Teatro electoral en Marruecos

Publicado el 29 de octubre de 2026, 10:49

Murrray Moulay Hatatou, miembro de la Coalición para Denunciar la Dictadura en marruecos

(nota del equipo de redacción: Desde VyR estamos solidarizados con la lucha de los pueblos subyugados bajo la tiranía del estado de Marruecos, y apoyamos desde nuestra modesta posición todas las expresiones que ayuden a desenmascarar la brutalidad del monarca alaoui contra sus súbditos. Dicho esto, nuestra posicion frente a los regímenes no es cambiar una figura dictatorial por una “república democrática laica” como parece proponer el autor, porque formalmente Estados Unidos o Francia lo son, y son igual de despóticos y abusivos que el actual rey Mohamed VI, con el que además cooperan intimamente en su represión cotidiana.  Solo un régimen de asambleas con democracia directa podrá evitar la concentración de poder causante de los crímenes de lesa humanidad que cometen los Estados sobre los pueblos bajo su territorio) 

Las elecciones en Marruecos son una obra de teatro, falsificación y compra de conciencias. El gobernante de facto es el criminal Mohamed VI; en cuanto al Gobierno (المحكومة, literalmente «la gobernada»), la monarquía solo lo utiliza para montar la escena.

 

Desde la pretendida independencia, el pueblo marroquí ha estado esperando del Gobierno un cambio hacia la democracia, pero esa aspiración no se ha realizado a causa de la monarquía dictatorial, los restos del feudalismo y los lobbies de la corrupción, el fraude y la falsificación.

 

Desde 1963, las elecciones han sido testigo de un fraude descarado y abierto; más aún, la falsificación se ha convertido en regla en todos los procesos electorales que Marruecos ha conocido desde entonces, es decir, desde hace más de seis décadas.

 

Y todo Gobierno producido por el Ministerio del Interior no ha sido sino un instrumento para servir a los intereses de la monarquía y consagrar las desigualdades de clase y territoriales, hasta que Marruecos se ha convertido en uno de los países más pobres, analfabetos y atrasados, a pesar de las riquezas naturales minerales, marítimas y terrestres y de las capacidades medioambientales que lo convertirían en un país avanzado. Pero la monarquía ilegítima ha elegido un sistema ni popular ni democrático para beneficiarse de él.

 

Las elecciones del 23 de septiembre de 2026, como las anteriores, tienen sabor a falsificación, compra de conciencias, robo de escaños y actas, y explotación de los cargos gubernamentales y comunales en beneficio de los partidos que trabajan para los intereses de la monarquía, y ello a plena luz del día.

 

Esa es la voluntad monárquica, a la que le conviene que esos partidos continúen al frente del próximo Gobierno, a pesar de lo que ha sufrido el pueblo marroquí por el aumento de los precios de los alimentos básicos, los combustibles, el gas butano, el encarecimiento de la carne y el pescado, y el retroceso de los servicios de salud debido al estado miserable de los hospitales, centros de salud y dispensarios, y también por el golpe profundo a la escuela pública, hasta quedarse sin espíritu educativo constructivo y que los niños la abandonen por las escuelas privadas.

 

En cambio, los miembros del Gobierno se han enriquecido gracias a los conflictos de intereses, el abuso de influencia, la contratación de allegados y el apoyo a proyectos que nada tienen que ver con el desarrollo. El Gobierno, encabezado por (Fatima Zahra Mansouri), completará el proyecto de entregar Marruecos a personas que sirven a los intereses de la monarquía y no al pueblo marroquí.

 

Este Gobierno nuevo/viejo será incapaz de combatir la corrupción financiera y administrativa en las instituciones del Estado, a cuya cabeza está el mayor corrupto de Marruecos: el rey dictador, lo que llevará al agravamiento de la crisis social y económica debido al fenómeno de la continuidad de la corrupción financiera y administrativa, el favoritismo y el soborno, que se han convertido en una parte que corroe el cuerpo del país.

 

El fraude y la falsificación no engendran sino fraude y falsificación, y el sufrimiento del pueblo marroquí no terminará con el Gobierno viejo/nuevo.

 

Desde la pretendida independencia han venido muchos gobiernos y se han ido, y nada ha cambiado; sencillamente, la solución es derrocar el régimen monárquico totalitario y dictatorial y establecer una república laica en la que todos rindan cuentas.

 

«المحكومة» es una expresión metafórica utilizada por los republicanos marroquíes para designar al Gobierno, entendido como un aparato controlado por el Palacio Real en Marruecos.

 

 

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