sentido como marca del femenino plural en el idioma asturiano) mientras se denomina todo  lo despreciable con un rotundo masculino (“los rentistas”) Mientras pueda más la visceralidad vengativa de  algunas minorías agraviadas (cuyo sufrimiento real no se pretende poner en duda, vaya por delante), sobre  una voluntad real de igualdad efectiva, y mientras el debate crítico al respecto siga suponiendo una especie  de deporte de alto riesgo a nivel tanto de integridad física como de muerte social, no habrá nada que hacer.  Los excesos “guouc” son una de las principales causas de la reacción ultraderechista que se está desatando.  Cuando más tardemos en reconocer esto, en pararle los pies y en hacer retroceder al ascendiente claramente  excesivo que se les ha concedido (o del cual más bien se han adueñado de mala manera) estas ideologías y  colectivos, peor nos irá.

[16] 16 Entendido aquí como concepto amplio y abierto no solo a quienes profesen la ideología en sí, sino también  a todos aquellos proyectos que, sin ser necesariamente anarquistas, comparten la metodología  autogestionaria horizontal y los objetivos de un mundo regido por la democracia directa, la autogestión  comunal de la economía y el más exquisito respeto hacia la libertad individual.

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